SEIS PREOCUPACIONES DE UN ANALISTA ACTUAL

SEIS PREOCUPACIONES DE UN ANALISTA ACTUAL

Rómulo Lander [Caracas, 2008]

1 La frecuencia semanal de las sesiones:

Para nosotros los analistas formados en los años sesenta y setenta del siglo 20, la frecuencia usual y ordinaria de sesiones era de cinco sesiones por semana, preferible a la misma hora cada día y con una duración de cincuenta minutos. Esa frecuencia resultaba cómoda, útil y ciertamente facilitaba el desarrollo del proceso analítico. Las cinco sesiones semanales en diván permitían un ritmo diario de trabajo analítico que favorecía la asociación libre y la regresión dentro de la sesión. Nosotros como candidatos podíamos en esa época pagar con nuestro trabajo, tranquilamente los honorarios profesionales de nuestro analista, sin que eso representara motivo de preocupación. En ese entonces no existían las crisis económicas mundiales. No existía la globalización, ni existía la Internet. Tampoco existía la crisis del psicoanálisis, en donde las compañías de seguros dejaron de pagar esos tratamientos ambulatorios. Esos eran años donde no había esas turbulencias económicas que afectan hoy en día a todo el globo. Ahora los tiempos han cambiado y la práctica del psicoanálisis ya no es la misma. Las características de la oferta psicoanalítica y las variaciones en la práctica han ido apareciendo de acuerdo a las nuevas teorías y las nuevas realidades económicas y sociales. El progreso de la tecnología permite que aparezca hoy en día, de forma rutinaria, los análisis condensados, análisis por teléfono y por Skype. Estas nuevas tecnologías abren la posibilidad del dialogo analítico a distancia. Se pueden usar aún dentro de una misma mega-ciudad debido al grave factor tráfico. Por esta misma razón del tráfico, existen analizandos que mantienen sus cuatro sesiones, con dos visitas semanales al analista, haciendo dos sesiones pegadas en cada visita. La observación cuidadosa nos dice que lentamente han cambiado muchas cosas. Me refiero no solo a la necesidad y capacidad de actualizarnos que nos lleva a ciertos cambios en la técnica. También a aceptar que existen ciertos cambios en el tipo de pacientes que acuden a nuestros consultorios. Por ejemplo: vemos muchos analizandos con serios problemas de déficit originario, es decir con carencias afectivas tempranas. Estos son analizandos que muestran patologías narcisistas serias, patologías del vacío, núcleos autistas [1], patologías de la soledad, que se manifiestan en diversas formas clínicas. También hemos observado que la situación social y económica seriamente desmejorada de los analistas y de los candidatos ha producido efectos en el interés por la formación psicoanalítica y esto tiene incidencia en el número de candidatos que acuden a los Institutos de formación en diversos países. El problema del desempleo, las limitaciones económicas creadas por la estagflación: inflación con disminución de ingresos, han comenzado a hacerse cada vez más generalizadas. Todos estos elementos son del orden de Lo Real [2]. Estos elementos hacen su efecto en el momento de decidir la frecuencia semanal de sesiones y también el uso regular del diván.

No hay duda que el trabajo en alta frecuencia, de cinco sesiones semanales en diván va a facilitar el trabajo analítico para ambos miembros de la dupla. Pero ocurre que por razones económicas esa oferta es simplemente imposible de implementarla. Ni siquiera para los análisis didácticos porque los candidatos no tienen como pagarlo, aún con tarifas especiales reducidas. Así vimos que poco a poco, se fueron reduciendo las cinco sesiones, a cuatro sesiones semanales. Años después se redujo la frecuencia de los análisis didácticos a tres sesiones semanales. Lo cual fue necesariamente aceptado para muchos Institutos de Psicoanálisis. De tres sesiones en adelante lo llamamos: alta frecuencia. Ocurre que en la práctica privada donde no intervienen los requerimientos del Instituto de Psicoanalisis, se ofrece y se realizan análisis de una y dos sesiones semanales, con éxito. Los analistas han aprendido a trabajar con analizandos en baja frecuencia. Según mi experiencia y observación estos analizandos de baja frecuencia son los más numerosos. Encuentro que en estos análisis, la transferencia se despliega igual, la posibilidad de trabajarla sigue igual, pero en mi opinión, la reducción de la frecuencia semanal, enlentece el proceso analítico y además pone un límite en la posibilidad de hacer regresión intrasesión, tan necesaria en el acceso al material inconsciente y en la apertura a la posibilidad de cambio psíquico. El drama es el siguiente: o el analista acepta trabajar en baja frecuencia, con las limitaciones que esto implica, o el paciente no puede ser atendido.

