ESCISIÓN DEL OBJETO: en sus aspectos horizontal y vertical

ESCISIÓN DEL OBJETO: en sus aspectos horizontal y vertical  

Rómulo Lander (Caracas)  

El concepto de Escisión refiere a un mecanismo psíquico descrito por Freud desde sus primeros escritos en 1893. Ya desde ‘Los Estudios sobre la Histeria’ en 1895 Freud utiliza el vocablo alemán ‘Spaltung’ para designar la escisión originaria, fundamental de la psíque, que la divide en dos sistemas: consciente e inconsciente. Desde entonces este mecanismo se refiere a un algo que divide. En inglés se utiliza la palabra ‘splitting’ para referirse al mismo concepto y en español se han consagrado cuatro términos diferentes con el mismo significado: escisión, clivaje, desgarradura y disociación. En la obra de Freud se pueden precisar tres momentos en los cuales este concepto es re-considerado por él.

Evolución del concepto en Freud

Primero en 1895 en ‘Estudios sobre la Histeria’ con la spaltung como mecanismo fundante de la personalidad.

Segundo en 1927 en el artículo sobre el Fetichismo, cuando Freud se refiere a la desmentida la ‘verleugnung’ como una forma de escisión del Yo.

Tercero en 1939 en el ‘Esquema del Psicoanálisis’ cuando define a la escisión del Yo, como una división en dos partes opuestas, coexistiendo simultáneamente, sin que entren en conflicto y por la tanto sin la necesidad de aparezca el mecanismo de la formación del síntoma. Como ejemplo de esta escisión del Yo, Freud señala la dualidad del Yo frente al problema de la castración materna, cuando a la vez, ésta, es perfectamente reconocida y a la vez completamente ignorada. Freud plantea que se trata de ‘una partición sin línea de conflicto aparente’ en el seno de una misma estructura (el Yo). Frente a las exigencias pulsionales, la función sintética del Yo se encuentra sometida a toda una serie de perturbaciones. El empuje pulsional exige satisfacción de pulsión, es decir la descarga. A la vez la tensión intra psíquica derivada de las exigencias opuestas, entre la demanda pulsional y las prohibiciones que derivan de los ideales, colocan al Yo en una situación de conflicto. En una situación como esta, la síntesis entre ambas exigencias se hace imposible. Freud habla de una desgarradura del Yo (que coincide con el concepto de escisión) como solución para alguna de estas exigencias contradictorias. En algunos casos estas contradicciones (que llamaremos conflicto psíquico) se resuelven por vía de la formación de síntoma y en otros casos se resuelve por vía de la desgarradura, es decir de la escisión vertical.

En ambos casos la solución a las exigencias contradictorias o conflicto psíquico, ya sea por vía del síntoma (escisión horizontal) o de la desgarradura (escisión vertical) se introduce un cierto grado de pérdida del sentido de realidad en el sujeto. Queda claro la propuesta de Freud: toda vez que se recurre al mecanismo de la escisión del Yo, que incluye inevitablemente la del objeto, sea esta vertical u horizontal, el Yo pierde cierto grado del sentido de realidad. En el trabajo de 1927 sobre el Fetichismo, Freud plantea la escisión del objeto de una manera muy específica y precisa. Toda vez que el Yo recurre al mecanismo de la escisión vertical [desgarradura del Yo] en relación a la castración materna [dialéctica de la presencia/ausencia del falo materno], estamos en presencia de un mecanismo propio de las estructuras perversas y que este mecanismo conlleva también una cierta magnitud de pérdida de la realidad.

¿Escisión o represión?

En el estudio del tema de la escisión del Yo es inevitable que surja esta pregunta. Cuando el Yo se encuentra ante la tensión de un conflicto psíquico y desea rechazar uno de los elementos del conflicto, podría utilizar el recurso de la represión. Esto nos lleva a preguntarnos lo siguiente: ¿Que diferencia existe entre la escisión y la represión? En 1939 en el Esquema del Psicoanálisis Freud dice lo siguiente: ’La diferencia entre los dos casos es esencialmente topográfico. No es siempre fácil precisar de cuál de las dos eventualidades se trata en cada caso en particular’. Este punto quedará más claro en el próximo acápite.

