ÉTICA DE LA INFIDELIDAD

ÉTICA DE LA INFIDELIDAD

Rómulo Lander [Caracas]

Para iniciar la exploración de este tema es necesario hacerlo desde un espacio que esté más allá de las limitaciones impuestas por la moral. Solo abriendo este espacio amoral que conlleva la presencia de una posición ética especial, es que podremos explorar la dialéctica del deseo que puedan tener el hombre o la mujer para establecer estos amoríos infieles. Amoríos que a veces resultan necesarios, otras veces inevitables, muy frecuentes en la complicada vida conyugal. Una cosa es cierta, estos amoríos infieles, además de ser contrarios a lo frecuentemente convenido, siempre resultan difíciles, enredados y creadores de sufrimiento para todos.

Es posible que podemos hablar de una ética de la infidelidad en la cual un sujeto infiel [hombre o mujer] puede tener sus buenas razones personales para ejercer el acto infiel sin padecer de sentimientos inconscientes de culpabilidad, ni sentimientos conscientes de vergüenza. En esos casos, las razones conscientes e inconscientes que llevan a esta persona –hombre o mujer— a realizar el acto de la infidelidad, son armónicas con su propio sistema de ideales. Así pues su acto infiel estará determinado por su ética personal.

La presencia del adulterio

Usualmente la presencia de la infidelidad va a generar una serie de conflictos individuales en el sujeto y conflictos de pareja que a veces son muy dolorosos y que además se acompañan de efectos, en el otro engañado. Estos efectos podríamos considerarlos en muchos casos del orden traumático, otras veces no.

Según los ideales de fidelidad que el sujeto tenga, la experiencia de ser la parte engañada, va a llevar a la pareja a cuestionar la sinceridad del amor ofrecido por el otro infiel. A veces la infidelidad empeora la calidad de la relación al introducirse el sentimiento de engaño y a veces de sentir el supuesto rechazo. Pero otras veces, es posible, que posterior al conocimiento del acto de infidelidad, se pueda reconstruir una relación sincera en la vida de pareja, que muchas veces actualiza y mejora la calidad de la relación y la calidad de la vida matrimonial. Así un acto infiel puede tener al final, algún beneficio para ambos participantes de la vida conyugal.

Ideales de fidelidad

Los ideales de pareja que una persona va a tener se van a explicar por la fuerza de las tradiciones y costumbres que existen en la familia durante la temprana infancia de esa persona. Hoy en día estos ideales familiares y sociales incluyen: primero el valorado matrimonio por amor y segundo, la idea de una absoluta exclusividad con compromiso de fidelidad del vínculo matrimonial o conyugal. Esta expectativa de fidelidad también se encuentra en el compromiso pre-matrimonial de tipo amoroso. Quiero decir que la fidelidad se espera y se exige en el novio comprometido. Así queda establecido según estos valores sociales que ser infiel, es engañar a la pareja.

Entonces ser infiel es inaceptable como ideal social. Además es un delito conyugal y significa estar incurso en adulterio. Ser adúltero es algo sancionado severamente por la sociedad en su vertiente jurídica [causal de divorcio] y en su vertiente religiosa [vivir en pecado]. Es algo tan grave que muchas veces se utiliza como el principal causal de separación y luego de divorcio, muchas veces un divorcio no deseado, que podría ser causa de sufrimiento y destrucción de la armonía conyugal.

Sin embargo a pesar de todo esto, la infidelidad, es algo que ocurre todos los días en la mayoría de las parejas. Digo la mayoría porque según las más recientes encuestas sociales la infidelidad conyugal ocurre en más del sesenta y cinco por ciento de las parejas que fueron encuestadas. Ocurre tanto en hombres, como en mujeres. Entonces es inevitable preguntarse: ¿Por qué es esto así? ¿Por qué es tan difícil mantener la fidelidad ofrecida en buena fé a la pareja amada?

¿Cuándo hay infidelidad?

Definir la infidelidad en la pareja no es un asunto fácil, ni todos están de acuerdo con el mismo criterio. Recordemos aquella enseñanza religiosa de infancia que para muchos resulta controversial y absurda: aquello de la posibilidad de pecar en ‘pensamiento, palabra y obra’. Esta enseñanza religiosa deja su huella, así que muchas personas definen la infidelidad solo por la presencia <del deseo por otro>. En cambio para otros, la infidelidad es solo relevante, cuando aparece la explicita acción infiel, es decir, la infidelidad en acto. La controversia es amplia. Otra forma práctica de acceder al concepto de infidelidad es por oposición al concepto de fidelidad.