Antes de terminar este punto tengo que agregar algo más: He observado que algunos candidatos se sienten incómodos con el trabajo analítico de alta frecuencia [cinco veces por semana]. Tal parece que el analista sufre de un síntoma fóbico a la alta frecuencia. Cuando presento casos míos, en que por una justificada razón clínica, atiendo al analizando dos veces diarias, algunos candidatos se sorprenden y pasan a cuestionar esa práctica. Esto me hace pensar que existe para ellos una razón desconocida [una resistencia] que les obstaculiza el uso de la alta frecuencia. Prefieren pasar a medicar. Sugiero la presencia de un fenómeno de evitación fóbica. En lo personal encuentro posible trabajar con éxito en baja frecuencia, pero también encuentro posible trabajar con éxito, en alta o altísima frecuencia.

2  En relación al trabajo de la transferencia

Otro aspecto de la práctica que ha cambiado refiere al tipo de trabajo que se hace con la transferencia. Hace cincuenta años era muy común el trabajo automático transferencial del aquí-ahora-conmigo que alguna o muchas veces, no correspondían con las asociaciones del analizando. En esos muchos de casos no se ameritaba una interpretación transferencial. Este tipo de interpretación transferencial automática crea un peligro. El peligro consiste en deslizar a una banalización del trabajo de la transferencia. Afortunadamente eso ha cambiado. Ahora se hace un trabajo selectivo y más preciso de ‘cuando y como’ hacer la interpretación transferencial. No es automática. Poco a poco apareció la diferencia clara que existe entre: interpretar la transferencia e interpretar desde la transferencia. Soy de los que piensan que la interpretación de la transferencia es un poderoso instrumento de trabajo. Es poderoso porque refiere y moviliza elementos inconscientes pre-verbales del analizando. Son elementos presentes y evidenciados en la relación de transferencia. Al señalar estos elementos se produce un torbellino emocional [los afectos] en el analizando. Esta movilización es muy efectiva para abrir el camino al cambio psíquico.

Quisiera añadir un elemento más: la relación del analista con su analizando tiene dos aspectos. Uno, el comúnmente llamado contratransferencial que es una respuesta a la transferencia del analizando. El otro, refiere a la propia transferencia del analista, que refiere a sus elementos infantiles reprimidos, movilizados por los significantes ofrecidos en la asociación libre por el analizando.

3 En relación a la interpretación

La interpretación sigue siendo la herramienta más importante del analista. Sin embargo la forma de interpretar ha cambiado en manera significativa. Hace cincuenta años el analista le revelaba al analizando a través de la interpretación lo que lo que el analista pensaba estaba reprimido en la cadena significante evidenciada en la asociación libre o en la conducta del analizando. Hoy en día eso se hace mucho menos. Se usa más la pregunta analítica que bien planteada le permite al analizando descubrir por sí mismo los elementos reprimidos. Este método es más efectivo y eficaz. Produce mayores efectos en la mente del analizando.

4 Lugar y posición del analista

La posibilidad de diferenciar claramente el ‘lugar de la escucha’ y la ‘posición del hablar’ del analista ha permitido definir las características analíticas de cada uno de esos dos sitios. Por un lado, la escucha del analista es privilegiada: es confidencial, está libre de juicio de valor y es una escucha sin memoria. Esto va a permitir que aparezca la atención flotante y la neutralidad en la mente del analista. Por el otro lado, cuando el analista decide ‘hablar’ lo hará para interrogar el inconsciente del analizando. Lo hará para que sea el analizando el que descubra su verdad reprimida y así el analista logra que el analizando encuentre su verdad perdida sin que se obture la necesaria búsqueda interminable. Es necesario que la búsqueda se relance a nuevos significantes reprimidos y así sucesivamente. Por esta vía aparece la abstinencia del analista que se expresa en la ausencia del deseo del analista.

