NATURALEZA DE LA FELICIDAD

NATURALEZA DE LA FELICIDAD

Rómulo Lander [Caracas, 2005]

Vale la pena preguntarse: ¿Existe el acceso a la felicidad? Esta pregunta es difícil y la respondo desde mi experiencia y por lo tanto son ideas personales y crean controversia. Pienso que el sentimiento de felicidad aparece en esta vida solo en breves momentos ya que la felicidad no es un estado permanente del ser. El sentimiento de felicidad es puntual y su aparición en nuestra mente está favorecida por la aceptación de ser lo que somos. Este sentimiento puntual de felicidad trata de escenas y percepciones en donde existió una sobrecarga de energía psíquica en ese momento. Allí se ha establecido una relación inconsciente con trazos de memorias y de imágenes de una época de la infancia temprana que hasta ese momento se encuentran reprimidas. Esas escenas de infancia muchas veces corresponden al periodo pre-verbal de la infancia.

Es un fenómeno mental involuntario, inconsciente e irrepetible. En el sentido de que cuando aparece de nuevo siempre será una experiencia inédita, no-idéntica a la anterior. Por eso es que podríamos decir que se trata de una experiencia narcisista [imaginaria]. Esto va a depender de la facilidad o disponibilidad que el sujeto tiene para permitirse experimentar una despersonalización y hacer una regresión transitoria momentánea. Eso es lo que va a ayudar a la aparición de estos momentos de felicidad. También llamados momentos de éxtasis. Las personas muy auto-controladas pueden encontrar dificultad y obstáculo para llegar a experimentar este tipo de experiencias regresivas y de éxtasis.

¿Qué pasa con las fantasías infantiles y la armonía del Yo?

Sigmund Freud decía en 1898 en su carta 82 a su amigo de Berlín: Wilhelm Fliess, que la felicidad aparecía con la satisfacción de una fantasía infantil.  El se está refiriendo a un fenómeno mental donde se encuentran el pasado y el presente, comprimidos en un solo instante. Aquí se habla del tiempo comprimido [condensación] es decir: metáfora. Por ejemplo, el momento de felicidad o éxtasis que aparece cuando se observa espontáneamente la lluvia. O se escucha los ruidos u olores de un atardecer. O de una especial obra de arte. El sujeto involuntariamente cae en éxtasis. En ese instante se podría pensar que se han encontrado, se han comprimido, en forma espontánea el pasado y el presente. El tiempo se comprime en esa experiencia. Helene Deutsch en 1927 decía que los momentos de felicidad surgen como efecto de una armonía interior del Yo. Lo cual concuerda con la idea que he propuesto de la aceptación de uno mismo.

¿Satisfacer nuestras demandas nos lleva a la felicidad?

La felicidad no esta en evitar el dolor y satisfacer nuestras necesidades biológicas. La sola ausencia de dolor y sufrimiento lleva a un estado que podríamos llamar de bienestar. Que no corresponde con el momento de felicidad. La felicidad tampoco refiere al estado de alegría, ya que esta es un sentimiento que acompaña a la satisfacción de la demanda. Igualmente el momento de infelicidad, no está en la ausencia del sentimiento de tristeza. Se puede estar triste y a la vez tener un momento de intensa felicidad y éxtasis.

¿Existe alguna relación entre el amor y la felicidad?

El amor visto como una experiencia de pasión, refiere al extraño fenómeno de <hacer uno con el otro>. Los sujetos en estado de pasión de amor pueden sentir momentos de éxtasis y felicidad, el cual surge en el encuentro deseado de los cuerpos. La experiencia sexual de tipo genital y no-genital con el objeto de amor pasional puede provocar momentos regresivos que llevan al sujeto al estado de éxtasis momentáneo y de intensa felicidad.

Hacer el bien, nos lleva a la felicidad?

