LOGICA DEL DAS DING Y EL ACTO CREADOR

LÓGICA DEL DAS DING Y EL ACTO CREADOR

Rómulo Lander [Caracas]

Crear es producir algo que antes no existía. Sin embargo en este mundo el hombre no es capaz de crear de la nada. Ni devolver algo a la nada. Eso no es posible, porque todo se transforma y nada, se pierde en la nada. Si esto es así vale preguntarse cómo entender entonces los inventos y las obras de arte. Está claro que existen las producciones de un artista o de un científico, que antes de ser producidas, no existían. ¿Pero se trata de verdaderas creaciones, en el sentido de ser creadas de la nada? o son más bien ¿transformaciones de un algo?

Lo nuevo se opone a lo conocido. Lo nuevo puede parecer inédito u original. En realidad algunas veces lo és. Por eso, el uso equivocado e inexacto del vocablo <obra creada>, es decir ‘nueva’. De la obra creada surge la idea del ‘acto creador’: el momento de la creación. En este acto creador tenemos por un lado el sujeto que crea y por el otro a la obra creada. Aquí es donde surge el enigma y la pregunta por el acto creador.

Desde un punto de vista psíquico ¿de dónde surge o cómo se origina esa capacidad de crear que tienen algunos sujetos? Ya sea crear ciencia o arte. ¿De dónde sale? Qué mecanismos psíquicos operan en la psique del ‘sujeto creador’. La pregunta por el binomio o la antinomia, de la locura y la creación, o el de la locura y el arte, deja de ser útil en este estudio.

El estudio del proceso por el cual surge el ‘impulso creador’ es lo que me importa. Si la sociedad actual o pasada encuentra al artista o al científico, ajustado o no, a sus normas y exigencias de conducta, o ajustado o no, a sus exigencias morales o estéticas, es algo sin importancia que pertenece a otro registro. El propósito es presentar un conjunto de ideas teóricas que tratan de explicar el proceso por el cual es posible que surja un acto creador. Estas ideas teóricas me han surgido de las lecturas que durante muchos años he realizado de las obras de Freud, Klein y Lacan. Estas lecturas fueron originalmente escritas durante un periplo que va de 1908 con Freud, hasta 1980 con Lacan, pasando por Klein, en los años treinta. Queda claro que el planteamiento que hago es personal. Es mi manera de entender este misterio. Además es exclusivamente psicoanalítico y no pretendo, porque sé que no es posible, responder a esa pregunta por el acto creador. Son simplemente aproximaciones teóricas a un enigma.

Sigmund Freud

Freud en su búsqueda de cómo entender el impulso creador encuentra que el soporte último de este impulso está en la transformación de las pulsiones sexuales. Al respecto dice en 1908, en su trabajo sobre la Moral Sexual, lo siguiente: ‘la pulsión sexual pone a disposición del trabajo cultural creativo una cantidad de fuerza una energía extremadamente grande, en virtud de la característica que tiene dicha pulsión de poder desplazar su fin, sin perder en esencia la intensidad. Esta capacidad de reemplazar el fin sexual originario, por otro fin, que ya no es sexual, pero que se le haya psíquicamente emparentado, la denominaremos capacidad de sublimación’.

Desde entonces la sublimación como proceso y como mecanismo psíquico, ha sido una pesadilla para la teoría psicoanalítica. Hasta muy recientemente, la sublimación era un comodín para explicar toda una serie de hechos clínicos que no corresponden con una verdadera sublimación. Al hablar de sublimación verdadera se introduce la duda de que hay sublimaciones verdaderas y otras que no son verdaderas. ¿Cómo diferenciarlas? ¿Cuál es entonces la nueva teoría de la sublimación y qué relación tiene con el acto creador? Pero dejemos esta pregunta para un poco más adelante.

