SECRETO PROFESIONAL

SECRETO PROFESIONAL

Rómulo Lander [Caracas]

¿Por qué un analista inteligente y capaz que ha sido entrenado adecuadamente, rompe la oferta de confidencialidad que sinceramente ha ofrecido al analizando? ¿Por qué algunos analistas hablan indiscretamente de sus analizandos, en un ámbito social, aún cuando no mencionen sus nombres? Creo que este tema de la ruptura voluntaria del secreto profesional, es de enorme interés para nuestra comunidad analítica.

El acto analítico requiere de la capacidad del analista de ocupar su lugar analítico, que és el de una escucha privilegiada, sin ejercer un juicio de valor y de ocupar la posición analítica, de intervenir aceptando que el analista no posee la verdad-toda. La libre asociación tan importante en nuestro trabajo se sostiene y se puede desarrollar, bajo la premisa de que todo lo que diga el analizando es confidencial (Freud, S. 1915, 1939). Entonces, si la confidencialidad ofrecida por el analista es tan importante ¿Qué puede llevar a un analista bien entrenado a romper la confidencia? Para aproximarnos a este complejo problema, propongo examinar un grupo de fenómenos que podrían afectar al analista y que lo llevarían, entre otras cosas, a la ruptura de la confidencialidad analítica. Me refiero a la presencia de la angustia, la soledad, las deficiencias narcisistas y el síntoma del analista.

1 La angustia del Analista

Aparte de sus propias angustias y dificultades personales, el analista está sometido a los efectos de la cadena significante provenientes del material que sus analizantes producen cada día. Si el analista, es de los que trabaja rutinariamente identificándose con el material que escucha, entonces esta identificación tendrá sus efectos. Cuando el analista se identifica permanentemente con el material producido por sus analizandos, lo hace porque es la única forma de entender ese material y por esta vía producir su intervención analítica. Este analista se encuentra en lo que llamamos simetría con su analizando. Esta simetría le va a producir un incremento en el montante de angustia. Cuando esta identificación ocurre, inevitablemente se activa el sistema de ideales del analista. Aparece un juicio de valor, que determina lo bueno y lo malo de lo que ha introyectado y por esta vía aparece la angustia. Creo que en todo proceso analítico ocurren momentos de simetría y asimetría. Es algo inevitable, pero el analista, que se reconoce en simetría con su analizando, busca rescatarse de ese lugar. La forma útil y provechosa de rescatarse es llevar el material clínico a Laboratorios de Psicoanálisis, grupos de supervisión o supervisión con un colega, todo esto realizado dentro de un compromiso profesional de confidencia y secrecía.

2 La dialéctica de la simetría y asimetría en la dupla analítica

Existe simetría en la dupla analítica, cuando el analista está identificado con el material que el paciente produce en cada sesión (Lacan, 1962). Trabajar en simetría o asimetría no es un acto voluntario, no es una escogencia del analista. Sabemos que es recomendable trabajar en asimetría, pero para lograrlo el analista debe capacitarse para ello. Esto lo logra a través de su análisis personal. Por lo tanto la profundidad lograda en el análisis de futuro analista es muy importante. Es lo que determinará el límite de su acto. Cuando trabaja con dramas humanos que ya ha conocido en sí mismo, el analista puede trabajar en asimetría. En el caso contrario, va a caer inevitablemente en simetría. De esta simetría puede rescatarse al hablar en confidencia, supervisar con un colega, es decir un interlocutor calificado. El analista en formación debe tener la oportunidad de explorar los aspectos más oscuros reprimidos de su vida sexual y destructiva. No hay duda de que por esta vía va a ampliar sus capacidades como analista.

Existe asimetría cuando el analista no se identifica con el analizante, está en atención flotante, escucha sin prejuicio el material emergente, mantiene la discriminación sujeto/objeto, mantiene el <yo no soy tú> y desde allí puede intervenir desde donde no se le espera.