Tres destinos de lo escindido:

(1) El mecanismo de la represión refiere a un contenido del Yo que es separado, desgarrado de este Yo y luego ubicado fuera de la consciencia en el sistema inconsciente. Allí estos contenidos [significantes] pasan a formar parte lo reprimido inconsciente y su investidura pulsional sigue exigiendo satisfacción. Por lo tanto el empuje pulsional precipita inevitablemente a una solución negociada: la formación del síntoma. En caso de que las defensas sean exitosas en controlar la exigencia pulsional y mantener lo reprimido, estas defensas, que no hacen síntoma, pasan a constituir carácter [síntasma]. Así el mecanismo de la represión utiliza el mecanismo de la escisión horizontal del objeto y por ende del Yo para sacar de consciencia los contenidos no deseados.

(2) El mecanismo de escisión vertical refiere a una división del Yo, que permite la coexistencia de dos partes, una al lado de la otra, separadas como decía Freud ’por una tenue línea divisoria’. Por lo tanto esta escisión al no utilizar la represión, no precipita la formación de síntoma. Esta desgarradura del Yo (escisión vertical), sin conflicto aparente, testimonia la coexistencia de dos partes que se ignoran una a otra. Esta escisión vertical siempre termina por fracasar, revelando el contenido de una parte, a la otra, para gran sorpresa del sujeto. Es importante destacar que ambos aspectos escindidos se mantienen dentro de la estructura del Yo.

(3) El mecanismo de la escisión vertical tiene otro destino adicional. Me refiero a la escisión y proyección de los contenidos escindidos del Yo. El rechazo de ciertos contenidos (significantes) que producen sufrimiento psíquico en el sujeto, pueden ser externalizados y proyectados en una representación psíquica que corresponde a un objeto aparentemente ajeno al Yo. Sin embargo este objeto aparentemente externo, que ofrece una alteridad al Yo, es percibido y construido (catexia) como una representación. Es allí en esa representación del otro (del inconsciente) donde se va a ubicar el contenido escindido y proyectado. El Yo lo percibe como ajeno, sin embargo nunca ha salido de la estructura del Yo. Es una ficción de externalización. Sin embargo, operativamente funciona de manera diferente, al caso de la escisión vertical con coexistencia de las dos partes en el Yo.

Escisión del Yo, del objeto y del sujeto:

Primero, la escisión del Yo: Es la que ha sido considerada en el acápite anterior.

Segundo, la escisión del Objeto: El Yo es una estructura que se ha constituido como efecto del mecanismo de las identificaciones narcisistas [tramitadas en eje imaginario] y las Edípicas [tramitadas en el eje simbólico]. El precipitado de estas identificaciones con el otro [del inconsciente, como destino de las identificaciones] pasa a constituir la estructura del Yo. Dicho de otra manera: el Yo esta constituido por objetos, por lo tanto la escisión del objeto va a producir inevitablemente la escisión del Yo. Este planteamiento nos va a llevar necesariamente al estudio del concepto de objeto en psicoanálisis, lo cual haré en el próximo acápite.

Tercero, Escisión del Sujeto: Este concepto refiere a la Spaltung original, descrita por Freud en 1895. Rescatada por Lacan al introducir afirmativamente su propuesta estructural de la teoría del significante y de la constitución del sujeto. Es un mecanismo psíquico, fundante del sujeto, que desde ese momento, va a quedar dividido para siempre con una instancia psíquica inconsciente. Esta propuesta Freudiana deja establecida en forma inequívoca que el ser humano carece de toda unidad psíquica. Los mecanismos que buscan la armonía y la unidad psíquica ‘tal como la función sintética del Yo’ no son más que intentos incompletos e insatisfactorios del Yo, de lograr la coexistencia de contradicciones y paradojas en el seno de la estructura. La mente humana siempre estará dividida y somos donde no pensamos: para el psicoanálisis, somos fundamentalmente sujetos del inconsciente.

Concepto de objeto en Psicoanálisis:

El estudio del ‘estatuto del objeto’ en psicoanálisis se ordena desde dos registros fundamentales: (a) Desde el registro del objeto de la pulsión y (b) Desde la dialéctica de la presencia/ausencia del objeto que refiere al ‘objeto ausente’.

Primero, como ‘objeto de pulsión’: Según este registro, objeto en psicoanálisis sería entonces, todo aquello a lo cual, el Yo le ha investido catexias. Es decir, el Yo ha realizado una investidura de energía psíquica pulsional. Toda cosa, pasa a ser objeto y a tener representación psíquica, gracias a la investidura de energía pulsional (catexia). Por lo tanto el encuentro, el contacto y la construcción del mundo para el sujeto no pueden dejar de ser un fenómeno completamente subjetivo. Cada sujeto hace la investidura al objeto según la ley del deseo (estableciendo su subjetividad).

Segundo, como ‘objeto ausente’: El objeto en psicoanálisis es fundamentalmente el objeto perdido. El encuentro inaugural con el objeto (el pecho, la mirada, la voz) que inevitablemente luego se pierde, marca el destino del hombre, quien pasará su vida buscando incansablemente el objeto perdido. Lo encontrará en ficción (transitoriamente en los episodios de amor y odio pasional) para perderlo inevitablemente de nuevo. En muchos pasajes de su obra, Freud reduce la cuestión del objeto en psicoanálisis, a la del objeto perdido. En el juego del carretel, el niño pone en acto la dialéctica de la presencia/ausencia del objeto y sirve de modelo para la compulsión a la repetición, búsqueda interminable del objeto perdido.

El encuentro inicial con el objeto deja un registro gracias a los mecanismos de la introyección e identificación. Si tomamos como modelo la relación del niño con el pecho materno, esta presencia con su oferta de alimentación, inevitablemente va a sufrir de la dialéctica de la presencia/ausencia, convirtiendo al objeto en un objeto perdido. De allí en adelante todo encuentro con el objeto, no será más que un re-encuentro.

Material Clínico ilustrativo

Caso 1:

Se trata de una paciente que tiene conmigo seis años en análisis, cuatro veces por semana. Esta sesión que voy a narrar es la sesión del día viernes, pero en las tres sesiones anteriores la paciente ha traído un material con una situación inesperada para ella: El día lunes, en el cual no tiene sesión, recibe una llamada telefónica del padre pidiéndole un préstamo de una gran cantidad de dinero. Ella le pregunta de que se trata y el padre responde que …es una necesidad que él tiene y que ya le explicará con más calma. Ella se sorprende ante esta llamada telefónica y se muestra reacia al pedido. Ambos, la llamada y la petición del padre le han caído mal.

Este pedido repite circunstancias anteriores de su vida. Ella es una mujer casada, con 45 años de edad e hija única de una matrimonio intacto. Tiene tres hijos ya adultos. En la historia de su vida el padre siempre ha sido descrito en su análisis, como un …ser tramposo, estafador y fracasado. Sin embargo, este mismo hombre, es el padre a quien ella expresa querer a veces y despreciar otras. En cierta forma a ella le gusta mantener a esta figura, como la de un padre valioso. Este pedido de dinero le recuerda otros momentos de la historia de su vida. Cuando tenia diez años de edad y su padre quedó en la ruina. Este tuvo que vender todas las propiedades que tenía: el automóvil y el apartamento, dejando a su hija y a su esposa en la calle, quienes lograron refugiarse en la casa de los abuelos. El padre no enfrentó el problema y desapareció de sus vidas por varios meses.

La llamada telefónica le cayó muy mal. Ella piensa que finalmente tendrá que prestarle el dinero pues el no tiene a quien más acudir. Está molesta y dice …que se lo va a poner difícil, que va a hacer que él sufra, lo va a obligar a que la llame varias veces y le entregará el dinero por partes, de manera que la pase mal y sufra en la obtención de este dinero. Queda claro para mí, que ella, desde el primer momento ha decidido que si le prestará el dinero. Un punto importante de la llamada del padre, es que este le pide, que no le diga nada a su madre y la invita a la complicidad de un secreto. Ella está de acuerdo en no decir nada a la madre. El padre le ha dicho: …tu sabes como se pone tu mamá y hay que evitar eso. Todo este material lo trae ella a las sesiones de los días martes, miércoles y jueves. Es algo que la tiene muy molesta y muy rabiosa.

Durante estas sesiones yo observé la forma en la cual ella se relaciona con el objeto padre. Tal y como lo trae a estas sesiones, es la misma forma como ella se relacionaba con ese objeto paterno durante su infancia. Es una relación ambivalente de rechazo y aprecio con el padre. De gran molestia por recibir esta llamada de pedido de dinero y por otro lado, me lo muestra como una figura importante para ella, una figura de autoridad, invitándola como en otras oportunidades a la complicidad. Cosa que ella acepta.