Freud dice en el mismo trabajo de 1908: ‘la sublimación es un proceso por el cual cierto tipo de actividades de creación, ya sea creación de arte o de ciencia, se encuentran sostenidas por un deseo, que en lo manifiesto no apuntan a un fin sexual’. En 1930 en El Malestar en la Cultura dice: ‘es una transformación de la pulsión sexual’ y luego agrega: ‘la sublimación afecta efectivamente a las pulsiones parciales, en especial a aquellas que no logran integrarse en una forma definitiva a la genitalidad pulsional. Así, las fuerzas utilizables para el trabajo creativo provienen en gran parte de la supresión de lo que llamamos elementos perversos de la excitación sexual’. Con la introducción del concepto de narcisismo y de la segunda tópica del aparato mental en 1923, la idea propuesta originalmente de la transformación de la pulsión sexual en una actividad no sexual, va a requerir de la aparición de un período o tiempo intermedio, en el que se produzca una retirada de la libido del objeto sexual y que esta libido regrese al Yo. Así la propuesta de sublimación va a depender íntimamente de una capacidad y de una característica del sujeto de mantener la dimensión narcisista del Yo.

Uno de los aspectos que no quedan claros en esta propuesta freudiana es la diferencia entre el< desplazamiento> de la pulsión a un otro objeto no-sexual y la <transformación> de la pulsión sexual parcial en una actividad no-sexual. Una cosa es el <desplazamiento> y otra muy diferente es la <transformación>. El concepto de transformación de la pulsión sexual parcial va a jugar papel muy importante en las más recientes teorías sobre la sublimación.

Pero volvamos a Sigmund Freud. En 1910 Freud escribe un trabajo de psicoanálisis aplicado a la vida de un gran hombre: Leonardo. Entre otras cosas dice en ese trabajo lo siguiente: ‘en Leonardo sus afectos eran domeñados, sometidos a la pulsión de investigar. No amaba ni odiaba, sino que se preguntaba por qué debía amar u odiar. De este modo podía parecer a primera vista indiferente hacia el bien y el mal, hacia lo bello y lo feo. De alguna manera el amor y el odio deponían su signo de positivo o negativo y se transformaban en un interés por el pensamiento y por la investigación. Leonardo no era desapasionado, estaba provisto de la chispa divina que de manera mediata o inmediata era <il primo motore>. No había hecho sino mudar la pasión sexual en deseo de saber. Leonardo fue llamado el Fausto italiano por su infatigable deseo de investigar. Quizás por eso la vida de Leonardo ha sido tanto más pobre en amor que la de otros grandes artistas. Acaso Leonardo empieza a investigar al servicio de un arte. Se empeña en averiguar las propiedades y leyes de la luz, de los colores, de las sombras. Investiga la perspectiva. Se encuentra empujado a investigar la anatomía del cuerpo humano, su fábrica interna, obstaculizada y penada severamente en esa época medieval.

Esa pulsión devenida hipertrófica lo arrastra hasta desgarrar el nexo con su arte y lo lleva a descubrir las leyes generales de la mecánica o deducir la historia de los estratos geológicos del Valle del Arno y a insertar en su libro con letras mayúsculas <il sole non si muove>. Cuando regresa de sus investigaciones al arte del cual partió, experimentó la perturbación que significaba la nueva postura de sus intereses. En un cuadro le interesaba un problema y tras éste afloraba otro y así sucesivamente. Una búsqueda infinita e inacabable. Se veía obligado a dejarla inconclusa o declararla imperfecta… La observación de la vida cotidiana de los seres humanos nos muestra que la mayoría consigue guiar hacia su actividad profesional porciones muy considerables de sus fuerzas pulsionales sexuales. La pulsión sexual está dotada de esa aptitud para la sublimación. Es decir, la capacidad de la pulsión sexual de permutar sus metas inmediatas por otras no-sexuales.

Melanie Klein

Melanie Klein propone insistentemente a lo largo de toda su obra una idea fundamental en relación al acto creador. En breves palabras, ella plantea que el acto creador, al cual ella prefiere llamarlo impulso creador, proviene de un empuje irrefrenable a la reparación del daño que en fantasía el niño produjo a la madre en los primeros años de su vida. El empuje no proviene de la pulsión sexual, sino de los sentimientos de culpabilidad inconsciente. Klein introduce así dos elementos nuevos, no considerados previamente en el proceso creador. Me refiero a la teoría de la culpa y a la teoría de la angustia. Melanie Klein conecta el acto creador con las ansiedades infantiles tempranas profundas. Ella ve al deseo de crear como surgiendo del impulso de restaurar y reparar el objeto dañado por un ataque en fantasías -sádico destructivo- al pecho y al objeto materno. Posteriormente en su obra de 1957 titulada “Envidia y Gratitud” complementa esta proposición al decir que la capacidad de crear es inherente a todos los seres humanos ya que la fantasía de ataque sádico a la madre es un fenómeno universal. Sin embargo, cuando en la relación temprana con el pecho materno, el bebé sufre excesivamente de frustraciones orales y desarrolla una marcada envidia por el pecho nutricio, esa envidia en la edad adulta va a impedir el acceso al mecanismo de la reparación y por lo tanto no desarrollará la capacidad de reparación, ni la posibilidad para el acto creador, sea éste artístico o científico. Como podemos darnos cuenta, este planteamiento Kleiniano no incluye la teoría freudiana de la sublimación de la pulsión sexual. Sin embargo, introduce la teoría de la angustia en el acto creador y eso es novedoso. Yo tengo mis dudas sobre el origen de esta angustia. Klein afirma que la angustia proviene de la culpa inconsciente, angustia persecutoria propia de la posición esquizoparanoide. Puede ser. Sin embargo, yo me pregunto si esta angustia no proviene más bien de la situación de castración del sujeto. Me refiero al sentimiento de incompletud y pérdida que desarrolla el niño en etapas muy tempranas de su desarrollo. Esa angustia introduce otro empuje al acto creador, pero a la vez aparece como un obstáculo a la creación por el temor al fracaso, el cual tendría que vencer. El otro punto novedoso que introduce Melanie Klein en su propuesta es el intento de explicar la inhibición creativa que tienen la mayoría de los seres humanos. Según su propuesta la envidia que padecen es tan grande que les impide reparar y por esa vía crear. Entiendo que ella se refiere a la creación en un sentido amplio que incluye al campo de la investigación, la ciencia y el arte.

El ejemplo que Melanie Klein ofrece en su trabajo de 1930 titulado “Situaciones Infantiles de Angustia Reflejadas en una Obra de Arte y en el Impulso Creador” refiere específicamente a la angustia temprana que se origina por la vivencia de la artista de un vacío interior. Este vacío interior Klein lo relaciona de alguna manera con dificultades en la introyección satisfactoria de un objeto materno bueno (o suficientemente bueno). Aquí comienzan mis desacuerdos teóricos con Klein ya que pienso que ese vacío interior es constitutivo del ser humano. Refiere al concepto Hegeliano de la falta en ser. Klein plantea en ese ejemplo, al cual me referí, que aquella mujer sufre la angustia de ver un espacio vacío en la pared de su sala luego que su hermano (un reconocido pintor) había retirado un cuadro suyo que estaba allí colgado. Ella no podía dejar de mirar al espacio vacío. Ese espacio vacío coincide con un vacío interior que ella tiene y de allí surge una angustia persecutoria. La mujer se decide (sin ser artista) a pintar en la pared un cuadro (mientras consigue algo que colgar allí). Ella pinta una figura humana negra y desnuda. Según su hermano y otros entendidos lo que ella pintó era extraordinaria. Klein se propone con este ejemplo ilustrar la tesis de un impulso creador que proviene esa angustia (culposa), del vacío interior y de su consecuencia: el deseo de reparar el daño producido en la infancia.

Jacques Lacan

En el Seminario-7 correspondiente a 1960, titulado “La Ética del Psicoanálisis”, Lacan dedica varios capítulos al problema de la sublimación y al problema psicoanalítico de la creación, en el sentido del acto creador. En este asunto Lacan parte de Freud e implícitamente acepta la vinculación íntima que existe entre la noción de pulsión sexual, teoría del deseo y sublimación. Introduce en estas teorizaciones el concepto de lo real en la forma del Das Ding (la cosa), que refiere en este período de su obra, a un algo muy profundo en el inconsciente e imposible de ser conocido por el sujeto (de allí que sostiene su cualidad de real). Introduce también el concepto del objeto que puede ser transformado. La propuesta de Lacan en relación al acto creador resulta muy atractiva y novedosa. Esta propuesta es la siguiente: Lacan dice en la página 138 del tomo 7 que ‘en la sublimación se eleva el objeto a la dignidad de la cosa’. Luego lo complementa con el ejemplo de las cajas de fósforos (página 140) donde va a quedar claro que ese objeto elevado a la dignidad de la cosa, no es otro que el objeto de arte. En esta propuesta quedan vinculadas las teorías del deseo, la sublimación y el Das Ding. Asunto que es del orden extraordinario ya que introduce nuevas ideas en este asunto tan misterioso. Con un propósito didáctico quisiera aclarar, ampliar y precisar estas ideas y luego agregar un concepto que Lacan no incluye en su propuesta del acto creador y que me parece fundamental incluirlo. Me refiero al concepto del espacio psíquico donde va a ocurrir el acto creador.

(a) Sobre la teoría del deseo. Freud afirma y sostiene a lo largo de toda su obra la importancia que tiene la propuesta de la pulsión sexual (libido). Como sabemos esta propuesta refiere al concepto de energía o fuerza psíquica. Freud habla constantemente del deseo inconsciente que siempre es sexual y vinculado a la pulsión. Lacan privilegia en sus teorizaciones la teoría del deseo y le agrega algo muy importante basado en la idea freudiana de la satisfacción alucinatoria de deseo. Recordemos que se desea lo que no se tiene. Lo que Lacan agrega vincula el deseo [en su característica de inagotable, insistente e incognoscible] con la teoría Hegeliana de la <Falta en Ser>. Queda así establecida definitivamente una vinculación entre el deseo inconsciente y el vacío interior. Ese vacío que en magnitudes variables está presente en forma inexorable en todos los seres humanos. En la propuesta de Lacan se mantiene la idea de que el deseo toma su energía de la pulsión sexual. Por lo tanto el deseo inconsciente es en última instancia un deseo sexual.

(b) En relación a la sublimación. Lacan introduce verdaderas novedades significativas a esta teoría. Es el primero que saca del estancamiento la propuesta inicial freudiana. Cuando Lacan plantea que la sublimación consiste en elevar el objeto a la dignidad de la cosa, rompe con la idea freudiana de explicar la sublimación por desplazamiento de la pulsión sexual de un objeto a otro objeto no sexual. A nivel inconsciente esta propuesta freudiana, está basada en la figura de la metonimia. La propuesta de Lacan se sostiene en la figura de la metáfora, en la cual hay una transformación del objeto. Cuando hay un desplazamiento de la pulsión sexual a un objeto aceptable por los ideales del sujeto, ha ocurrido una falsa sublimación.

(c) En relación a la creatividad. Yo agrego que en este mecanismo del desplazamiento, se fundamenta la creatividad que no corresponde para nada con el acto creador, ni con la obra de arte. La creatividad es otra cosa. Es algo más sencillo. Refiere a la actividad psíquica que va a reducir las tensiones provocadas por la inhibición intelectual. Es una actividad que deja surgir algo del deseo y de la fantasía inconsciente con el propósito de reducir las tensiones. Pero no es el acto creador, ni produce obra de arte. Ni es creación de ciencia. Se trata de la creatividad del sujeto. La sublimación por metáfora y transformación del objeto tal como propone Lacan, al decir que eleva el objeto a la dignidad de la cosa, es cuando aparece el verdadero acto creador.

(d) En relación al Das Ding. La idea de La Cosa [Das Ding] como algo profundo ubicado en el inconsciente del sujeto es una propuesta freudiana. Lacan la rescata y la incluye en su teoría de Lo Real. Lo real sería aquello que existe, pero que no es conocido por el sujeto. No ha sido marcado por la percepción. Esta ‘Cosa’ o ‘Das Ding’ puede estar ubicado bien sea dentro o fuera de la psique. Puede estar en lo profundo del inconsciente, o ser algo que existe en este mundo, sin que el sujeto lo conozca. Lacan dice: ‘El Das Ding es un real ubicado en el inconsciente’. Por lo tanto desconocido. Cuando dice que ‘el objeto es elevado a la dignidad de la cosa’ [la dignidad del Das Ding], Lacan establece una relación extraña entre el objeto [supongamos que va a devenir en objeto de arte] y la cosa [el Das Ding]. Ese objeto de arte, no es el Das Ding, sin embargo, está presente en él y a mí entender, eso es lo que lo transforma en un objeto de arte.