La idea del bien y el mal deriva de los valores éticos personales, sociales y religiosos. Estos valores son arbitrarios, muy necesario de conocerlos y diferenciarlos, para poder ejercerlos en su debido momento, ambos valores. El bien y el mal, que un sujeto ejecuta varían según las culturas y las épocas y desde allí hacen su efecto en forma individual en el sujeto. Lo que es bien para un sujeto o para una cultura, puede ser mal para otra. Para algunas personas <hacer el bien> y vivir una <vida virtuosa> les produce momentos más permanentes de bienestar. Esto solo quiere decir que su acto es armónico con sus ideales. Sin embargo, considero que la idea de la felicidad refiere a otra cosa. Hacer el <bien> o el <mal> en si mismos no produce momentos de felicidad, aunque si produce momentos prolongados de satisfacción, alegría y bienestar. La experiencia de felicidad requiere de ese momento donde el tiempo se comprime y coinciden el presente y el pasado en una extraña experiencia que se hace presente tangible por medio de los órganos de los sentidos y se disfruta como tal: un breve momento de éxtasis y felicidad. Un momento donde se encuentran el pasado perdido y el presente involuntario. Por lo tanto la idea del bienestar como una forma de felicidad voluntaria, la cual se puede trabajar para lograrla, no corresponde con la idea de felicidad que les presento en este trabajo

¿Y el asunto de la paz interior?

Tanto la paz interior como el tormento interior, son un asunto propio de los humanos, muy relacionado con el sistema de ideales y los sentimientos de culpa. Estos ideales son los que nos exigen y nos censuran (a veces nos torturan y nos persiguen) y muchas veces impiden que nos aceptemos tal como somos. El conocer nuestros ideales y aceptar que no somos, lo que nuestros ideales exigen, y que nos aceptamos con nuestras cualidades y defectos nos acerca a los momentos de paz interior y abre el espacio para los momentos de felicidad. Por ejemplo, cuando por razones del azar de la vida nos encontramos ante una escena que pone en acto las fantasías de la infancia perdida. Estos momentos involuntarios pueden aparecer ante cualquier escena inesperada. Son escenas  donde aparece una hipercatexia del momento actual con una asociación inconsciente a memorias y fantasías de una época de la infancia temprana.

¿Existe relación entre el éxtasis místico y los momentos de felicidad?

El éxtasis místico descrito por Santa Teresa de Avila y San Juan de la Cruz sugiere que se trata de un encuentro místico con Dios. El sujeto en ese momento hace una unidad con la vivencia de Dios y encuentran momentáneamente la suprema felicidad. En esta experiencia mística por efecto de una regresión transitoria, el sujeto se disuelve en el otro, el ser supremo o divino. Este tipo de experiencia de hacer unidad con Dios se encuentra en las personalidades narcisistas. Los religiosos y místicos realizan ejercicios de meditación en estado de mutismo y aislamiento social, sin ingesta de comida, ni permitir el sueño. Estos ejercicios espirituales tienen como propósito provocar un estado regresivo transitorio que va a facilitar el encuentro con Dios. Ese encuentro con otro comprime el tiempo y produce el éxtasis y el momento de felicidad.

¿Puede el psicoanálisis llevarnos a la felicidad?

La demanda de Psicoanálisis por parte del paciente incluye un pedido de alivio de los síntomas y del sufrimiento del sujeto. Igual esperan encontrar el ‘secreto de la felicidad’, que refiere al deseo de ser feliz. Creen que el analista lo posee y seguramente se lo dará. El analista solo ofrece la búsqueda de una verdad perdida, la verdad del inconsciente del analizando. Sin embargo al final del análisis, después de haber pasado por el proceso analítico y haber actualizado sus ideales infantiles, el analizando puede llegar  a <aceptarse a si mismo>, tal como es. Esta aceptación de si mismo le abre la posibilidad a encontrar momentos de felicidad.

¿Qué pasa con la Infelicidad?

Sigmund Freud dijo en la carta a Fliess de 1898 que el  psicoanálisis podía transformar la incapacitación y la agonía neurótica, en una infelicidad común. Aquí Freud plantea lo común de la infelicidad, que se iguala al sufrimiento humano común. El filosofo Miguel de Unamuno plantea en su obra <El sentimiento trágico de la vida> que solo se puede acceder a los momentos de felicidad por la vía natural de la tragedia humana.

¿Y con el ser humano atormentado?

Freud deja claro que el ser humano se civiliza cuando reprime sus pulsiones naturales: es decir, el parricidio y el incesto. Supera así su complejo de Edipo, pasa a la exogamia y cesa en su rebeldía a la autoridad y se amiga con la figura del padre. Afortunadamente aparece la ley del padre. Sin embargo esta tragedia deja sus huellas. Aparece el inevitable sufrimiento humano al tener que luchar diariamente con lo prohibido y triunfar con la represión o la renuncia del deseo prohibido. Desde ahí en adelante el ser humano pasa a ser un sujeto atormentado. La vida es dolorosa aún para los más afortunados que pueden satisfacer fácilmente las necesidades básicas personales y sociales.