No hay identificación con lo que el analizando dice, por lo tanto el monto de angustia es mucho menor. Las sesiones en que el analista está en asimetría le permiten borrar de su mente, todo lo que ha ocurrido cuando la sesión termina. Queda así preparado para recibir al siguiente analizando con una mente tranquila. Es oportuno citar aquí el Bloc maravilloso de Freud. Este Bloc como metáfora, lo he utilizado con frecuencia para describir esa capacidad analítica. Muchas veces podemos hacer esto y se borra automáticamente la sesión de nuestra mente. Otras veces no ocurre así. Según sea el caso que nos toca atender, perdemos la asimetría y al terminar la sesión quedan muchos efectos en nuestra mente y no es posible borrarla.

3 El Bloc maravilloso de Freud

Freud escribió en 1925, una breve reseña donde nos describe un nuevo juguete de escritura que apareció en Viena para el disfrute de los niños, llamado el Bloc maravilloso. En este Bloc lo escrito se borraba al separar la hoja superior de celofán de la hoja inferior de cera. Freud utiliza este modelo para ejemplificar su teoría de la percepción y la memoria permanente y no/permanente. Este modelo del Bloc maravilloso también nos sirve para ilustrar en metáfora, la capacidad del analista de percibir claramente, escribir en esa hoja especial del Bloc el material producido por el analizando y luego al final de la hora, levantar la hoja de celofán y borrar de nuestra conciencia lo escuchado durante esa hora analítica. Solo cuando el analista está en identificación con el analizando <en simetría> es cuando no se puede borrar lo escuchado. Ese material continuará habitando insistentemente la mente del analista e incluso puede hacer presencia en su vida cotidiana y en sus sueños.

4 El alivio de la angustia del analista

El peso de soportar diariamente el amor y el odio de transferencia, hora tras hora en la soledad del acto analítico, se hace más difícil si se trabaja en simetría. Cuando caemos, por razones personales involuntarias en simetría, la angustia o la tensión psíquica que va a aparecer en el analista lo va a empujar a buscar un confidente. Es decir, hablar con un otro lo que le está ocurriendo con algún analizando. Este desahogo [catarsis] va a ofrecer al analista la oportunidad de aliviar su tensión psíquica y su angustia. Generalmente este otro disponible son personas cercanas: el cónyuge o un amigo. Esta práctica es inaceptable, porque si el que escucha, también se identifica con lo escuchado, entonces lo que ocurre es que la angustia pasa de uno a otro. El que escucha tendrá que hacer algo con esa tensión psíquica y la cadena continúa. Además de que se ha roto el secreto profesional. Si el analista desarrolla la capacidad de continencia [de la angustia y el sufrimiento] entonces puede buscar un interlocutor calificado. Esto lo encuentra en la figura de un colega con quien examina en confidencia el material en cuestión. Soy de los que piensan que el analista progresa en su oficio y en sus conocimientos, cuando examina constantemente su trabajo clínico, esto lo puede hacer en el ámbito de un Grupo de Supervisión o de un Laboratorio de Psicoanálisis. Todo esto ocurre dentro de un compromiso mutuo profesional de confidencia.

5 La soledad del analista

El proceso analítico transcurre en la intensa intimidad secreta transferencial de la dupla analítica. Es una intensidad asimétrica, en donde el analista recibe y contiene en la modalidad reverie las proyecciones del analizando (Bion, 1967). El analista realiza su acto analítico en la plena soledad de su posición analítica. Sabemos que ocurren cosas extraordinarias durante un proceso analítico. Todas esas cosas, a veces del orden del horror y otras veces de lo sublime, permanecerán olvidadas en el sistema preconsciente del analista para siempre. Esto es así, porque la oferta de confidencia permanece vigente aún después de terminado el proceso. La naturaleza extraordinaria de la experiencia, unida a la necesidad de compartir el hecho extraordinario, a veces empuja al analista a romper el pacto de silencio. Esto ocurre con más facilidad si el analista tiene, por razones de su historia personal deficiencias narcisistas importantes que sabemos no pueden ser modificadas por ningún análisis personal. A veces estas deficiencias narcisistas del analista, limitan la capacidad del analista de contener su soledad, su angustia y mantener el secreto profesional. En otro orden de ideas, soy de los que piensan que la práctica de este oficio de analista, se realiza con más estabilidad y tranquilidad, si el analista tiene satisfechas sus necesidades básicas de amor, sexo, prestigio y dinero.