A todo esto, yo pienso que ahora, 37 años después, ella se relaciona con el objeto padre de la misma manera que lo hizo en su infancia. En mis intervenciones durante estas tres ultimas sesiones, yo le muestro este aspecto de su relación actual con la figura del padre y la relación que tiene con el vínculo antiguo infantil. Detrás de estas intervenciones mías existe el pensamiento de que hay una oportunidad para ella de actualizar [resignificar] el tipo de vínculo que tiene con el padre. Después de tener una simple indignación infantil quiere …hacerle difícil el pedido y la obtención del dinero. Ella podría intentar ver de qué se trata ese préstamo, podría establecer un diálogo con su padre, preguntarle cuál es su dificultad. ¿Será una inversión que va a hacer? ¿Será una deuda que tiene y no halla como pagarla? ¿que pasa con él? Preguntar esto en vez de repetir incesantemente una indignación (infantil) con el padre malo, que la deja en la pobreza. Además, ¿por que no informar a la madre? ¿Por que no incluirla en este enorme drama de la deuda paterna? ¿Por que mantener a la madre en la posición de una niña que no puede ser informada de los problemas familiares?

Al trasmitirle todas estas ideas ella se indigna conmigo. Se puso muy brava, me decía que de alguna manera yo no entendía la gravedad de lo que significaba informar a la madre, que ella no podría soportar esa situación y que por lo tanto ella estaba en la obligación de proteger a la madre. Ella pensaba que tenia una semana entera para decidir, que haría con respecto al pedido de su padre, ya que este no la llamaría otra vez sino el próximo lunes.

Estaba claro para mí, que la analizante estaba muy contrariada y muy disgustada con su padre y a la vez conmigo. Yo le interpreto que su rabia hacia mi esta basada en que …yo no la comprendo y me pregunto, si en el fondo, ella desea que su padre la comprenda. Y yo le pregunto: ¿Qué es lo que ella quiere que su padre no comprenda? Ella dice que no sabe, que se siente como aturdida, como dando vueltas en el mismo punto, se siente como un disco rayado, siente impotencia ante su relación con el padre. Se siente caer en un punto muerto en donde la rabia y la indignación es lo único que le da una orientación, que le indica como proceder. Realmente ella no llega a establecer ninguna relación transferencial negativa intensa conmigo. Solo en ciertos momentos de las sesiones expresa toda esta rabia transferencial, pero yo diría que fue resuelta y que cuando llega a la sesión del viernes no existe una problemática de transferencia negativa.

El día viernes ocurre algo que es el motivo por el cual hago traigo este material clínico en relación a la escisión del objeto. Es usual en ella llegar 15 o 20 minutos antes de la hora y espera leyendo tranquilamente en la sala de espera, sola, hasta que llegua su hora y yo la haga pasar. El analizante anterior a ella sale por otra puerta. Por circunstancias de la vida que en este momento yo me atrevería a llamar circunstancias del azar, la persona que viene en la hora anterior a la de ella es una mujer de 55 años que tiene a su padre anciano con una enfermedad terminal y en los últimos días de su vida. Este hombre se está muriendo. Puede que muera dentro de un mes, dentro de una semana u hoy mismo. Para la paciente, su padre esta en sus últimos días. Esta paciente durante las sesiones de las dos ultimas semanas esta trabajando, de forma muy dramática e intensa, las dificultades que tiene para aceptar la muerte de su padre. La dificultad consiste en que se acusa cruelmente de no haber hecho lo necesario, ni lo conveniente para salvar a su padre. Cree que el se está muriendo por su culpa. Desarrolla intensos autoreproches. Los sentimientos de culpa inconscientes la hacen sentir sumamente atormentada. La magnitud de estos sentimientos de culpa es tan fuerte y sus autoreproches son tan resistentes y absurdos, que me ha preocupado la posibilidad de que esta paciente, a quien siempre la he considerado una neurótica narcisista grave, haga un episodio psicotico. Para el día viernes en cuestión, esta paciente (RA) había decidido llevar a su marido a la a sesión, cosa que ha hecho en muchas otras oportunidades. Cuando yo abro la puerta de la sala de espera y la paciente (RA) va a pasar a la consulta, me doy cuenta de que ese día ella ha invitado a su esposo sin haberlo consultado previamente conmigo. Al verlo allí pienso que ha ocurrido algo inesperado [la Tyque] y que hay una situación de emergencia, no se si tiene que ver con la posibilidad de que ella este en un episodio fuera de la realidad y rápidamente decido, que yo prefiero aceptar el hecho consumado de hacer pasar el marido con ella. Por lo tanto no hago ninguna observación y permito que el esposo pase a la sesión.