¿Qué pasa con el deseo, la insatisfacción y la felicidad?

El deseo es de naturaleza insatisfacible. Nadie está completamente satisfecho. Siempre existe en la vida algo de frustración, que lo percibimos como sufrimiento. Se puede aprender a tolerar ciertos niveles de insatisfacción y estar en paz con uno mismo y acceder a esos inesperados momentos de felicidad y éxtasis. Por eso es útil aprender a distinguir diferentes tipos de insatisfacción, las que nos son importantes, de las que son mucho menos importantes. Nos permite poder renunciar fácilmente a las menos importantes. Y aceptarnos en esas condiciones. Se abre la posibilidad de la armonía interior. Algunos sujetos por haber vivido infancias tempranas (0 a 3 años) muy traumáticas sufren de la condición de ser insaciables. Es decir de ser voraces, lo cual nos abre a otro problema: el que refiere a los que nunca están satisfechos y siempre quieren más y más. El tener todo todavía no les es suficiente. Esta voracidad les va a obstaculizar aún más el acceso a los momentos de aceptación de si mismos y por esa vía a los momentos de felicidad.

¿Puede la maldad humana dar espacio a la felicidad?

Soy de los que piensan que el horror de la maldad humana si existe en este mundo. La capacidad de maldad humana es un asunto derivado de las vicisitudes del desarrollo temprano del bebe. No es un asunto pulsional. El maltrato temprano, el abuso parental y las excesivas experiencias de <angustia de muerte> en el niño pequeño, darán posteriormente en la vida origen a los seres malvados, los cuales tendrán inevitablemente profundos sentimientos de resentimiento social que los llevan a desear el exterminio del otro odiado, da origen a las persecuciones, al racismo, al deseo de despojar al otro de la salud y de bienestar, de llevar al otro a un sufrimiento semejante a lo que estos seres traumatizados sufrieron en su infancia. La pregunta difícil es: ¿El odio al otro le origina felicidad al malvado? A la verdad que no lo sé. Pero pudiera ser que si encuentre un momento de éxtasis y felicidad en el encuentro del pasado lleno de odio y el presente donde desahoga ese odio en el objeto: Aparece así la posibilidad del éxtasis y felicidad en la realización del crimen y de la tortura. En ese caso tendría que responder que la maldad humana puede llevar a los momentos de felicidad.

¿Serán la angustia y el miedo los grandes obstáculos?

El miedo es el afecto mas terrible que existe en este mundo, ya que puede producir una inhibición y una renuncia a los buenas oportunidades de la vida. Así pues el miedo limita la vida. El miedo impide o limita seriamente la toma necesaria de riesgos. El miedo impide la apertura a los momentos posibles de felicidad. Todos tenemos la capacidad de sentir el miedo. Todos lo hemos experimentado alguna vez. Sin embargo existe quien lo padece en exceso. El miedo de morir, da paso al miedo de vivir. Este miedo exagerado da paso a la existencia insegura. El ser inseguro es un ser dividido que no se acepta a si mismo. Donde un juicio cruel a si mismo y la persecución de si mismo, testimonian una exagerada exigencia moral y ética de la cual no encuentra salida fácil. El diálogo con un analista, que no le juzga, que  no censura, y tampoco aplaude, pero que escucha atentamente) ayuda a veces con éxito a transformar los ideales infantiles persecutorios de estos sujetos. Por esta vía del dialogo analítico se cambia la vida de las personas en una forma favorable. Se afirman a si mismos y se abren diversas posibilidades en la vida.

¿Qué pasa con la esperanza y la desesperanza?

En psicoanálisis pensamos que la desesperanza aparece cuando el sujeto renuncia a ser amado. Muchas veces este mecanismo mental de renuncia a ser amado aparece como resultado del odio a si mismo. El odio a si mismo a su vez es el resultado de múltiples experiencias tempranas de frustración grave de la alimentación y del sentimiento de pertenencia. El sentimiento temprano afirmativo de pertenencia y de satisfacción de la alimentación llevan a una relación de amor a si mismo que facilitan el camino para un desarrollo armónico del Yo. En su contrario, el odio a si mismo, es el camino al resentimiento con el otro y a la aparición posterior del síntoma depresivo en el sujeto, que impide los posibles momentos de felicidad.

¿Qué pasa con las quejas crónicas que parecen infelicidad?

Las lamentaciones y las quejas repetidas que se expresan en voz alta, muchas veces son dichas para ser oídas por el mismo sujeto. Estos quieren oír su propio lamento. Es una forma de testimoniar una inconformidad histórica por traumas o carencias originados en la infancia. A veces la queja crónica convierte al quejoso en falsa víctima y al que le escucha en un falso victimario. La queja crónica y el lamento interminable se roban el espacio para los posibles momentos de felicidad. Perpetuar este mecanismo de queja muchas veces se sostiene por los sentimientos inconscientes de culpa que dan origen a lo que llamamos siguiendo a Freud: el masoquismo moral. El masoquismo moral que a veces se presenta en forma de queja crónica, alivia al sujeto de lo irreparable de la experiencia de infancia, pero no constituye momentos de felicidad.

¿Y el sufrimiento que da espacio a la felicidad?

Muchas personas por razones del azar constituyen su psique en medio de un monto de sufrimiento elevado en la temprana infancia. Su psique funcionará armónicamente, en forma coherente y eficaz, siempre y cuando se mantengan esos montos elevados de sufrimiento psíquico. Son sujetos que necesitan sufrir para estar bien. A ese sufrimiento Jacques Lacan lo llamó en 1981 <Jouissance> que en español se tradujo como el <Goce>. Este goce no es una enfermedad, ni es un síntoma de alguna patología. Sencillamente existe. Todos nosotros requerimos de un cierto montante de  Goce (algunos más, otros menos), pero ciertamente la presencia de este Goce [regodeo en el sufrimiento] no impide el desarrollo a plenitud de la personalidad y la capacidad de aprovechar las oportunidades de la vida.

¿Qué pasa con las pérdidas necesarias?

La vida es una cadena interminable de pérdidas, que cada vez abre al sujeto a nuevas experiencias y a nuevas oportunidades. La capacidad del sujeto de elaborar las interminables situaciones de pérdida, le va a permitir reordenar su psique con las nuevas realidades identificatorias. De esta forma el sujeto progresa y avanza en la capacidad de mayor conocimiento y de expansión de su psique. La discapacidad para asimilar las pérdidas va a resultar en un obstáculo para la integración y la armonía del Yo, y por lo tanto para abrir espacio a las posibles experiencias de éxtasis y felicidad. Lo que dificulta al sujeto la aceptación de las pérdidas tiene que ver con la tolerancia a los altos niveles de angustia por perdida de objeto. La inseguridad del sujeto, limita su tolerancia a estos niveles de angustia ante las pérdidas inevitables, creando una turbulencia interior en la progresiva integración de la psique. La dialéctica <seguridad-inseguridad> del sujeto tiene que ver con la calidad de  las experiencias tempranas.

¿Existen herramientas que pueden ayudar en la búsqueda de la felicidad?

Muchos son los que piensan que los momentos de felicidad no existen, otros piensan que llegan solos. Muchos dicen: …<Aquí estoy esperando por la felicidad, a ver si me llega>. Pero la verdad es que por sí sola, los momentos regresivos de éxtasis y felicidad es difícil que lleguen.  Y si llegan, ni siquiera son reconocidos como tales.

¿Cuáles son esas herramientas posibles?

  1. Para acceder a los momentos de felicidad se requiere de saber algo de lo que se busca. Incluso saber cuál tipo de felicidad es la que se espera lograr.
  1. Es necesario sentir a plena conciencia el derecho a acceder a esos momentos de felicidad.
  1. Requiere que el sujeto pueda abrir en su vida un espacio para esos momentos.
  1. Ya que el éxtasis y la felicidad son involuntarios y ocasionales, y dado que sabemos que se requiere de una actitud de aceptación de quienes somos, cualquier método para aumentar el conocimiento de si mismo que podría aumentar la aceptación de sí mismo, abre posibilidades para experimentar los momentos de felicidad.

BIBLIOGRAFIA:

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rlander39@gmail.com

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