Lo demás sería producto de la creatividad, que da origen a la artesanía [no es un acto creador]. En la página 138 queda clara la relación entre el Das Ding y la pulsión. Lacan nos dice: ‘la sublimación que aporta a la pulsión una satisfacción diferente de su meta, es precisamente lo que revela la naturaleza propia del Trieb [pulsión] en la medida en que éste no es puramente el instinto, sino en la medida en que se relaciona con el Das Ding como tal, con la cosa en tanto que ella es diferente del objeto’. Queda así establecido que el Das Ding toma su energía de la pulsión.

Aspectos adicionales

(a) En relación a la teoría de la Catarsis. La idea ocasionalmente presentada del acto creador como un desahogo de tensiones psíquicas sugiere la idea de la catarsis. Por eso es importante aclararlo. En psicoanálisis nos referimos a la catarsis como sinónimo de abreacción. Es decir, alivio o descarga de tensiones psíquicas relacionadas con la angustia. Por lo tanto la catarsis no tiene nada que ver con el acto creador, pero sí con el acto de creatividad, que como expliqué anteriormente, es otra cosa. Yo pienso que Lacan estaría de acuerdo con esta idea, ya que en la página 382 del mismo T.7 dice que la catarsis tiene el sentido de la purificación del deseo (ir va más allá del temor) que en última instancia impide la catarsis. Más adelante aclara que el sujeto que utiliza la catarsis no está actuando en conformidad con su deseo. Es decir, no asume su verdad interior, no asume su deseo. La catarsis no eleva el objeto a la dignidad de la cosa.

(b) En relación a la traición de sí mismo. El artista o el científico que tiene la capacidad o el don de mantener la dimensión narcisista o imaginaria de su ser, puede o podría caer bajo el empuje misterioso de su acto creador. Sostener ese acto es a veces difícil o doloroso. Lacan dice en la página página 379 del Tomo 7 que ‘de lo único que sé es verdaderamente culpable, es de ceder en el deseo propio’. Wilfred Bion diría: ‘desistir en ser lo que se és. Sólo se vive una vez’. El motivo para ceder en el deseo y entrar en traición consigo mismo es: ‘la buena intención’, complacer la demanda social contemporánea del sujeto, complacer al otro. Es decir la hechura del hombre común (Lacan página 380, Seminario 7). El héroe no cede en su deseo. Eso lo hace héroe, porque al no ceder en su deseo, va a la muerte y aun así no desiste. Yo agrego: no desiste por la presencia de sus ideales inflexibles, orden del narcisismo, que lo hacen héroe, al morir por sus ideales y mantener su deseo. Con esto quiero dejar abierta una pregunta: ¿Cuál es la relación entre el héroe y el artista o el científico verdadero? Considero que están muy cerca, ya que no desisten en su deseo.

(c) En relación al espacio psíquico para la creación. Para poder ‘elevar el objeto a la dignidad de la cosa’ tiene que existir un espacio psíquico donde el artista o el científico puedan ubicar ese objeto, que finalmente es un objeto psíquico marcado por la subjetividad. El lienzo en blanco o la piedra bruta son objetos particularizados por el sujeto. Cuando ese objeto-espacio existe, allí se puede soportar el acto creador. Ya en su mente existe el objeto que va a expresar algo, que va a ser elevado a la dignidad de la cosa. Si ese espacio y por lo tanto ese objeto no existe, la angustia, el vacío y el empuje creador, no tienen espacio para producir la obra creada. Las consecuencias de esa ausencia de espacio plástico interno llevan al sujeto artista o científico verdadero, a la locura.

 

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