Quiero ver lo que ocurre en esta oportunidad. Los hago pasar y sentarse y espero el material emergente de la sesión. Ella abre la sesión, obviamente muy molesta y dice que ella quiso traer a su esposo a la sesión, porque ella quiere que su esposo pueda escuchar lo que ella tiene que decir. Lo que ella tiene que decir, es que ella quiere que el esposo se vaya de la casa, que no lo quiere ver más allí. Se trata de una solicitud dramática de separación, con un consecuente posterior plan para un divorcio definitivo. Ella agrega que le ha dicho esto a su esposo muchas veces y que él sencillamente la ignora, como si ella estuviera hablando en un estado de confusión o de pérdida de realidad. Ella quiere traerlo a la sesión para que él entienda que su pedido es claro, coherente y con una fuerte convicción.

Todo este material clínico de la paciente (RA) lo traigo a este texto, porque esta sesión va a transcurrir dentro de una violencia verval máxima, inaudita. La paciente (RA) en el curso de la sesión, se va a parar de la silla, caminará agitadamente por el consultorio y va a gritar al marido con todas sus fuerzas. Ella le dice violentamente, que si él no se va de la casa, que si él no entiende que su pedido es coherente, ella entonces lo va a matar. Lo va a matar esa misma noche. Que esta harta de verlo, que no quiere verle más la cara, que él no la comprende y que lo que hace es acusarla de estar loca y de que se esta volviendo loca por la muerte inminente de su padre. Ella dice que él no entiende lo que significaba la muerte de su padre para ella. Que ella no lo soportaba más. Ni tenia porque soportar más, ni su presencia, ni sus alegatos. Agrega que además de este enorme problema que es la gravedad y próxima muerte de su padre, él la acusa y la descalifica y que además ella sabe que él nunca la quiso. En su argumentación, se remonta a la historia del matrimonio 35 años atrás. Este modo de agresividad y violencia en la sesión, se acompaña en momentos, de la respuesta también violenta del marido aunque él se encuentra relativamente más tranquilo. Ella camina agitada de un extremo a otro del consultorio. Se vuelve a sentar, se vuelve a parar, vuelve a gritar etc. El punto importante de toda esta presentación que aquí hago, es que la paciente (BD), ha estado afuera durante los últimos veinte minutos de la sesión, está oyendo toda esta violencia, desatada en la sesión que la precede. La sesión de la paciente (RA) finaliza a la hora convenida. Durante toda esta sesión yo he permanecido tranquilo, sentado, haciendo continencia de los expresado por esta pareja. Me siento bien. Estoy acostumbrado a este tipo de sesiones, en donde hay a veces mucha violencia. Además pienso que esta sesión de afirmación y catarsis (acting out) de la paciente (RA) la va a aliviar considerablemente. Mucho más que cualquier cosa que yo le hubiera podido decir. Para mí este acting out fué bien venido.

Termina la sesión, escucho mis mensajes telefónicos, me sirvo un té y paso a la paciente (BD). Ella pasa y al acostarse en el diván me dice: …que no sabia que hacer en la sala de espera con toda la violencia que ella estaba oyendo. En un momento determinado quiso retirarse de la sala de espera y se fué al pasillo de afuera. Solo que allí parece que se oía igual de fuerte toda aquella violencia y aquella gritería. Ella vuelve a la sala de espera en donde al menos esta sola y en privacidad, allí se sienta, hasta que termina la sesión oyendo todo lo que se hablaba en términos de gritos. Una vez que ella vuelve a la sala de espera y entiende que no le queda más remedio que sentarse y oír este pleito entre esposos, comienza a recordar todas las escenas de violencia conyugal que tenían sus padres durante los años de su infancia. Desde muy niña hasta que ella se ausenta del hogar paterno, había frecuentemente episodios en donde la madre era quizás peor de lo que ella había oído que era la paciente (RA) con su marido cuando lo amenazaba con matarlo si no se iba de la casa. Fue entonces que ella, la paciente (BD), recordó y se puso en una situación de infancia en donde rememoraba todos estos pleitos de una manera vivencial. Recordaba, como su madre le reclamaba a su padre, todas sus insuficiencias, fracasos laborales y económicos. La estafa que le había hecho a la familia. Todas las veces que le reclamaba violentamente sus mentiras y cuando él le quitaba el poco dinero que la madre producía. El reclamo violento cuando dejaba tantas veces a la familia, en situación de indefensión económica. El reclamo violento de por que no le decía a ella lo que estaba pasando, que no la informaba de la naturaleza de su trabajo y de por que no producía dinero. En otros momentos la madre reclamaba por las largas ausencias del padre, en las que ellas quedaban virtualmente abandonadas ya que no sabían nada de el, ni siquiera si regresaría o cuando lo haría. En todos estos episodios de violencia conyugal, la paciente refiere que el padre tomaba una posición mas bien sumisa y pasiva. No decía nada y oía todos los reclamos violentos de la esposa, quien tenia razón, ya que realmente existía una situación grave de pérdida del patrimonio familiar y una gran incertidumbre de cómo lograr sobrevivir el mes. Estos altibajos económicos de recuperación por una parte e improductividad por la otra, ocasionados por el padre, que arrastraba a la familia a la pobreza, se repetían continuamente, al igual que los episodios de violencia conyugal. Yo oigo todo esto que narra la paciente (BD) y me doy cuenta de que es sorprendente que durante seis años, ella me ha traído al análisis la figura de un padre estafador, bastante impostor, mal inversionista y poco inteligente en la producción de su trabajo. Siempre fracasado. Pretencioso de lo que no es, siempre pretendiendo mostrar lo que no tiene. Va al aeropuerto y viene con un periodoco extranjero para pretender que viene de un viaje por grandes ciudades extranjeras, cuando en realidad nunca ha estado en ninguna de ellas. La paciente me ha mostrado el sentido de sus mentiras y de su impostura. Por otro lado me ha mostrado a la madre como una mujer sumisa, silenciosa, víctima, que lloriquea constantemente incapaz de vivir independientemente, incapaz de ganarse la vida, infantil y dependiente de un marido tramposo.

Estos son los dos objetos [padre y madre] que ella ha traído al análisis durante todos estos años. Yo escucho todo este material de hoy y me doy cuenta de que aquí hay un objeto dividido [escindido] en forma horizontal. El padre esta escindido con una parte fuera de conciencia reprimida y la madre igual esta escindida con una parte reprimida fuera de consciencia. Es solo en la sesión de hoy, gracias a este inesperado encuentro con el azar, en el que estando en la sala de espera, escuchando la violencia conyugal, logra rescatar, de ese sitio escindido y reprimido recuerdos de la madre agresiva y violenta, que la hacia sufrir en su infancia con estas escenas. Esta parte de la madre fuerte, capaz de confrontar violentamente al marido, es la parte que esta escindida y reprimida. Ella durante todos estos años nunca hablo de una madre violenta y capaz de reclamar violentamente lo que eran las insuficiencias y desafíar del esposo. A la vez, el padre también tiene una parte escindida y reprimida, que es la parte del padre que se queda callado, sumiso e indefenso ante toda esa confrontación verbal violenta de su esposa. Durante todos estos años, la figura del padre se mostraba como un activo estafador, fracasado y mentiroso. A la vez como un hombre poderoso capaz de realizar todas estas trampas y mentiras. A la vez querido y a la vez odiado. Es decir un padre fálico.

La sesión continúa. Yo le muestro este doble aspecto de la figura paterna y materna que ella tiene. Ella escucha y a la vez se siente sorprendida. La sesión sigue y ella continua interrogándose y rescatando de su memoria las distintas formas de la relación de ella con su padre y con su madre y también de la relación que existía entre ambos padres. También recuerda que ella misma entendía o había inventado que las ausencias de su padre se debían a que este tenía un trabajo en el interior y que eso lo obligaba a estar fuera de su casa muchos días. Luego llegaba a pensar que en ese sitio (XXX) en el que él estuviera trabajando, allí debía tener quizás, otra mujer y otra familia y comienza a recordar los efectos que le producía el pensar que su padre podía tener otra familia.