5  En relación a los honorarios profesionales

El trabajo de análisis genera honorarios profesionales y constituye uno de los tres elementos de Lo Real [3] en la sesión. Debo aclarar que la lógica del dinero es algo diferente a la lógica de los honorarios. Pasemos directamente a lo segundo. El analizando tiene que pagar algo por su análisis. Si no lo hace, el análisis ‘no continúa’ en el eje del tiempo. El análisis se va a  se va a detener. Se detiene porque surge una resistencia insalvable originada en los sentimientos inconscientes de culpabilidad del analizando. Sentimientos que surgen cuando su analista, mes tras mes, lo atiende de gratis. Por eso es necesario pagar algo por el análisis. El derecho al trabajo de análisis se adquiere a través del pago de honorarios. Ahora me propongo plantear la forma cómo han evolucionado las realidades del cobro de honorarios:

Encuentro que la terrible explosión demográfica con su preocupante exceso de población ha hecho efectos dañinos en el tejido social y en la realidad económica de las naciones del mundo, incluyendo las latinoamericanas. Este fenómeno poblacional tiene su repercusión en la práctica del psicoanálisis. Sea cual sea el honorario a cobrar, la práctica del psicoanálisis debe permitir al analista disfrutar de una vida económicamente estable, digna y respetable. Admitimos que nadie se va a hacer rico con esta práctica, pero es lógico que el dinero producido honrada y dignamente, le permita al analista pagar los gastos de vida, para sí mismo y para su familia.

Desde hace bastante tiempo ya no es posible cobrar honorarios estándar. Me refiero a un monto de honorarios que sea igual para todos. La realidad es que los honorarios profesionales ahora hay que adaptarlos a cada caso en particular. Para lograr eso es necesario establecer una diferencia clara entre el valor de la sesión y el costo de la sesión. El ‘valor teórico’ de la sesión resulta ser una cifra determinada por el costo de la vida, en una ciudad, en un momento dado de la historia. Determinar ese ‘justo valor’ que a la vez es arbitrario, no es tarea fácil. A su vez el costo de la sesión refiere al monto que el analizando ‘puede pagar’ en un momento dado. Ese monto se define en un dialogo entre el analista y su analizando, quienes pueden o no, llegar a un acuerdo. Determinar el justo ‘valor teórico’ de la sesión es tarea importante y muy difícil. Muchos se guían por lo que otros colegas cobran. Otros lo fijan dependiendo del costo de ciertos bienes y servicios en la ciudad en la cual van a practicar el análisis. He observado que determinar individualmente el ‘valor justo’ de la sesión para cada analista le va a plantear varios problemas controversiales:

Para muchos candidatos: el valor de su sesión va a estar determinado por lo que cobra el analista didacta y el supervisor oficial. Generalmente los candidatos reciben tarifas especiales reducidas y esa tarifa reducida será el patrón de referencia que el candidato va a usar en su práctica. Es decir va a ignorar el valor justo de su sesión y trabajará innecesariamente con honorarios reducidos.

El problema del género: Es frecuente observar que la mitad de las analistas mujeres están subvencionadas por los ingresos de sus esposos. Así vemos como pueden cobrar honorarios muy reducidos, sin preocuparse del monto mensual necesario para mantener la familia. Me pregunto si este factor incide en el predominio actual de mujeres que aspiran a la formación. Hace cincuenta años, dos de cada diez candidatos eran mujeres. Hoy en día, dos de cada diez candidatos son hombres.

El asunto de la jerarquía analítica: Algunos analistas piensan que la experiencia y la antigüedad profesional tienen un efecto en el momento de determinar el justo valor de la sesión. En este punto la discusión es amplia y se presentan diversos puntos de vista. Algunos opinan que la sesión tiene un justo valor independiente de la experticia del analista. Pero ocurre que los analistas más experimentados tienen un prestigio que facilita tener analizandos con una mejor posición económica. En esos casos el valor justo es igual al del costo de la sesión.

El pago a través de terceros: La figura del tercero está representada por el pago recibido de las compañías de seguros. En Latinoamérica estos seguros son casi inexistentes. Igual ocurre con el Ministerio de Salud [el estado] quien no paga por este tipo de servicios. La figura del tercero aparece en los análisis de niños y adolescentes, donde son los padres lo que pagan el análisis. Este fenómeno crea a veces ‘crisis éticas’ con serias dificultades para continuar el análisis, cuando los padres están en desacuerdo con la evolución del caso.