6 La deficiencia narcisista del analista

El análisis personal del analista debería ser tan completo como sea posible. El analista debería revisar los más profundo posible su sistema de ideales (yo ideal y el ideal del yo). Estos ideales son los que organizan y regulan la vida sexual y destructiva del sujeto. Es recomendable lograr explorar los aspectos más reprimidos de la sexualidad y de la destructividad del futuro analista. No hacerlo va a limitar sus capacidades futuras. No hacerlo dejará intacto y reprimidos importantes elementos de su vida pulsional. El problema está en los inevitables obstáculos al proceso analítico. El analizando se resiste a conocer lo reprimido. Pero también sabemos que el analista puede señalar y abrir la oportunidad (según el material emergente) para que el analizando (futuro analista) se atreva a conocer lo reprimido de su propia vida sexual y destructiva. Por esta vía el futuro analista amplia los límites de su acto y se capacita para actuar con cierta seguridad. El problema más serio se encuentra en el lecho de roca. Me refiero a las insuficiencias y dificultades narcisistas del futuro analista, que como sabemos son poco accesibles al análisis. Estas dificultades narcisistas van a continuar durante la vida profesional y a veces son responsables de la ruptura de la confidencialidad. Esto ocurre cuando por razones del azar, el material del analizando coloca al analista en simetría y por sus dificultades narcisistas no va a disponer de la capacidad de continencia necesaria, que le permita recurrir a la figura de un colega, que en confidencia, haga las veces de interlocutor supervisor y de depositario de lo intolerable. Al no tener en ese caso capacidad de continencia se desahoga en forma irresponsable en pleno acting out sin saber a plenitud la gravedad de lo que está hacienda.

7 El síntoma del analista

Durante el proceso analítico van a ocurrir muchas cosas. Es recomendable que el analista trabaje en asimetría y por lo tanto capaz de sostener la atención flotante y el semblante de la transferencia. Entonces podrá intervenir desde donde no se le espera y aparece el acto analítico puro. El analista intervendrá con intervenciones breves, a veces enigmáticas que cuestionan al analizando. El propósito es dejar abierto el proceso, no obturar la búsqueda y re-lanzar al analizando a buscar más por medio de su asociación libre. A lo largo del proceso puede ocurrir que el analista se identifique y caiga en simetría con su analizando. En ese caso decimos que hace síntoma con el material presentado. Este material proveniente del analizando y que el analista ha hecho propio, lo va a sufrir según su propio sistema de ideales y desde allí impulsado por el juicio de valor hace una intervención analítica. Es decir, interpreta desde su síntoma.

Esta intervención desde el síntoma del analista, producirá un acto pedagógico, ortopédico o arbitrario. Pero no un acto analítico puro. Es decir, pasamos a explicar teorías, a enseñar acerca la vida, a aprobar o prohibir disimuladamente cosas o hacer un acting out. Estas son cosas que nos pasan normalmente a lo largo de un proceso analítico y del cual nos rescatamos oportunamente. Pienso que durante el proceso todo analista podrá oscilar entre momentos de asimetría y de simetría. Por lo tanto durante el proceso analítico es natural encontrar <acto analítico puro> y otro tipo de actos como lo son el acto pedagógico y el ortopédico. Insisto en que todos estos actos son aceptables y ocurren normalmente durante la conducción del proceso analítico (Lander, 1996).

Cada vez que estamos en simetría, el analista está en peligro de sufrir exagerados monto de angustia que lo puede empujar a romper la oferta de confidencialidad. En estos momentos es cuando el analista busca un colega para conversar, supervisar en confidencia, el caso en cuestión o llevarlo a un Grupo de Supervisión o a un Laboratorio de psicoanálisis.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *