ORIGEN DE LA INTOLERANCIA

ORIGEN DE LA INTOLERANCIA

Rómulo Lander [Caracas]

Me interesa estudiar el origen de la intolerancia desde el punto de vista del Psicoanálisis y además estudiar sus formas clínicas. Aquí propongo desde un punto de vista personal que la intolerancia está específicamente fundamentada en la imposibilidad del ser de mantener la alteridad. La conducta intolerante se va a mostrar en diversas formas clínicas y en todas ellas aparece en la relación que el sujeto tiene con el otro. La intolerancia se pone en acto en la relación que el sujeto tiene con su pareja, sus hijos, su familia, su trabajo, con los grupos sociales y en un contexto social político más amplio. Allí encontraremos las formas clínicas de la intolerancia del ser. Así pues les presentaré las formas de la intolerancia que observo en el maniqueísmo, fanatismo, autoritarismo, fundamentalismo, dogmatismo y finalmente en su forma más benigna, tal como aparece en la intolerancia a la frustración.

  1. Una introducción multimedia

Hace unos días recibí por internet un pequeño video de tres minutos, relativo a una entrevista que se realiza en una televisora de un país árabe. En dicha entrevista observo a una mujer musulmana de edad media, profesional de la psicología, es entrevistada junto a un clérigo musulmán de una edad similar. La mujer claramente plantea a la cámara, su forma de pensar y su ideología. Insiste en tener derecho a expresar su opinión. El clérigo se ofende por lo que escucha y procede a calificarla de hereje. Expresa que ella no tiene derecho a pensar así y que su ideología la condena. Dice: No vale la pena discutir con una hereje. Ella replica exigiendo su derecho a un libre pensar. Ella afirma que ella respeta la ideología del clérigo y no lo califica de nada, pero exige que el clérigo igualmente le respete su ideología y su forma de pensar. Ella dice: Usted puede adorar las piedras, yo lo respeto, siempre y cuando no me las tire a mí. Todo esto dura tres minutos. En ese corto tiempo se ejemplifica el serio problema de la intolerancia del ser. La mujer, a mi entender, se muestra como un ser psíquicamente evolucionado, con un funcionamiento mental que muestra su capacidad de discriminar el Sujeto del objeto. Es decir, <ella es ella> y el <otro es el otro>. El clérigo se muestra, a mi entender, como un ser no evolucionado. Como un ser detenido en su desarrollo mental en el nivel del narcisismo, en donde no es capaz de discriminar el sujeto del objeto. Sirva esto como una ilustración clínica a las ideas teóricas que les voy a presentar.

  1. El origen: pérdida de la alteridad

La teoría Psicoanalítica postula que la mente se va formar, es decir se va a constituir, después de la gestación y después del nacimiento a través de múltiples experiencias dialécticas entre el deseo y el objeto. En una primera etapa la mente del bebe ‘no discrimina’ el Sujeto del objeto. Es decir para la mente del bebé, el pecho y el son la misma cosa. A esta etapa que coincide con el periodo de amamantamiento, se le llama ‘oral’ o también ‘monádica’. Esta relación de objeto se caracteriza por una simbiosis [una indiferenciación] entre el bebé y su madre. Es solo posterior al destete y al adquirir la capacidad de caminar [de movilizarse] la relación de objeto cambia y se convierte en dual [diádica]. Allí desarrolla una nueva capacidad, aparece una clara discriminación entre el Sujeto y el objeto. Con esta capacidad de discriminación entre el niño y el mundo, aparece lo que se ha llamado la alteridad. Así pues, la alteridad es la capacidad que tiene el sujeto de discriminarse del objeto. Con la alteridad aparece el <Yo soy Yo> y el <Tú eres tú>, por lo tanto puede aparecer: el <Yo, no soy Tú>. Cuando por algún motivo en años posteriores, se pierde la alteridad, el sujeto pasa a no discriminar al otro como un ser diferente. Aparece de nuevo la idea del <Yo soy tú>, es decir se ha perdido la alteridad. Esta pérdida de la alteridad es muy común en los estados pasionales de amor y odio que el sujeto desarrolla con el objeto.