El pago por vía de trueque: Pocos analistas aceptan el pago de honorarios por vía de trueque o al menos se habla muy poco de eso. El trueque ocurre cuando se establece un contrato de trabajo en el cual el pago de honorarios profesionales se hace con el producto del trabajo del analizando. Esto ocurre con artistas plásticos que pagan su análisis con obras de arte de su autoría. O traductores que pagan, con traducciones de textos, escritos por el analista. Algunos plantean las posibles interferencias transferenciales y contratransferenciales que podrían aparecer como consecuencia del pago por adelantado, cuando el valor de la obra entregada en pago, excede el monto de la deuda. Los casos que conozco han evolucionado satisfactoriamente a lo largo de los años. La verdad es que estos artistas no tenían otra opción que no fuera pagar los honorarios con obras de arte.

El asunto del recibo: Hace cincuenta años los analistas no solían entregar recibos por honorarios recibidos y así lo advertían en el momento de establecer el contrato de trabajo. Hoy en día las cosas han cambiado. Los analizandos esperan recibir su recibo por honorarios cancelados y los analistas de hoy en día entregan este recibo cumpliendo con la ley fiscal para cada país.

6 En relación al uso de psicofármacos

El desarrollo reciente de las neurociencias y por ende de la psicofarmacología es algo que ha ocurrido en forma rápida en los últimos veinte años. Hace cincuenta años atrás los psicofármacos eran muy limitados en su número, eficacia y selectividad. Los analistas médicos de esa época, no utilizaban los psicofármacos y referían a los psiquiatras, aquellos pocos pacientes que se mostraban agitados y violentos, no manejables. Hoy en día las cosas son muy diferentes. Ahora existe abundante oferta de psicofármacos que ofrecen calmar la angustia, los populares ataques de pánico, la depresión, las fobias, la agitación paranoica, las obsesiones, los delirios y la agitación maniaca. Son psicofármacos muy selectivos, poderosos en su efecto y de fácil acceso. Solo basta comprarlos y tomarlos. Su efecto de mejoría sintomática es visible y rápido. Ahora bien, todo esto significa, que en los años actuales, estamos en la era de los avances en las neurociencias y psicofármacos.

Pero hay algo que los psicofármacos no pueden ofrecer al sujeto: el conocimiento de sí mismo. Para acceder a ese conocimiento se requiere de una motivación y de un dialogo analítico muy especial. Se requiere del dialogo con el analista. Este es un dialogo sincero, confidencial, que transcurre sin juicio de valor y que tiene un propósito: que el sujeto se conozca más a sí mismo. En la época actual de constantes descubrimientos en la nanotecnología existen nuevos instrumentos ultrasensibles de medición, que ha hecho posible la medición en sangre de los distintos neurotransmisores [4]. Esto es algo reciente que no era posible de medirse hace diez años.

Desgraciadamente estos descubrimientos de las neurociencias han impulsado la aparición de un nuevo paradigma psiquiátrico biológico. Este nuevo paradigma se basa en una premisa que considero equivocada, la cual dice: La salud mental se fundamenta en el equilibrio de los neurotransmisores. Así pues la alteración de los neurotransmisores significa la alteración de la salud mental del individuo. Para complicar más las cosas y aumentar la negación de la existencia del sujeto del inconsciente, debo decir que este nuevo paradigma psiquiátrico considera, que para llegar a un diagnostico correcto se requiere de dos cosas: Primero un cuidadoso estudio de los síntomas psiquiátricos. Y segundo conocer los valores sanguíneos de los diversos neurotransmisores. Una vez se ha obtenido el diagnostico psiquiátrico fenomenológico se procede a un tratamiento especifico farmacológico que tiene el propósito de restablecer el equilibrio perdido de los neurotransmisores. En este nuevo paradigma psiquiátrico biológico, la historia personal y sobre todo la historia de infancia del sujeto, no tienen ninguna importancia. El dialogo sincero y en confidencia con el paciente han perdido para la psiquiatría biológica toda significación. Para el nuevo paradigma, lo único que interesa, es restaurar el equilibrio de los neurotransmisores utilizando la combinatoria acertada de algunos psicofármacos.