Sabemos que el orden social establecido en nuestra cultura occidental desde los tiempos originarios de la fundación de nuestra civilización, se basa en un sistema de principios que específicamente prohíben el incesto y el parricidio. Una vez establecidas estas dos prohibiciones básicas, los grupos sociales se organizan en sistemas cada vez más complejos. Un principio adicional más moderno establecido en el orden jurídico y en el religioso, consiste en la obligatoriedad de ofrecer y cumplir el convenio de fidelidad y de exclusividad conyugal. Así pues la fidelidad se instala, además de ser una necesidad, como un baluarte social. En consecuencia la infidelidad y su tipificación legal el adulterio resulta ser un delito. En este contexto, el adulterio se considera presente, cuando se comprueba sin dudas la consumación del acto sexual con otra persona ajena a la pareja conyugal. Esto significa que debe haber una prueba irrefutable de la ejecución del coito con penetración. O una confesión de partes. Existe duda jurídica en la calificación adulterina de jugueteos eróticos, con o sin tocamientos genitales, con otra persona ajena al matrimonio. Y en algunos casos en donde esta discusión jurídica se ha presentado, se ha concluido que los tocamientos [incluyendo lo oral] no constituyen un acto infiel.

La pregunta inicial regresa e insiste. Entonces ¿En qué consiste finalmente la infidelidad conyugal? En la práctica clínica cotidiana encontramos que detectar la sola presencia del deseo por el otro ya constituye para el sujeto la convicción del engaño y por lo tanto da inicio al sufrimiento en la persona engañada. Esta premisa basada en percibir el deseo por el otro se fundamenta en una observación paranoica de tipo celosa. Por eso la persona engañada clama por una confesión de partes. Como vemos la cosa se va complicando cada vez más.

¿Por qué la fidelidad es una necesidad?

Un poco antes afirmé que la fidelidad es una necesidad y un baluarte social. ¿Cabe preguntarse porque digo esto? Encuentro dos respuestas posibles. Una desde el ángulo social cultural y otra desde el ángulo psicoanalítico.

  • Primero, desde el ángulo cultural social

La fidelidad de ambos, sobretodo de la mujer, garantiza la legitimidad de la prole y de la futura recepción de los bienes familiares. Es decir el destino del patrimonio familiar. La fidelidad de la mujer garantiza que la herencia de los bienes va a pasar a las manos de los hijos legítimos. Recordemos aquello de ‘sangre de mi sangre’ que da un sentimiento de convicción a lo propio. Esta es una razón social de importancia para apoyar la fidelidad conyugal de ambos conyugues. Así pues la fidelidad de ambos cónyuges va a garantizar el traspaso de los bienes familiares a la descendencia legítima, ya que hijos habidos fuera del matrimonio, podrían reclamar derechos sucesorales. Si la infidelidad ocurre, ambos cónyuges se pueden sentir doblemente engañados. Primero por el acto de la infidelidad y segundo por traspasar sus bienes, al hijo de otro.

Independiente de lo justo o de lo absurdo de este principio, esta realidad se observa en la redacción de las leyes desde el tiempo de la Ley de Familia redactada en el Imperio Romano, que consagra ese principio. Hoy en día la modernidad ha hecho sus efectos en estas antiguas leyes y las cosas han cambiado. Los hijos de una mujer concebidos con su esposo, no se diferencian legalmente de los otros hijos habidos fuera del matrimonio. Es decir, no hay diferencia entre hijos legítimos e hijos ilegítimos. Al no precisar el origen [la legitimidad] resulta ser, que todos son hijos legítimos con iguales derechos. Esa diferencia de hijos ya no existe más, al menos en Venezuela. Otro detalle de la presencia jurídica de la modernidad: El concubinato es un estado civil reconocido por el código civil venezolano, por lo tanto sostiene los derechos patrimoniales [en caso de separación] y [sucesorales] de herencia de la concubina y de sus hijos, en forma exacta e igual a los derechos jurídicos de una mujer legalmente casada con su cónyuge. Hasta aquí los argumentos sociales culturales que sostienen la necesidad de la fidelidad conyugal.