Al no poder discriminarse el sujeto del objeto y hacer <uno> con el objeto, se va a hacer imposible que ese sujeto pueda ‘tolerar las diferencias’ que usualmente existe en el otro. Sabemos que cada sujeto desarrolla en la vida, según hayan sido las identificaciones fundantes del ser, su propio sistema de valores e ideales. Cuando se pierde la alteridad y el sujeto no reconoce la validez de las diferencias de cada ser, no va a ser posible, que ese sujeto ‘sin capacidad de alteridad’, pueda tolerar las diferencias del otro, ya que el sujeto y el objeto son la misma cosa. Así aparece el racismo e igualmente aparece la intolerancia a las múltiples diferencias en la conducta sexual y no se tolera la diversidad sexual del otro.

Vale decir que el sujeto intolerante no acepta la diferencia que hay en el otro porque al perder la alteridad, las siente como suyas. Por lo tanto no puede tolerar al otro diferente. Inevitablemente tiene que lidiar con el empuje natural a eliminar y destruir al otro. Al contrario, las personas que pueden mantener su capacidad adquirida de discriminarse del objeto y mantener la alteridad, si pueden entonces reconocerse a sí mismas, como diferentes del otro. En esos casos, la presencia de la diferencia que muestra el otro no constituye una amenaza a sus ideales, ya que en la discriminación se plantea el <Yo soy Yo> y el <Tú eres Tú>. Estas personas pueden desarrollar a plenitud la tolerancia a la diferencia.

En los tiempos difíciles de la historia de la Humanidad, en donde la adversidad, la guerra, la pobreza extrema, la hambruna y otro tipo de tragedias, que han ocurrido en algunas zonas habitadas del mundo, es lógico pensar, que la crianza de los niños en esos grupos humanos, va a estar en dificultades. Estas dificultades pueden ser muy variadas. Por ejemplo, de alimentarlos correctamente, de atender sus diversas necesidades biológicas y educativas, sus necesidades afectivas y de amor, etcétera. Estos pequeños niños crecerán con carencias afectivas y estas carencias producen un obstáculo para el desarrollo natural de la mente. Se producen detenciones y fijaciones en el desarrollo de la personalidad. El niño continúa creciendo corporalmente y también se desarrollan normalmente ciertas funciones cognitivas de su psique, pero queda detenido en un funcionamiento narcisista de su aparato mental, con predominio de una relación de objeto fusional simbiótico que no permite la capacidad de alteridad. Esa inmensa cantidad de niños [futuros adultos que pueden pertenecer a cualquier clase social] no alcanzan la alteridad y van a padecer las consecuencias de la relación de objeto fusional, en donde la regla es: el <Yo soy Tú> y <tu eres Yo>. No podrán tolerar la diferencia que les presenta el otro, no podrán tener tolerancia, con los ideales del otro. Sus propios ideales impiden la existencia de los ideales del otro. Aparece a plenitud y con todas sus consecuencias el fenómeno de la intolerancia del ser.

  1. Maniqueísmo

El Maniqueísmo fue un movimiento filosófico religioso mesopotámico fundado por Maní en los comienzos de nuestra era cristiana. Esta filosofía religiosa propone en forma estricta y rigurosa la distinción de dos principios opuestos: lo divino que representa a lo bueno y lo diabólico que representa a lo malo. Esta filosofía dualista propone que en los orígenes del mundo una catástrofe cósmica misteriosa produjo en los humanos una mezcla del bien y del mal. Desde entonces estos dos principios pasan a coexistir mezclados en cada ser humano. El ser humano que desee ser bueno tendría que restaurar la separación original de los dos principios y quedar solo con la pureza del bien. Para lograr este objetivo purificador, la persona debe proceder a expulsar el mal que habita en él. Debe deshacerse del mal propio y tiene que expulsarlo de sí mismo. Esta necesidad de la expulsión del mal será ejecutada utilizando un mecanismo mental básico que esta normalmente presente en los inicios de la vida psíquica. Recibe el nombre de mecanismo de proyección [complementario al mecanismo básico de la introyección]. Esta expulsión de lo malo propio [se ejecuta en la ‘representación mental’ que cada sujeto tiene del otro] produce el consecuente rechazo pasional al otro, quien pasa a ser el depositario de lo malo proyectado. Como tal este otro malvado debe ser alejado y preferiblemente destruido. Esta filosofía maniquea tuvo una presencia atroz, con expansión geográfica en todo el mundo conocido, por más de mil quinientos años. A comienzos del siglo veinte hubo una reinstalación del uso de estas ideas teológicas filosóficas maniqueas. Los gobernantes de turno, con intereses geográficos expansionistas, se apropiaban y explotaban esta doctrina, que practicada en forma estricta e inflexible lleva al ser humano hacia a la instalación de la intolerancia y al rechazo de las diferencias. Algunos antropólogos piensan que el haber encontrado hace cien años textos antiguos originales maniqueos en el Turquestán, China y Egipto, ha contribuido a su utilización religiosa y política y ha producido efectos culturales y políticos maniqueos visibles hoy en día. En lo personal y desde el punto de vista del Psicoanálisis, pienso que la reinstalación del maniqueísmo se debe a otra razón.

Pienso que se debe a la explosión demográfica, es decir al exceso de población. Cuando el exceso de población se hace inmanejable se producen generaciones de niños mal alimentados, mal atendidos en sus necesidades afectivas y biológicas y por lo tanto crecen con ‘grandes carencias afectivas’. Estas carencias afectivas los llevan a una detención del desarrollo de su aparato mental, quedando con un funcionamiento mental narcisista, en donde la proyección permanente del malestar en la representación mental de la figura del otro, se hace inevitable. Estos son seres, que tienen una naturaleza espontánea y natural narcisista maniquea. Es decir, su forma de ser no se explica por haber sido víctimas de un proselitismo o adoctrinamiento religioso o político, ya que ellos son narcisistas maniqueos por naturaleza. Su forma de ser se explica por la explosión demográfica. Este exceso de población puede llevarlos a migrar a diversos sitios que aparentemente ofrecen una vida mejor, sin embargo terminan en campos de refugiados, donde son hacinados en inadecuadas condiciones de vida. En las súper ciudades populosas [que existen en los cinco continentes] estos seres narcisistas maniqueos habitan en zonas urbanas muy pobres y desorganizadas, y a veces por tsunamis, deslaves, guerras y terremotos, son transferidos a nuevas áreas de refugios, en donde encuentran condiciones peores de hacinamiento y múltiples carencias, que incluyen las necesidades afectivas. Así pues propongo que debido a esta ‘explosión demográfica’ y sus consecuentes carencias afectivas el lumpenproletariat de hoy día está constituido en su mayoría por seres narcisistas maniqueos.

Ahora bien, estos seres narcisistas maniqueos constitutivos del Lumpenproletariat descritos por Karl Mark y Engels en 1929, son seres ubicados por debajo de la clase obrera, sin especilidad laboral, y que para sobre vivir entran y salen de los pequeños delitos, en ciertos países y comunidades constituyen la mayoría de la población, pueden ser utilizados con fines religiosos o fines políticos para desatar un exterminio de los que piensan diferente y que según ellos son los representantes del mal. Eso ya lo vimos ocurrir durante los quinientos años que duraron Las Cruzadas con el grito maniqueo del Rescate del Santo Sepulcro. O más recientemente con el grito maniqueo de la limpieza étnica de Adolfo Hitler en Alemania, de Slobodan Milosevic en Serbia y el caso del exterminio étnico en Ruanda.

Solo por mencionar unos cuantos casos conocidos y enjuiciados públicamente. También podría incluir otros casos denunciados por estudiosos de la historia, como son las persecuciones y el exterminio soviético maniqueo de Joseph Stalin, quien utilizó los fusilamientos clandestinos en masa en los campos de la muerte en la zona soviética después de terminada la segunda guerra mundial. Con iguales fines de exterminio maniqueo también utilizó el ya existente sistema de prisiones siberiano llamado GULAG. O puedo mencionar el exterminio maniqueo de las matanzas en masa chinas, ocurridos durante la revolución cultural de Mao. Igual podría incluir el exterminio maniqueo de la conquista de las Américas del norte, centro y sur. Podría también incluir el terrible exterminio maniqueo del Pol Pot en Cambodia, con sus killing fields. Y muchas otras más, que se encuentran en pleno desarrollo, bajo la excusa maniquea del exterminio del mal. Considero que cualquier persona que tenga entusiasmo por y promueva la guerra, posee una estructura mental narcisista maniquea, en donde los portadores del mal siempre están colocados afuera de sí mismos. Antes de terminar este acápite, no puedo dejar de mencionar el grito maniqueo fanático presente en Venezuela de patria, socialismo o muerte que excluye con fines autoritarios y destructivos al resto de una población que piensa y tiene una ideología diferente y que representa al más del 50% de la población.

  1. El Fanatismo

El fanatismo es una forma clínica de la intolerancia y por lo tanto está fundamentado en el mismo origen de la ‘imposibilidad de mantener la alteridad’. El fanático no discrimina entre sus ideales y la realidad diferente que le ofrece el mundo. Ambas cosas son lo mismo. Su mente se encuentra en fusión o simbiosis, con la representación mental del otro. Es donde opera el <Yo soy Tú>. Por lo tanto ‘no puede tolerar las diferencias ideológicas’ que el otro inevitablemente le presenta, ya que esas diferencias serian intolerables para los propios ideales. Esta intolerancia lo lleva al acto y tiene que proceder a destruir a ese otro diferente. Los fanáticos son seres intolerantes, que respetan y aman a sus propios ideales, pero al estar en fusión con la representación mental del otro, no pueden tolerar, los ideales diferentes del otro, a los cuales inevitablemente hay que destruir.

Los fanáticos están muy cerca de los héroes, pero no importa lo cerca que estén, desde el punto de vista teórico psicoanalítico, son seres diferentes. El héroe tiene respeto y amor por sus ideales, igual que el fanático. El sujeto se hace héroe cuando está dispuesto a morir por sus propios ideales. El héroe dice: muero por mis ideales. El fanático en cambio al no tolerar las diferencias, mata al otro, por sus propios ideales. Así pues el fanático dice: te mato por mis ideales. Un ejemplo conocido y común lo encontramos en el racismo y en las prácticas violentas del Ku-Klux-Klan. Las miles de personas que sienten cercanía con estos grupos o con los grupos neo nazis, son personas con un aparato mental narcisista maniqueo con serias dificultades para la alteridad. En nombre del amor a sus ideales, el fanático puede actuar con odio y operar con violencia hacia el ‘sujeto diferente’ y someterlo por vía del terror y del crimen. El fanatismo defiende el amor a una idea [a sus ideales propios] y cuando logra acceder al poder político, instrumenta en nombre de sus ideales y de la patria los más diversos modos de discriminación, muerte y rechazo al otro diferente, los cuales le son intolerables. Por eso es inevitable que los disidentes sean vistos, no como adversarios, sino como enemigos, ya que ellos constituyen un otro intolerable, al cual hay que inevitablemente rechazar y preferiblemente destruir y aniquilar.

  1. El autoritarismo

El autoritarismo como forma de gobierno se sostiene en el fanatismo y su consecuente necesidad de poder maniqueo. Así los miembros fanáticos de un mismo grupo político defienden sus ideales y se unen en una lucha inevitable de odio y destrucción, ya que ‘la ideología del otro’ que es diferente le es intolerable. El fanático puede ser un sujeto muy culto e ilustrado y aún así mantiene su personalidad narcisista maniquea. Desde allí, en una posición de poder, se dispone a alterar las leyes a su conveniencia, primero para mantenerse en el poder, segundo para satisfacer sus propios ideales y lograr perseguir con éxito, al otro diferente que es portador del mal. El fanático tiene certeza y está convencido de tener toda la razón en la ejecución de sus conductas. Este aspecto de la vida pública de los fanáticos muestra la ‘patología delirante’ de su conducta visible. El fanático no es pues un delincuente común. Los fanáticos como todo ser narcisista maniqueo, no tolera la incertidumbre, ni las opiniones contrarias. Los fanáticos creen en ‘la verdad única’ y en la ‘eternidad’ de sus ideales. Es común oír en vivo y leer sus mensajes, de que sus ideales serán para siempre. Basta recordar el enunciado de aquel Tercer Reich ‘que duraría mil años’. El fanático aún cuando cambie de bando por razones de conveniencia, siempre mantiene su estructura mental narcisista maniquea, y allí estará, a la espera de una nueva oportunidad, para asaltar el poder y proceder ‘a limpiar el mundo’ de lo que el narcisista maniqueo cree es ‘la maldad imperante’ y lo hará a través del ejercicio del odio y de la destrucción.

  1. El fundamentalismo

El fundamentalismo igualmente se sostiene en la intolerancia del ser. Su origen igualmente se encuentra en el narcisismo maniqueo y la dificultad del Ser para sostener la alteridad. Existe una diferencia teórica psicoanalítica entre el fanático y el fundamentalista. El fanático puede actuar y existir solo. El fanático es un narcisista maniqueo que no tolera la diferencia con sus ideales. Así el fanático racista, sigue siendo un fanático racista, aún cuando este solo. El fundamentalista es diferente, es un narcisista maniqueo con sus propios ideales pero que tiene un ‘defecto estructural adicional’. Tiene una carencia adicional relativa al nombre del padre. Esta carencia específica se alivia con una suplencia, un tapón, una especie de ortopedia psíquica que obtura la falta y que le da coherencia a su existir. Esa suplencia [tapón] tiene el efecto de unir los tres órdenes psíquicos [RSI] y así permitir su funcionamiento mental.

En el fundamentalista esta suplencia tiene que ver con sus ideales, los cuales tienen que ser compartidos con un grupo y sobre todo con un líder. Aparece así un fenómeno que es cercano a la Fe. La admiración y la creencia ciega en el líder adquieren en el ser fundamentalista característica de Fe: esa es la suplencia. Esta Fe es del orden de la identificación. El fundamentalista esta en fusión, en simbiosis, no solo con sus ideales, sino también con la persona de su líder y en extensión con el grupo fanático.

El amor extremo a sus ideales y a su líder lo puede llevar a la violencia extrema. Este fundamentalista es capaz de morir a voluntad [de suicidarse]. Es capaz de morir con tal de realizar un acto de limpieza homicida múltiple, un acto con la intención de matar a todos ‘los enemigos’ posibles que naturalmente son los ‘depositarios del mal’ [es decir, los que son diferentes]. Estos seres fundamentalistas, narcisistas maniqueos, son los candidatos a ser ‘bombas humanas suicidas’, desgraciadamente tan frecuentes hoy día, en el oriente medio.

  1. Una excepción: La intolerancia y el dogmatismo

Es necesario presentar aquí un agregado. Una aclaratoria que distinga la existencia de ciertas conductas intolerantes que no tienen que ver con la maldad, ni con la pérdida de la alteridad. Me refiero a los dogmáticos y los seres apasionados de sus ideas y de su trabajo. También me refiero a ciertos sujetos religiosos, que en su Fe religiosa, pueden aceptar la diferencia y profesar su Fe, en su propio grupo, sin provocar la persecución de los que piensan diferente y profesan otra Fe. Estos seres son dogmáticos, creen en su dogma, lo cual no es más que creer en sus ideales. Ideales que no están sujetos a corrección, ya que son dogmas. Pero la diferencia es que no son estructuras mentales narcisistas maniqueas. Son estructuras mentales más evolucionadas, que han pasado de una relación de objeto monádica fusional [oral], a una relación más avanzada dual, a una relación tríadica, discriminada, triangular, Edípica. Es decir seres evolucionados, cuya evolución les permite respetar la diferencia de ideologías que habitan en el otro y por lo tanto, no están pasionalmente comprometidos [o condenados] con la destrucción del otro. Así encontramos algunos seres apasionados innovadores, descubridores, avanzados a su tiempo, que creen en sí mismos y en su entender de las cosas y de las ciencias. Tienen ideas innovadoras a las cuales no renuncian, aún cuando sus ideas se oponen a lo conocido y a la sabiduría oficial. Estos seres no son narcisistas maniqueos. Son seres evolucionados que reconocen y aceptan la existencia legítima de ideas diferentes con las cuales pueden o no estar de acuerdo. Son seres que respetan la diferencia ideológica en el otro, y aún así son capaces de creer en sí mismos, y siendo dogmáticos, pueden coexistir en un mundo o una sociedad que tolera la diversidad de ideologías.

  1. La intolerancia originada por la experiencia de frustración

La capacidad de tolerar la frustración se va a desarrollar en el niño después que cumple su primer año de vida y cuando ya ha experimentado el trauma del destete. Es usual y frecuente que el niño de 18 meses desarrolle –de la nada– una conducta nueva, que puede sorprender a los padres y que consiste en presentar frecuentes estallidos de violencia llamado <las pataletas>, también llamados frecuentemente los <temper tramtrums>. Estas pataletas son la respuesta del niño al encuentro inesperado con la frustración. Esto aparece como un choque inevitable con las realidades geográficas físicas del mundo. A esta edad el niño ya camina y procede a explorar todo lo que puede. Allí va a encontrar que sus deseos no pueden ser satisfechos. Por ejemplo, desea alcanzar al interruptor de la luz que está muy alto y no puede llegar a él. O desea un helado que en el momento no hay. Su frustración se le hace inmanejable y se desata un ‘estallido de protesta’ con agitación, pataletas, gritos y frecuente llanto, que a los pocos minutos puede desaparecer solo. Si los padres le expresan que ellos comprenden su frustración, ante lo imposible, el niño se siente comprendido. Si los padres lo reprimen con violencia, exigiendo una conducta apropiada, el asunto empieza a complicarse.

Poco a poco su capacidad de tolerar la frustración va a mejorar con el paso de los meses. Dependiendo de las experiencias previas en el primer año de la vida, el niño supera este periodo de pataletas con más o menos facilidad. Los niños con experiencias previas de carencia y de muy repetidas frustraciones durante el amamantamiento, tendrán muchos problemas para superar esta etapa del desarrollo. O no lo pueden superar nunca. Son niños que no evolucionan a una relación de objeto diferenciada y triangular, por lo tanto mantienen una tendencia hacer <uno con el otro> y no alcanzan la alteridad. Así la ‘intolerancia a la frustración’ se mantiene por muchos años, creando enormes dificultades en la adaptación a la escuela y en la capacidad para socializar. Las personalidades narcisistas que utilizan mecanismos mentales primitivos, pero que no evolucionan a una relación de objeto triangular, sufren de la ‘intolerancia a la frustración’. Ya como adultos reaccionan con violencia a las frustraciones de sus deseos. Muchas veces son respuestas violentas, inadecuadas socialmente o políticamente, otras veces, son respuestas tan desproporcionadas que llegan a crear daño patrimonial y a veces graves daños a las personas y a las naciones, que le traen consecuencias legales presentes y futuras. En algunos casos pasan a ser narcisistas maniqueos, con todas las consecuencias que esto significa.

La buena tolerancia a la frustración que desarrollan muchos adultos, gracias a sus satisfactorias experiencias en la infancia, a veces, no siempre se mantienen. Si el adulto sufre de agotamiento por exceso de trabajo, o sufre alguna grave enfermedad, que inevitablemente va a producir ‘una regresión psíquica’, entonces ese adulto, va a perder mucha de su capacidad para tolerar la frustración, entra en intolerancia [pierde fácilmente la paciencia] y responde inadecuadamente a diversas situaciones de pareja, familia, trabajo o en el intercambio social y ‘se hace transitoriamente un ser intolerante’. Pero cuando descansan o se recuperan de la enfermedad o de la intervención quirúrgica, vuelen de nuevo a recuperar su capacidad de tolerancia.

 

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