Pero resulta ser que la causa del desbalance en los neurotransmisores es: (a) el trauma Psíquico (b) el conflicto psíquico y (c) las carencias afectivas de infancia. O sea, aquí planteo que los neurotransmisores alterados no son la causa de los problemas, sino su consecuencia. Insisto, en que, para lograr mantener esta estabilidad mental neurobiológica, se requiere de conocerse más a sí mismo. El sujeto debe conocer y comprender la naturaleza de su trauma, de su conflicto y de sus carencias, conocer la naturaleza de su ser y en lo posible aceptarse tal como és. Esos traumas, conflictos y carencias, son la verdadera causa de la alteración de los neurotransmisores. Este conocimiento de sí mismo es algo que los psicofármacos solos y por si mismos no pueden ofrecer.

Esto es una realidad que nos lleva a la aparición de un nuevo problema que no existía antes: nos lleva a la aparición de una contradicción en la práctica clínica psicoanalítica. Me refiero a la posibilidad de trabajar en análisis [con analizandos] que simultáneamente y sin necesidad se están medicando. Este es específicamente el punto en discusión y el motivo de estas reflexiones.

  • Uso de psicofármacos simultáneo con el análisis

Para algunos analistas medicar y a la vez psicoanalizar es algo que no tiene sentido. Es algo no recomendable. Esto no es un capricho ya que tiene una buena razón. El análisis busca con la escucha analítica y el dialogo analítico, ayudar al sujeto, a encontrar el conocimiento perdido de sí mismo. Es decir conocer algo de sus traumas, conflictos y carencias. Estos son aspectos de si mismo que se ubican fuera de consciencia, un algo perdido en el inconsciente del sujeto. El analizando está interesado en saber más de sí mismo, de la naturaleza de su deseo, de sus temores, de sus contradicciones. Estos son asuntos que le van a ayudar a resolver su angustia y aceptar algunos aspectos de sí mismo que le son inmodificables. Por introspección al revisar su historia de infancia va a ser posible actualizar sus valores personales y sus ideales.

Por su parte el psicofármaco mejora al sujeto porque entierra [reprime] aún más profundamente las ideas y sus afectos, provocando una ‘normalización artificial’ de los neurotransmisores. Estos neurotransmisores volverán a alterarse tan pronto suspenda la medicación. De allí que en algunos casos le recomiendan que tome el medicamento de por vida. Con este procedimiento ‘no se está resolviendo’ la causa del problema, sino se está ofreciendo una ayuda paliativa, un alivio transitorio. Si un procedimiento como la terapia analítica, ofrece buscar y rescatar lo reprimido, conocer y darle significación a la infancia olvidada, y el procedimiento de los psicofármacos producen una mayor represión y olvido de los problemas de infancia, entonces podemos pensar, que ambos procedimientos tienen intereses contrarios.

Otros analistas piensan que esto no es así. Sostienen que la mejoría artificial producida por el medicamento va a facilitar el trabajo del análisis. Sostienen que el medicamento y el análisis serían complementarios. Este es el debate que agita las aguas de los tiempos actuales.

  • Cuando los psicofármacos son una ayuda

El paradigma psicoanalítico se fundamenta en el estudio de los mecanismos mentales que estén presentes en el sujeto en un momento dado de su vida. No se fundamenta en el estudio de los síntomas, ni en la nominación diagnóstica arbitraria de cada época. La cura analítica aparece cuando el sujeto, a través del dialogo analítico, se conoce de sí mismo y se acepta tal cual és.

Por lo tanto los códigos de diagnostico tales como el ICD [International Code of Diseases] y el DSM [Diagnostic Stadistical Manual] [5] son códigos establecidos y sostenidos en análisis estadísticos de los síntomas reportados en las historias medicas [6] [7].  Por eso digo que carecen de valor psicoanalítico. Las enfermedades mentales arbitrariamente nominadas en esos códigos, no se basan en el estudio de los mecanismos mentales, ni en la forma cómo funciona la mente de los seres humanos. Esos códigos se fundamentan en los síntomas observados. Aquí es necesario establecer las diferencias que existe entre los conceptos de cerebro y mente. El cerebro es un órgano biológico susceptible de ser evaluado según los códigos de diagnostico. La mente aún cuando tiene su asiento en el cerebro, es un aparato virtual, llamado por nosotros los psicoanalistas ‘aparato mental’ y no es susceptible de ser evaluado según los códigos de diagnostico mencionados.