  • Segundo, la visión del psicoanálisis

El motivo para la unión de pareja hombre/mujer u otras variaciones de formación de parejas, como son las parejas homosexuales, bisexuales o de matrimonio abierto [etcétera] pueden tener dos orígenes o razones: una razón es la creación de una pareja por conveniencia y la otra razón es la pareja por amor. Ambos orígenes de la pareja son aceptables, ambas son frecuentes y socialmente legítimas. En la antigüedad, en la época del Imperio Romano el vínculo por amor era considerado inferior, débil y plebeyo. Lo apropiado y honorable en esa época era organizar el matrimonio por razones de conveniencia. Hoy en día las cosas son diferentes e inversas. Como todos sabemos predomina el concepto social valorado del matrimonio por amor.

Permítanme examinar algunos aspectos de este vínculo por amor. El vínculo de amor empuja a ambos miembros de la pareja a un vínculo de apego intenso, en donde el uno considera al otro como de su propiedad. Esta particular relación de objeto explica muchas cosas. Primero: El juramento de amor eterno, que se hace uno a otro. Segundo: Se explica por el dicho incluido en el contrato religioso de ofrecer vida común <hasta que la muerte nos separe>, donde se muestra el deseo sincero de un vínculo para toda la vida.

Esta particular relación de objeto amoroso, donde predomina el apego y la fusión [Self/objeto] propios del amor de pasión, muestra la clara presencia de una relación de objeto de tipo simbiótica. Esto nos explica la exigencia de exclusividad en el vínculo: ‘cada uno es dueño del otro’ en forma exclusiva. También nos explica el sufrimiento y el ficticio o ilusorio sentimiento de humillación, ante la idea de sentir la traición por la presencia del hecho infiel. Esto da cuenta de la frecuente respuesta de violencia y celos, ante la amenaza de la pérdida de la exclusividad al no admitir un tercero en la relación.

Significado del acto infiel

Sobre el misterioso significado del acto infiel podemos decir lo siguiente. La primera pregunta que surge se refiere ¿a si es considerado socialmente ‘igual de grave’ la infidelidad en el hombre y en la mujer? La voz popular nos dice que es mucho más grave la infidelidad en la mujer. ¿Por qué será esto así? Para entender este alegato es necesario considerar las diferencias en la entrega amorosa y sexual en los hombres y en las mujeres. Es decir las diferencias de la entrega de amor que aparece en ambos géneros. Aquí es necesario aclarar algo. El amor nos habla de una pasión, es decir, de algo involuntario e intenso. El acto sexual nos habla de otra cosa: del deseo del sujeto. Este deseo no es el amor. Es decir estamos hablando de dos registros diferentes que a veces tienen la buena suerte de complementarse.

  • En la mujer generalmente ambos registros o aspectos están unidos: el amor y el deseo. Una mujer femenina necesita de un vínculo previo de amor para lograr una entrega sexual exitosa orgásmica. No es así para la mujer masculina. Quien puede tener deseo sexual por una persona, sin necesidad de una relación amorosa previa.
  • En el hombre ambos registros del amor y el deseo sexual, circulan por separado. Un hombre masculino puede tener un acto sexual exitoso, sin necesidad de establecer previamente un vínculo amoroso. Es posible que no sepa, ni el nombre de la mujer con quien tiene relaciones sexuales en ese momento. Por esta razón el común social considera la infidelidad del hombre como un algo sin importancia. Una cana al aire. No es así para el hombre femenino. El hombre femenino requiere de un vínculo de amor previo, antes de realizar con satisfacción el acto sexual.

La posibilidad de perdonar el acto infiel

La mujer es capaz de perdonar al hombre su acto infiel, siempre y cuando, no muestre amor, por el objeto del deseo. Esto es algo que si pueden ofrecer los hombres masculinos. La mujer pregunta al hombre, si él, la besó en la boca. Ese beso en la boca va a funcionar como un testimonio o una prueba de amor. O la mujer le pregunta directamente a su pareja: si siente amor por la otra mujer. Cosa que el hombre masculino contesta sinceramente con una respuesta negativa.

