TRANSFERENCIA NEGATIVA

TRANSFERENCIA NEGATIVA

Rómulo Lander [Caracas]

Las vicisitudes de la transferencia oscilan entre una transferencia amigable suave amorosa llamada positiva y una transferencia que rechaza, agresiva llamada negativa. Ya Winnicott en 1947 decía que estos sentimientos de amor y odio existen uno al lado del otro. El niño pequeño siente un apego y un amor por la figura materna que le da alimento y le prodiga cuidados amorosos. Igualmente cuando se siente frustrado y padece del hambre y abandono, es capaz de sentir intensos sentimientos de rabia y odio, hacia el mismo objeto. Precisamente es el mismo objeto, con el cual en otro momento sintió tanto amor.

En la vida posterior, ya como un joven adolescente o adulto, el ser humano va a ser capaz de sentir sentimientos de amor y odio hacia la misma persona. Generalmente existen razones para tener uno u otro sentimiento. En el curso de la Psicoterapia de tipo psicoanalítica y cuando se trabaja con un encuadre bien definido para ambos miembros de la dupla analítica, entonces el paciente va a ser capaz de precisar los sentimientos revividos con el analista en transferencia. Estos son sentimientos involuntarios que provienen de su infancia reprimida. El sufrimiento inicial del paciente y su decisión de buscar ayuda en un terapeuta o un analista que él o ella consideran muy calificado, va a contribuir a que la primera relación sea positiva. Aparece la idea del terapeuta capaz y dispuesto a ayudar. El paciente desarrolla una transferencia de supuesto saber de tipo positiva, tal como ya lo he descrito en otro trabajo dedicado también al estudio de la transferencia.

Transferencia negativa

Ahora bien, dependiendo de la magnitud de las experiencias negativas que el niño ha tenido en la temprana infancia con la figura materna, el paciente puede desarrollar una relación negativa de agresividad y desprecio con el imago de una madre mala proyectada y luego revivida con el terapeuta en transferencia. Esta relación negativa no se debe a algo inadecuado que haya hecho o dicho el terapeuta. Se debe a algo personal que el paciente está reviviendo dentro de sí-mismo y que lo proyecta en el terapeuta y desde allí lo recibe. El terapeuta debe estar capacitado para recibir estos sentimientos de rabia y rechazo, naturalmente infundados que el paciente le expresa en transferencia. El analista o el terapeuta no se identifica con los significantes agresivos expresados por el paciente y por lo tanto no responde con molestia o rechazo a esos sentimientos.

El analista o el terapeuta están en asimetría también llamada alteridad con el paciente. Así los sentimientos negativos o de odio expresados por el paciente, no son tomados como ataques personales. Es un ataque transferencial que tiene su origen en la temprana infancia del analizando y que significa algo para ambos miembros de la dupla. El analista puede tratar de entender el porqué de la presencia de estos sentimientos de rabia y odio. Este entendimiento que logra el analista puede ser trasmitido al paciente en forma de pregunta analítica o directamente como una interpretación.

A veces es necesario esperar por el momento oportuno para hacer este tipo de intervención. La transferencia negativa no es fácil de recibir y puede resultar muy incómoda para el analista. Siempre es más fácil trabajar con la transferencia positiva en donde la escucha y las intervenciones del terapeuta son bien recibidas. Muchos analistas piensan que los mayores progresos en el curso de un análisis se logran cuando se expresa y se analiza la transferencia negativa que aparece con la figura del analista. El analista consciente de este importante aspecto del trabajo analítico puede facilitarlo abriendo un espacio para que el paciente exprese sus sentimientos de rabia y odio transferenciales. Existen analistas que no permiten la expresión de sentimientos negativos transferenciales. Existen otros que tampoco permiten la exploración profunda de la vida sexual del analizando. En estos infortunados casos, el análisis va a resultar incompleto.

Un ejemplo clínico

Me voy a permitir presentar un ejemplo clínico de una muy interesante paciente mía con la cual trabaje bastante tiempo en transferencia negativa. Se trata de una analizanda femenina, blanca, atractiva, soltera, universitaria de 40 años. La paciente expresa repetidas veces un fuerte disgusto conmigo porque siente que soy dominante y autoritario con ella. A lo largo del primer año la transferencia ha oscilado varias veces de positiva a negativa y viceversa. Por temporadas me siente como una figura amable, comprensiva y cariñosa. En repetidas sesiones está muy disgustada porque no la comprendo y quiero dominarla. En esos momentos dice que ‘de nuevo en su vida siente que lo suyo no sirve’. Por lo tanto ‘yo no le sirvo’. Me ve como un hombre que ‘trata de imponerle lo que pienso’. ‘Que yo no la entiendo’. Después de largo tiempo de este tipo de transferencia, le digo en una sesión, que en estas circunstancias se hace para mí muy difícil ayudarla. Cualquier cosa que yo diga será vista por ella desde ese lugar en que ella me ha colocado, como un analista inflexible y autoritario. Mi interés es ayudarla a que ella se conozca en la medida de lo posible. Le digo que me parece importante que ella sepa que ella no está atrapada conmigo, que ella tiene el derecho de buscar a otro analista. Alguien que la entienda y la pueda ayudar. Ella me pregunta ¿si yo estoy atrapado con ella? ¿Puedo yo unilateralmente interrumpir el análisis? Le respondo que yo puedo decidir interrumpir el análisis. En ese caso me permitiría recomendarle otra persona.