Si el paradigma psiquiátrico se propone curar enfermos mentales en base a enfermedades inventadas por los códigos especializados en enfermedades orgánicas, entonces ya desde el principio, estamos en problemas con el concepto básico utilizado en dichos códigos. Digo esto porque a estos supuestos enfermos mentales les van a recetar ciertos medicamentos para normalizar los neurotransmisores. Además de basarse en un concepto equivocado, estos psicofármacos pueden producir serios efectos secundarios muy dañinos. Esto significa que para recetar un psicofármaco deben existir razones muy claras y poderosas.

La mente humana es muy compleja y ciertamente es capaz de producir conductas violentas y peligrosas que no son accesibles a un dialogo psicoanalítico. Entonces si no son accesibles al dialogo, me pregunto: ¿qué se puede ofrecer a esas personas agitadas, paranoicas, violentas o estuporosas? Aquí es donde el valor de los psicofármacos modernos adquiere toda su justificación. La agitación maniaca, la violencia paranoica delirante, el estupor depresivo, el insomnio grave, rebelde, no son accesibles al dialogo. No hay como entrar en una relación subjetiva, simbólica. En esos casos los mecanismos mentales que han desatado esa angustia primitiva incontrolable, presentes en esos sujetos, sobrepasan la capacidad de relación humana y tienen que ser atenuados con el uso de psicofármacos que van artificialmente a regular los neurotransmisores y a mejorar la conducta. Eso abre posteriormente la posibilidad de la ayuda por el dialogo. Una vez establecido la capacidad de relación y se abre el dialogo, entonces progresivamente, se pueden ir retirando los reguladores artificiales: los psicofármacos.

Pero el problema no queda aquí. Muchas personas no tienen capacidad de introspección, otras no tienen el interés, ni la motivación de establecer un dialogo psicoanalítico. Otros están convencidos proyectivamente [con certeza delirante] de que el problema de su vida, está en la familia y en la sociedad. Afirman no ser comprendidos o comprendidas. Es decir proyectan en otros sus dificultades propias. Por lo tanto no tienen motivación para hablar con sinceridad de sí mismos. Pero igual estas personas padecen de serios problemas con su diario vivir. Algunos están abiertos a la ayuda pasiva, sin que eso signifique ningún esfuerzo de su parte. Aquí la ayuda pasiva psicofarmacológica adquiere gran valor.

Hoy en día los psicofármacos son una gran ayuda para esa enorme masa humana necesitada de alivio. El llamado mío de alerta consiste en no engañarse y creer que la ayuda psicofarmacológica va a resolver los problemas de todas estas personas. Eso no es posible. Esas personas necesitan algo más. Necesitan saber más de sí mismos, por la vía que sea. A veces la desesperación los lleva a buscar la ayuda esotérica, mágica y religiosa. De esos recursos esotéricos estamos saturados hoy en día. El ‘exceso de población’ y las ‘penurias económicas’ mundiales aumentan aún más la miseria y las necesidades de la gente que lo llevan a buscar una ayuda religiosa o esotérica.

Bibliografía

BLITZEN, N. and FLEMING, J. [1953]: Qué és la supervisión psicoanalítica.

Bulletin de la Meninger Clinic Vol.17:117-129

FERENCZI, S. and RANK, O [1924]: La supervisión Psicoanalítica.

IJPA Vol. 4, 1924

GREENACRE, P. [1961]: A Critical Digest of the Literature on Selection of Candidates for

Psychoanalytic Training. Psychoanalytic Quarterly: Vol. 30: 28-55

LANDER, R.: [2004]: Los tres órdenes y la proposición borromea

Experiencia subjetiva y lógica del otro. Capítulo 12: Editorial Psicoanalítica,

Caracas 2004

LANDER, R.: [2004]: Grafo de la transferencia

Experiencia subjetiva y lógica del otro. Capítulo 46: Editorial Psicoanalítica,

Caracas 2004

LANDER, R.: [2011]: Transferencia de trabajo y mística en la institución.

Artículo inédito. Puede solicitarlo al [rlander39@gmail.com]

LANDER, R.: [2011]: Los analistas didactas en el mundo

Revista electrónica: International Psychoanalysis IPA Web page.

Disponible en español por solicitud a su autor rlander39@gmail.com]

NEUROTRANSMISORES [2012]: http://www.uprm.edu/biology/profs/velez/neurotrans.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Neurotransmisor

STOP DSM [2012]:

http://www.medscape.com/welcome/news

http://internationalpsychoanalysis.net/2012/12/11/the-dsms-controversial-update/

http://www.thedailybeast.com/newsweek/2012/12/09/the-dsm-s-controversial-update.html

WEISS, S. and FLEMING, J. [1979]: The Teaching and Learning of the Selection Process.

Annual of Psychoanalysis: vol.7: pages 87-109.

ZASLAVSKY, J., NUNES, M. L. and EIZIRIK, C. [2005]:

Approaching counter transference in Psychoanalytical supervision: a qualitative

investigation. International Journal of Psychoanalysis. IJPA vol. 86: 1099-1131

[1] Propuesta de Esther Bick [Londres].

[2] Me refiero al concepto lacaniano de Lo Real: aquello que no conocemos y que no está atravesado por el significante. Aquello que nos sorprende. Una vez que Lo Real se hace presente y nos toca, entonces se convierte en La Realidad. Sugerencia: ‘Experiencia subjetiva y lógica del otro’ de Rómulo Lander, especialmente el capitulo 12: ‘Los tres órdenes y la proposición borromea’.

[3] Los tres elementos de Lo Real presente en la sesión son: (a) El dinero que se paga [variable, que se ajusta y puede ser cambiado reajustado de forma inesperada, algo que sorprende]. (b) La duración de la sesión [cuando esta es variable, es también algo inesperado]. (c) La abstinencia del analista [que puede ser respetada o no por el analista y por lo tanto su acto será inesperada, algo que sorprende]. Obra previa citada. Capitulo 46: Grafo de la transferencia.

[4] Un neurotransmisor es una bio-molécula que transmite información de una neurona a otra neurona consecutiva. Ambas neuronas están unidas mediante una sinapsis. El neurotransmisor se libera en las vesículas ubicadas en la extremidad de la neurona pre-sináptica durante la propagación del impulso nervioso. Atraviesa el espacio sináptico y actúa cambiando el potencial de acción en la neurona siguiente post-sináptica. Los principales neurotransmisores son: acetilcolina, dopamina, noradrenalina, serotonina, GABA, glicina y el glucamato.

http://www.uprm.edu/biology/profs/velez/neurotrans.htm

[5] Campaña Internacional ‘STOP DSM’: Este es un manifiesto a favor de un ‘abordaje subjetivo’ del sufrimiento psíquico en niños y adolescentes, diferente al concepto utilizado en el DSM. Este manifiesto lo firman multitud de profesionales de diversas naciones e instituciones.  Sugiero leer: Medscape Medical News: Experts react to DSM-5 approval [Deborah Brauser, Dec. 03, 2012]   http://www.medscape.com/welcome/news.

[6] Escrito el 10 de Diciembre del 2012 en la revista PSYCHOLOGY TODAY: Allen Frances, presidente del Comité que redactó el DSM-4 escribió que la aprobación de DMS-5: fue un acto terrible, porque incluía ‘cambios en el diagnostico que son claramente peligrosos y carecen de base científica’. Él y otros lamentaron lo que consideran una patologización de los seres humanos, argumentando que el DSM había excedido su mandato.

http://www.thedailybeast.com/newsweek/2012/12/09/the-dsm-s-controversial-update.html

[7] Robert Spitzer quien fuera el principal editor de DSM-3, habló sobre un problema diferente y dijo: desde que salió publicada el DSM-5 lo percibió como ‘algo delirante’. Al enterarse de que el ‘politburó de expertos’ encargado de las principales deliberaciones, habían firmado un compromiso de ‘no opinar en contra’ del DSM-5, ni a los colegas, ni al público, ni a la prensa, eso lo alarmó aún más. A ambos ex-editores se unió a una larga lista de profesionales que han firmado peticiones contra la aprobación del DSM-5. Todos estaban preocupados porque los autores del DSM-5 fueron excesivamente complacientes con la industria farmacéutica. Dicen: la industria farmacéutica no descansará hasta que cada hombre, mujer y niño tenga su diagnostico que requiera de una píldora para ponerles remedio.

The DSM’s Controversial Update

 

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