Existen hombres femeninos en los cuales este axioma del amor y el deseo sexual, circulando por separado, no aplica. En este caso, la situación para la mujer engañada se hace más difícil. Igual existen mujeres masculinas, en las cuales este axioma de los registros separados aplica a plenitud y pueden tener un acto sexual, sin estar para nada enamoradas de ese hombre o de esa mujer. Por lo tanto, la importancia del acto infiel varía según la estructura de género sexual inconsciente de cada sujeto.

El hombre también es capaz de perdonar a su mujer el acto infiel, aún cuando no requiere de la convicción de que su mujer no sentía amor por el otro. El hombre la perdona, a sabiendas de su amor por el otro, por la razón de su deseo de continuar la convivencia y la esperanza de reconstruir una relación de afecto y confianza mutua en el otro conyugal.

La infidelidad y el amor múltiple

¿Es posible amar a varios personas a la vez? ¿Se puede amar verdaderamente a dos o tres personas a la vez? La experiencia clínica me ha enseñado que esto sí es posible. Una vez establecida la relación pasional amorosa con el primer objeto de amor, con el cual se ha establecido una relación de pareja estable, entonces, puede aparecer un segundo objeto de amor, que también puede provocar una relación de pasión o de menor intensidad. Al no desprenderse del primer objeto, se establece una doble vida, que va a durar secreta, hasta tanto esta sea descubierta.

Al descubrirse la doble vida, aparece una crisis en ambas vidas. Una de las dos relaciones va ser interrumpida o se establece un convenio de matrimonio abierto. Este tipo de vínculo con una doble vida organizada a la manera de una bigamia, es más común de lo que se conoce o acepta socialmente. Los hombres pueden tener dos hogares en dos ciudades cercanas o en la misma ciudad y la mantienen así por muchos años. A veces con dos familias con hijos. No es algo extraño, ni es tan raro. Pero aclaremos, no toda vida paralela conlleva a dos familias y al mantenimiento económico de dos casas. La sola presencia de la amante oculta es suficiente para establecer la condición de una vida doble, de amor sincero en ambos hogares. Por eso es tan difícil para el hombre terminar con una de ellas.

Infidelidad y la posible exclusividad del deseo sexual

Lo más común es la presencia del acto infiel en hombres y en mujeres que se realizan en el puro registro del deseo sexual y en donde no hay un vínculo amoroso intenso, ni de compromiso futuro con el otro. A veces se trata de un sexo anónimo realizado con prostitutas o prostitutos que son elegantes, cultos y hábiles en la entrega de sus servicios. Son encuentros sexuales ocasionales que ocurren a pesar de que el vínculo sexual conyugal sea muy satisfactorio. Aunque a veces es necesario admitir que ese vínculo sexual conyugal es insatisfactorio o ausente. La razón para estas infidelidades, no es necesariamente la pobreza de ese vínculo sexual conyugal, tal como lo planteaba Freud, cuando nos hablaba de la dicotomía entre la esposa pura y virgen que limita la riqueza y la variación sexual y la prostituta impura abierta a nuevas y atrevidas exploraciones sexuales.

A veces esta dicotomía o escisión de la esposa como un ser virginal y la prostituta como un ser sexual, no se encuentra en la experiencia clínica. La mayoría de los casos que observo hoy en día, obedecen a otra lógica. He encontrado con frecuencia que existe una imperativa necesidad de afirmar [para sí mismo] el triunfo de la conquista sexual. La afirmación del poderío fálico [siempre cuestionado]. Algo que no necesariamente implica al amor y es algo puntual y pasajero. A veces hombres y mujeres por igual fálicos, ni siquiera conocen los nombres verdaderos de sus parejas sexuales ocasionales que han servido al propósito del triunfo fálico.

El problema de la entrega

Además del puro registro del deseo sexual, también existe la figura del amante en ambos sexos. Este amante significa que existe un vínculo amoroso sincero. Esto abre la posibilidad de amar a dos o tres personas a la vez. Entonces cabe la pregunta: ¿Por qué razón puede ocurrir la presencia de dos o tres vínculos amorosos sinceros y simultáneos? He encontrado que la exclusividad conyugal en el vínculo amoroso sincero, crea dentro del matrimonio, una variable nueva e importante. Me refiero a la variable del compromiso y de la entrega al otro, es decir al conyugue, sea este una mujer o un hombre.

