Quien soy

UNA NOTA BIOGRÁFICA

Rómulo Lander [Caracas]

Nací en el seno de una familia profesional próspera. Mi padre fue un excelente y prestigioso médico-cirujano. Mi madre fue una mujer erudita y sabia. Sobretodo tenía el don de la tolerancia. Fui un destacado estudiante con poca vida social. Muy estudioso y lector incansable desde muy temprano. Cuando era joven tuve mucho contacto con el mundo de la cirugía. Mi padre me llevaba a ayudarlo en el pabellón de cirugía desde una corta edad. Desde el inicio de mi vida estaba claro, que yo iba a ser médico cirujano y la idea me gustaba mucho.

Mi vida social y deportiva era muy escasa. Mi única afición deportiva eran las excursiones en la montaña, preferiblemente en solitario. Mi afición intensa por los libros, hizo que los estudios se me dieran bien y fácil, por eso sacaba muy buenas notas. Me distinguí con facilidad en los estudios de Medicina y me gradué de Médico con honores a los 21 años de edad. Desde los 14 años ya trabajaba en forma regular en el Hospital de la Cruz Roja Venezolana y luego a los quince en el Departamento de Anatomía Patológica del Hospital Vargas de Caracas, bajo la supervisión del eminente patólogo Blas Bruni Celli. La práctica en ese laboratorio consistía en la preparación y coloraciones especiales de los tejidos, para ser observados y diagnosticados con el microscopio óptico. Además debía asistir y ayudar en las autopsias de la mañana. Eso me gustaba mucho y me familiarizó desde temprano con la realidad de la muerte. El contacto físico directo con los cadáveres, todavía calientes, y el respirar ese olor tan especial e inolvidable de la muerte, fue favorable en mi formación juvenil. No conocí la música, ni conocí el baile. Mi principal interés extra curricular eran el cine y las lecturas [no existía la televisión]. Con eso: el cine frecuente, las lecturas permanentes, los estudios académicos y el trabajo en el hospital, ya era suficiente. No había tiempo para más nada. Para ese entonces yo pensaba que no tenía interés en casarme y no tenía interés en una vida social de cortejos. Muchos años después recuerdo la tarde que estando como Jefe de Residentes [ya en Harvard] en un café de estudiantes de Cambridge, me tocó oír, proveniente de un tocadiscos del bar, una extraña música que consideré bellísima. Me acerqué al bar y al tocadiscos. Descubrí esa tarde de abril de 1968 a Vivaldi. El disco que sonaba eran las cuatro estaciones. Días después, descubrí por primera vez, otra música extraña, muy melodiosa y atractiva, que resultó ser ‘Lucy with Diamond in the Sky’ de los Beatles escrita por un tal John Lennon. Desde entonces comencé a cultivar con moderación el gusto por la música.

Todo en mi vida de joven estaba orientado a ser médico-cirujano, lo cual era lo lógico, ya que mi padre era un extraordinario cirujano. Las cosas cambiaron cuando entré en la Universidad a los 16 años. Cuando era estudiante de Medicina, profundicé más en el estudio de la Medicina Interna, que era lo opuesto a la cirugía. Empecé a interesarme por la misteriosa naturaleza de las enfermedades y a tratar de entender las razones de las extrañas enfermedades crónicas. La pregunta de ¿Porque la gente se enferma? y ¿Por qué se curan? Se convirtieron para mí en un tema de pasión y de gran importancia.

La cirugía no respondía a esas preguntas. La cirugía solo las resuelve por la vía más directa: quirúrgica. Lo bueno es que produce alegría al restaurar la salud. En el fondo la veía como algo muy simple. Estudié y conocí las teorías del sabio venezolano Lisandro López Herrera, a quien tuve la buena fortuna de conocerlo en persona. Aprendí mucho de él en forma personal y directa por varios años. También conocí indirectamente, por sus obras escritas, a los sabios alemanes Gustav Von Bergman y Viktor Von Weizsaker, quienes escribían sobre la naturaleza antropológica de las enfermedades. Esto de lo <antropológico> quiere decir un estudio centrado en el ser humano. Algo centrado en la vida de las personas. En la práctica de la medicina, lo usual no era eso. Lo usual era que los médicos estudian las noxas [relacionadas con las causas] y ese estudio les desviaba su atención, que yo pensaba, debía regresar al ser sufriente. El estudio de las noxas los desviaba a estudiar y descubrir las bacterias, los virus, los retro-virus, los genes y otras noxas, se olvidaban del ser sufriente. Para mí, la idea era volver a poner atención en el hombre, en el ser humano sufriente. Estos sabios que mencioné más arriba, sostenían la hipótesis de que las personas se enfermaban y se morían, según habían vivido.

Esta idea comenzó a cambiar mi orientación profesional y existencial. En esa época cuando comencé a dudar de mi vocación a la cirugía, conocí a Gabriel Trompiz hijo, un compañero de estudios en el Hospital Vargas de Caracas, dos años más avanzado, que estaba seriamente interesado en el mundo de la mente y de la misteriosa psiquiatría. El me invitó a visitar por primera vez en mi vida, el Hospital Psiquiátrico de Caracas a los 18 años de edad, cuando yo cursaba el tercer año de Medicina. Fue allí en la subida de Lídice donde comencé mis estudios de Psiquiatría. Asistía con él todos los fines de semana [las dos noches incluidas] durante tres años. En ese atractivo templo de la locura, por largas horas, visitaba las diversas salas y estudiaba en vivo, las funciones mentales y los reveladores misterios de la mente y de sus diversas patologías. Esto me causó fascinación y un gran interés. Posteriormente siete años más tarde, este admirado y querido compañero, muere trágicamente, con toda su familia, en el derrumbe del edifico Mijagual en Caracas. Eso ocurrió a las 8:02 minutos de la noche del día 29 de Julio de 1967, en el devastador terremoto de Caracas.

Gabriel Trompiz hijo, me daba cada fin de semana, clases privadas, con claridad extraordinaria, sobre psicopatología, semiología y clínica psiquiátrica. Para entonces seguíamos las enseñanzas de la psiquiatría alemana, francesa y española. Estudiaba esos libros europeos con religiosidad. Fue posteriormente que comencé a estudiar la psiquiatría norteamericana a través de los dos autores más conocidos de la época: Adolf Meyer [dos tomos] y Silvano Arieti [tres tomos]. Con este amigo empecé a conocer bastante bien la Clínica Psiquiátrica y sus alternativas terapéuticas de tipo biológicas y orgánicas.

El interés por el psicoanálisis había surgido en mí mucho antes, ocurrió cuando comencé a leer los atractivos libros de Sigmund Freud que mi padre tenía en su biblioteca personal. Me leí a los 16 años con sorpresa y encantamiento los <Estudios sobre la Histeria> que Freud había escrito en 1895. Ya desde la más temprana juventud había sido un incansable lector. Como adolescente temprano, leía todos los libros que conseguía escritos por los autores que circulaban en la época: tales como eran Hermann Hesse, William Somerset Maugham, A.J. Cronin, Thomas Mann, Stephen Zweig, Nikos Kazantzakis, Lawrence Durrell, Miguel de Unamuno, Pio Baroja, Lin Yutang, Pär Lagerkvist, Ernest Hemingway y otros más. Me gustaban tanto, que leía toda su obra escrita por cada uno de ellos. Todos ellos me abrían el deseo de conocer aún más la naturaleza poética, absurda y violenta del hombre.

Creo que yo llego al Psicoanalisis por los efectos que me deja el contacto con los enfermos, con las enseñanzas del cine, la literatura y la poesía. Pero sobre todo el deseo de estudiar mi propia locura. Aunque el inicio de la formación psicoanalítica, debía demorarse algún tiempo más, ya que pasé un año creyendo que podía ejercer una Medicina Antropológica. Es decir una medicina montada entre las Ciencias Médicas y el Psicoanálisis. Tardé un año en darme cuenta que esa era una tarea imposible. Ni iba a conocer bien la Medicina Interna que requiere de una vida entera. Ni tampoco iba a conocer bien el Psicoanálisis, que requiere de otra vida entera. Después de pensarlo y pensarlo, decidí renunciar a la Medicina. A los 25 años decidí dolorosamente que nunca más sería Médico. Me dedicaría en forma exclusiva al estudio de la mente humana. Para ese entonces ya era un ateo convencido. Lisandro me decía que yo era un ateo-místico, ya que no paraba de estudiar teología y escritos místicos, lo cual me ha durado hasta el presente.

Entré en el primer curso de post grado de Psiquiatría dinámica que se ofrecía en el prestigioso y recién inaugurado Hospital Militar de Caracas en San Martín. Tuve la buena fortuna de ser uno de los cuatro primeros discípulos del eminente Psiquiatra dinámico, humanista y Junguiano [psicoanalista]: Fernando Rísquez. La enseñanza allí transcurría en un íntimo contacto con él y con los pacientes. Allí me gradué después de tres años esplendorosos [los años locos] de Psiquiatra Clínico en Junio de 1967. Inmediatamente me fui a trabajar y estudiar Psiquiatría Infantil en la Universidad de Harvard en los Estados Unidos [Cambridge, Mass]. Estuve allí más de tres extraordinarios años. Fue cuando hice mi primer análisis personal. Fue una época y una experiencia formadora inolvidable. Al terminar mis estudios allí, decido pasar una temporada en Europa con mi primera esposa y mis tres hijos y luego regresar a Venezuela.

Al regresar a Venezuela decidí iniciar la larga y enriquecedora formación como psicoanalista, aquí en Caracas. Esto era posible en la recién abierta Asociación Venezolana de Psicoanálisis [ASOVEP]. Aquí inicio mi segundo análisis personal y luego posteriormente haré un tercer análisis.

En Latino América y en Venezuela la formación psicoanalítica se fundamenta en la enseñanza de Sigmund Freud y luego de Melanie Klein. La base fundamental de la formación psicoanalítica es el estudio serio y concienzudo de los 24 tomos de Sigmund Freud. Inicialmente utilizamos la Standard Edition de Londres [en inglés] y luego utilizamos la impecable traducción [directo del alemán al español, sin pasar por el inglés] que hizo la Editorial Amorrortu de las obras completas de Sigmund Freud. Luego al curriculum del Instituto se agregan otros pensadores importantes en psicoanálisis [Wilfred Bion, Donald Meltzer, Anna Freud, los autores franceses, etcétera]. En lo personal yo estaba muy influido por las ideas de Anna Freud, las cuales había estudiado a profundidad. Esas eran las ideas que predominaban en Boston durante mis años de estudio allí. En esa época me gustaron. Me parecieron útiles en la teorización clínica y las aplicaba bien en la práctica con niños.

Cuando comencé la formación psicoanalítica en Caracas, evolucioné progresivamente a las novedosas teorías de Melanie Klein y las atractivas ideas de Wilfred Bion, que me resultaban novedosas. Tanto así que antes de egresar del Instituto de Psicoanálisis de la ASOVEP, aún como candidato, publiqué un libro titulado: Introducción a la vida y obra de Melanie Klein.

Durante estos largos años de Formación Psicoanalítica y también después de egresado del Instituto de Psicoanálisis mantuve mi vinculación con la enseñanza universitaria como Profesor de los diversos Post-grados de Psiquiatria que existen en Caracas e inscritos en la Universidad Central de Venezuela [UCV]. Mi trabajo como supervisor clínico lo mantengo hasta el presente.

Como candidato de Psicoanalisis al graduarme y egresar del Instituto, mantuve como supervisor semanal, por más de diez y seis años, a quien inicialmente fuera, mi supervisor oficial en el Instituto de Psicoanálisis. Me refiero al eminente psicoanalista Doctor Manuel Kizer. De el aprendí mucho, tanto como de Lisandro y de Fernando. El era un interlocutor extraordinario a quien podía llevarle cualquier tipo de material. Le llevaba ideas personales inéditas, conferencias que tenía que dar, material clínico difícil. Es decir supervisaba y discutíamos de todo. Incluso discutí con él, mi segundo libro: Dejémoslo por hoy. La buena fortuna de la vida hizo que fuera él la persona que me introdujera en el pensamiento y las ideas de Jacques Lacan.

Empecé a estudiar a Lacan porque Manuel Kizer lo mencionaba mucho en las supervisiones. El me advirtió que tuviera cuidado, porque después de estudiar a Lacan, yo cambiaría mi forma de pensar y de practicar el análisis. Me advirtió que yo sería otra persona. Efectivamente así fue. Cambié mi manera de pensar topográfica a topológica, sin existir una vuelta atrás. Considero que esto fue algo muy favorable en mi vida profesional.

Después de iniciar el estudio de Lacan, me sentí muy atraído por ese pensamiento y ese tipo de enseñanza. Era muy diferente al de Anna Freud y al de Melanie Klein. Nunca antes había estudiado las ideas psicoanalíticas desde una perspectiva filosófica, matemática y topológica, como lo hacía con Jacques Lacan. Me produjo fascinación. Encontré que tenía algunas similitudes con la forma de pensar de Wilfred Bion, quien igualmente se esfuerza por no-terminar, ni dar por concluidas, sus proposiciones psicoanalíticas. Las deja abiertas, inconclusas. En ambos casos se trataba de una forma diferente de concebir los fenómenos mentales. Ambos incluían proposiciones matemáticas en sus razonamientos psicoanalíticos. Lacan me reveló un nuevo psicoanálisis que hasta entonces yo no conocía. Desde entonces mi forma de pensar cambió: de ser topográfica a ser topológica. Nunca más fuí la misma persona.

Sin embargo, la forma autoritaria de ejercer la <administración institucional> que llegaba a Venezuela desde París, me alejaron de pertenecer oficialmente a la Escuela de Lacan. Eran absolutamente autoritarios. Exigían obediencia absoluta. Después de un tiempo me consideraron un renegado. En ese entonces la guerra Lacan-IPA era muy fuerte. Para los de Lacan, yo era de la IPA. Para los de la IPA, yo era de Lacan. Yo era y soy un libre pensador, quien pagaba mucho, por tener esta posición en la vida.

He seguido siendo así, un libre pensador laico, estudioso serio de las ideas de Jacques Lacan y de los post-lacanianos. Estudioso de las humanidades y de la génesis e historia de las religiones, también estudioso serio de teología. Me atrae y estudio la filosofía, la matemática, la física cuántica y la topología, las cuales considero me ayudan a entender la mente humana. De viejo me he dedicado más al estudio del origen del hombre, de la paleoantropología y de la historia antigua. Después de estudiar muchos años a Pitágoras, creo que soy un Pitagórico.

Mi carrera como Psicoanalista además de una práctica dedicada al diálogo psicoanalítico, incluye un compromiso con el desarrollo de la institución psicoanalítica y de la difusión del psicoanálisis. Eso significa dedicar gratuitamente, tiempo y energía, al trabajo administrativo y a la difusión y transmisión del Psicoanálisis en los Institutos de Psicoanálisis del mundo.

Hice eso desde el comienzo. Primero como asistente y luego como oficial a cargo. Pasé por todos los cargos locales, hasta ser en cuatro oportunidades distintas, Presidente de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas. Me tocó ser pionero fundador de nuestra Sociedad Psicoanalítica de Caracas. Luego me inicié en el trabajo administrativo en Latinoamérica, donde pasé también por muchos cargos. Luego pasé al nivel internacional global donde ejercí diversos cargos.

Fui mediador de conflictos en sociedades psicoanalíticas en Norteamérica, Latinoamérica y Europa. Afortunadamente todas fueron resueltas con éxito. Con el tiempo nuestra sociedad local en Caracas necesitó de mi apoyo, así que volví a ejercer cargos menores locales, inspirado por el criterio de que cualquier cargo menor, que contribuya a la transmisión del Psicoanálisis, me honra.

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