Esta analizanda había solicitado análisis porque consideraba que existía algún problema con ella que le impedía sostener relaciones amorosas estables. Ella desea casarse o en todo caso tener una relación de pareja estable con posibilidad de convivencia. Durante el análisis muestra un tipo de relación objetal en la cual ella es muy precisa en lo que el otro debe hacer. Esto se percibe más claro en la forma como el otro, en lo cotidiano, se separa de ella y se reencuentra con ella. Luce como un control del otro, sin embargo no es una estructura obsesiva. Ella hace una lectura extraña del encuentro y desencuentro, donde lo que importa es la prueba de amor. Dice: Si me quiere, no se hubiera ido así, si me quiere, me hubiera llamado, si me quiere, yo estaría primero que eso otro, etc. Lo importante es que esta lectura que ella hace de la relación de objeto, la lleva al reclamo, a la confrontación y al pleito, con el otro amado. Ubicándose ella como víctima y como no querida.

Este problema que dificultaba la estabilidad de sus relaciones e impedía que estas fueran relaciones prolongadas, se instala conmigo en la transferencia. Al comienzo fue una transferencia positiva cálida y suave. Nada problemático. Luego resentía fuertemente si me retrasaba unos minutos o si mi reloj estaba adelantado. O si sonaba el teléfono y lo tomaba la contestadora. Se molestaba por la forma como yo intervenía e interpretaba. Luego esto se transformó en algo más serio y comenzó a percibir en una forma bastante intensa como una imposición cualquier cosa que yo dijera.

En el momento en que este tipo de transferencia hizo máxima intensidad yo me encontraba arrinconado. Cualquier cosa que yo dijera, era para imponérselo. Era visto como un analista autoritario y tiránico. Yo me sentía incómodo e impotente para resolver este problema. Estuve incluso dispuesto a interrumpir el análisis. Pensaba que yo no podía ayudarla y que está situación ya no tenía salida. Pensé en un <impasse analítico>. Le deje saber de su derecho de interrumpir el análisis, se así lo deseaba. Por mi parte yo me rehusaba aceptar interrumpir el análisis. Para mi sorpresa, ella también rehusaba, ser la que interrumpiera el análisis. En el ámbito de la enunciación [de lo latente, de lo implicito] ninguno de los dos estaba dispuesto a interrumpir. Este insight me ayudó mucho y decidí escribir lo que estaba ocurriendo.

En la medida que escribía el historial me di cuenta de cosas que ya conocía, pero que a la vez rehusaba conocer. Es decir un <saber desmentido>. Mientras yo más interpretaba lo que para mí era razonable interpretar, más ella se resistía y me acusaba de autoritario y tiránico. Decidí dejar de interpretar. Me limité a solo hacer una escucha atenta. Ponerme en atención flotante. Intervenir muy brevemente, solo para hacerle saber que estaba allí, despierto y atento. Ella no paraba de hablar. Asuntos importantes y que tantas veces convocaban a mi intervención. Sin embargo yo me mantenía silencioso. No intervenía. Mi incomodidad desapareció. Me di cuenta de que ella no quería oírme. Ella quería que yo la oyera sin parar. Y así fue por varios meses. Ocasionalmente me pedía mi opinión de algún tema que estaba trabajando. Yo le respondía con una interpretación directa y al grano. A veces fuertes. Ella las tomaba bien. Con algunas estaba de acuerdo y con otras no. Pero ella no sentía que yo las imponía. El punto era, que ella había solicitado mi intervención. Eso la ponía en una posición receptiva para oírme lo que fuera que yo dijera.

Ella es la que sabe cuando está en ese momento de capacidad receptiva. Mientras tanto yo solo escucho atentamente. No se trataba de una catarsis o de una fragmentación mental que requiera de un holding. Se trataba de la existencia de un interlocutor calificado, que oyera lo que ella estaba elaborando, sin que ella fuera interrumpida.

Entiendo que en este particular proceso analítico la dificultad aparece cuando se instala una relación transferencial muy especial negativa, que he personalmente llamado <la tiranía del otro fálico> llamado por mí: <Relación de dominio>. Sabemos que toda transferencia se inicia con la instalación de un <sujeto supuesto saber>. Él analizando busca ayuda en alguien, en ese que pueda aliviarle de su angustia y sufrimiento. Este fenómeno le otorga en transferencia un poder al otro. El poder de ayudarlo o ayudarla. Esta es la base de la transferencia positiva en donde la relación inconsciente es a un objeto amado. La transferencia negativa refiere a un vínculo inconsciente con un otro odiado. En transferencia el objeto pasa de ser amado, a ser odiado. Aparece el odio de Transferencia. Este no es el caso con esta paciente. Ella no me odia, ni siente que yo la odio. Por lo tanto creo, que se trata de una transferencia negativa simple. Ella solo me odia, cuando siente que yo la domino o la tiranizo. Este es el problema. Ahora bien, ¿Cómo ocurre eso de que yo la domino? Para mí significa que yo en transferencia tengo el poder de saber, todo sobre ella, de saber, lo que le pasa, de saber, lo que le conviene, de saber, lo que debe y no debe hacer. Ella instala en transferencia ese <objeto de dominio> y lo coloca en mí. Lo instala con un propósito inconsciente. Yo entiendo, que lo hace para poder rebelarse a ese objeto de dominio. Para rebelarse en transferencia. Se rebela conmigo y con la figura imaginaria que está detrás de mí.

Sabemos por la historia de su infancia que la figura materna es poderosa y peligrosa. Ella la ha descrito como una espía. Una espía, que la espiaba, para saber todos sus asuntos privados. Es decir: la madre lo sabe todo. Yo pienso que la paciente instala esa figura en la transferencia para oponerse a ella, para rebelarse a ella, para afirmarse [Bejahum] y obtener en ficción un triunfo transferencial sobre ella. De ninguna manera a ella le interesa interrumpir el análisis. Al contrario le conviene continuar con esta relación de dominio para oponerse una y otra vez. Y así afirmarse una y otra vez. Las interpretaciones de este fenómeno carecen de efectividad porque caen dentro de la figura del dominio. Diga yo lo que diga, la interpretación proviene del otro fálico, es decir del objeto dominante, por lo tanto es adversada y descalificada.

Creo que la estrategia de sostener el semblante transferencial de objeto dominante, pero que guarda silencio, fue una estrategia afortunada y acertada. Para ella, en transferencia yo seguía siendo el objeto tiránico dominador. Pero como yo guardaba silencio, no tenía una razón particular para oponerse, ya que yo no había dicho nada. Con el tiempo la molestia de ambos se fue calmando. Para mí había sido crucial entender de alguna manera lo que estaba pasando. Eso fue lo que produjo un cambio en mi posición analítica y me permitió colocarme solamente en atención flotante, sin identificarme con el semblante, el objeto transferencial. Por esta vía logré mantener la asimetría con mi analizanda. Ella logró revivir en transferencia un aspecto escindido y reprimido de la relación con la figura de su madre. Su odio a ella y su deseo de batallarla y de oponerse. Esa batalla se llevaba a cabo en la transferencia y basada en la parte que proyectaba en su analista.

Odio de transferencia

Una cosa es la transferencia negativa: algo trabajable y algo moderado. Otra cosa es el odio de transferencia. Este último refiere a inevitables e intensos sentimientos de odio que se sienten y se expresan al terapeuta. Este odio de transferencia aparece con frecuencia en pacientes narcisistas limítrofes [borderline] o a veces en estructuras psicóticas compensadas o descompensadas que no pueden evitar establecer un importante vínculo con el otro, que se fundamenta en el odio, para posteriormente aparecer algo de amor.

En estos casos, es el odio, lo que permite al sujeto acercarse y percibir las relación con el otro. Sin odio no hay vínculo con el objeto. Son personas muy disturbadas que muestran muchas dificultades para la vida familiar y social ya que sus vínculos se fundamentan en la relación de odio al otro. A veces el odio al otro tiene la función de organizar la mente fragmentada del sujeto. Por lo tanto ese odio, es la cura, para su fragmentación mental.

Otto Kernberg [1984] observó que este tipo de pacientes son parte de un grupo más grande propensos a <reacciones terapéuticas negativas>. Estos pacientes a menudo se identifican con un objeto interno sádico y cruel que sólo puede dar cierta apariencia de amor, si va acompañado por el odio y el sufrimiento. En otras palabras, el apego amoroso al objeto, siempre debe ser a expensas del odio.

El Odio de transferencia amenaza la propia estima del analista. Mucho más fuerte en sus efectos que la amenaza implícita en el amor de transferencia. El intenso odio del paciente a veces se recibe como un ataque directo a la persona del analista o al dispositivo analítico. Es posible que el analista desarrolle un <odio de contratransferencia> que a veces puede llegar a ser intenso. Es importante y necesario que cuando esto ocurre el analista se dé cuenta de este fenómeno y decida referir al paciente. El peligro radica en que el analista puede llegar a negar sus sentimientos de odio hacia el paciente. Los racionaliza o los somatiza, ambas cosas negativas que pueden dañar o afectar la salud mental y física del analista.

 

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