Esa mujer u hombre, es el objeto del amor y la entrega exclusiva a ese objeto de amor, no debería ser un problema. Sin embargo en el hombre masculino –más frecuente que en el caso de la mujer femenina– este hombre masculino se resiste a esta entrega exclusiva, ya que la teme. Teme quedar atrapado y teme perder su libertad [simbolizada en lo sexual] que lo afirma como hombre fálico. Sin embargo ama a su pareja y tiene muy buen sexo con ella, o con él, en el caso de la mujer infiel. El temor y la resistencia a la entrega conyugal exclusiva, es decir el darse en la entrega totalmente al otro, empujan al sujeto a un segundo y a un tercer amorío simultáneo.

Aparece así la doble vida y la triple vida amorosa, todas sinceras. Al ser múltiples, se ofrece una tranquilidad en la entrega a cada una de ellas o ellos, ya que se entrega a todas y a ninguna. Así se vive el vínculo amoroso sin exclusividad pero a plenitud.

Cuando no se puede resistir

Existen casos en que el hombre o la mujer no pueden resistirse cuando son deseados o deseadas por un otro que los solicita sexualmente. Estos sujetos saben que padecen de esta debilidad y también saben que al final terminaran cediendo a la demanda sexual insistente del otro, aún en ausencia de un sentimiento de amor. Ceden sin estar enamorados, ceden para complacer al otro y obtienen un placer de órgano, un placer sin obstáculos en el ejercicio de la sexualidad. No padecen de sentimientos de culpabilidad. Muchas veces se trata de sentimientos de inferioridad o de minusvalía, que se alivian con saberse deseados sexualmente por el otro. Ceder en ese deseo del otro les proporciona una convicción de ser valiosos/as y adecuados/as.

El problema del machismo [Doble estándar]

También se podrá examinar la presencia del doble Standard: precisamente ese doble estándar es lo que puntualmente define a la Teoría del Machismo en hombres y mujeres. El machismo del hombre [el doble Standard] en las exigencias cotidianas, permite al hombre, lo que niega a la mujer, y viceversa en el caso de las mujeres machistas. El machista dice: Los hombres en la calle y la mujer en su casa. Algo absurdo y arbitrario.

El problema de la infidelidad en este caso del machismo –ya sea del hombre o de la mujer machista– se maneja como un derecho a ser infiel impuesto autoritariamente al otro. Es decir, un simple abuso del poder, que puede ser ejercido por el hombre machista o por la mujer machista. Como es de entender este planteamiento conyugal machista no produce sentimientos de culpa, ni de vergüenza, ya que es considerado cónsono y armónico con sus propios ideales machistas.

Fidelidad y sumisión

Esto abuso de poder nos abre al problema de la sumisión de la mujer al hombre o viceversa. La más común es la sumisión de la mujer a su hombre: por miedo a la pérdida de la estabilidad personal, miedo a la pérdida del prestigio social de tener pareja: un hombre que la representa, miedo a la pérdida de la pertenencia a la familia y miedo a la posible pérdida de los hijos. Además está presente el miedo a la pérdida de la posición social y miedo a la pérdida del bienestar económico. Estos temores y la presencia de ciertos rasgos de personalidad masoquista, explican sumisión o la extrema sumisión, que aparece en ciertas parejas, encarnada en la figura de la mujer con su hombre machista o del hombre con su mujer machista.

Infidelidad y perversión sexual

Es necesario antes de terminar incluir en estas observaciones, la infidelidad que ocurre en el caso de hombres casados neuróticos que tienen rasgos perversos y que requieren de un partenier especializado en algún tipo particular de acto perverso. Me refiero por ejemplo al intenso erotismo que aparece en escenas especializadas de tipo masoquistas o sadistas, que van a aparecer dentro de un esquema de infidelidad conyugal, con una prostituta o un prostituto especializado. O el intenso erotismo que aparece cuando hombres heterosexuales casados, contratan prostitutos travestis, para realizar actos sexuales con una aparente bella mujer, que el desnudarse muestra la plenitud de su órgano sexual masculino erecto. Todo esto dentro de un escenario de infidelidad conyugal. Esta sexualidad especial que despliega actos sexuales perversos pasa a ser doblemente secreta, uno por la infidelidad y otra por la naturaleza extraña de este acto sexual.

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