Pienso que esta en esta sesión del viernes, finalmente se muestran dos variables. La primera la que hemos trabajado en los tres días anteriores y que tiene que ver con una fijación a una forma de relacionarse con la figura paterna de la infancia. En esta línea ella prefiere molestarse con el padre. Percibirlo como una figura abusadora y estafadora y no decirle nada a la madre con la idea de evitarle todo sufrimiento. En la otra línea, que aparece hoy como una nueva variable, nos muestra a la figura de su madre como una mujer fuerte capaz de tener episodios de gran violencia y con capacidad de confrontar al padre. Cuando ella decide el día lunes anterior, al recibir la llamada del padre, que ella no informará a su madre de esta novedad del pedido de dinero del padre, no necesariamente esta protegiendo a la madre de un sufrimiento. Esta protegiéndose ella misma de lo que podría resultar un estallido de violencia entre la madre y el padre, al ésta darse cuenta de las andanzas económicas de su marido. Todo esto ocurre fuera de conciencia, ya que ella no recuerda las características confrontadoras y violentas de la madre. La complicidad sería solo “para proteger a su pobre madre” Al interpretarle esta idea pienso que existe la oportunidad de una resignificación de la parte escindida y disociada de la imágenes paterna y materna.

Creo que este punto ilustra (1) el tema de la escisión del objeto y (2) la controversia sobre la existencia o nó del azar en psicoanálisis.

Hoy en día pienso que el azar muchas veces hace presencia dentro del proceso analítico e introduce lo inesperado. Inevitablemente esto nos lleva a la reconsideración teórica del fenómeno del azar en la vida psíquica. Freud, durante muchos años plantea insistentemente la idea de que en la vida anímica no existía nada por azar. Al contrario cualquier fenómeno psíquico tenia una causalidad. Generalmente una causalidad inconsciente. Y si había suficiente tiempo para detenerse a examinar las causalidades de los acontecimientos anímicos, encontraríamos finalmente la causa que los precipitó. Por lo tanto Freud propone una ley para los fenómenos psíquicos que llamó la ‘Ley del Determinismo Psíquico’. Según esta ley todo fenómeno psíquico es producido por un algo, ya sea consciente o inconsciente. El azar, por lo tanto, queda fuera de consideración. Durante muchos años tome esta propuesta Freudiana a la letra. Hoy en día después de muchos años de práctica considero que el encuentro con lo inesperado existe en este mundo. El encuentro con un algo que no es producido por un mecanismo inconsciente, es posible. El fenómeno de la compulsión a la repetición y el retorno de lo reprimido, dan cuenta de casi todos los fenómenos psíquicos por vía de la causalidad inconsciente. Sin embargo el, encuentro del sujeto con algo inesperado introduce la posibilidad del azar. Lacan lo llamo la Tyche y en otro texto lo conceptualiza dentro del orden de lo real.

Caso 2:

Este caso ilustra el otro aspecto del problema de la escisión del objeto. Se trata de una viñeta clínica que me refiere un experimentado analista. Se trata de un paciente masculino de 40 años de edad que este analista había visto en tres sucesivas sesiones de evaluación. Un paciente que presentaba toda una serie de problemas muy serios de personalidad con inadaptación y fracaso laboral y familiar. Él consideró que este paciente necesitaba análisis y además el paciente estaba interesado en recibir análisis. El no podía tomarlo y por lo tanto lo refiere a otro analista. Este otro analista lo comienza a ver tres veces por semana y en la cuarta semana el paciente se suicida. Tanto el primer analista que lo evaluó, como el segundo que inicio el análisis, se sienten muy sorprendidos y conmovidos con este suicidio inesperado. Ambos deciden ir al velatorio y expresar las condolencias a los familiares de este paciente. Los dos pensaban que los familiares podrían estar muy molestos con ellos por el desenlace fatal que el caso había tenido y pensaron que ellos podrían reprocharles no haber podido evitar el suicidio. Sin embargo encuentran a los familiares muy amables y agradecidos por todo lo que los analistas hicieron por el paciente. Los familiares afirmaban que ellos no pudieron hacer nada por este hombre, que constantemente hablaba de matarse y que expresaba que la vida no tenía sentido. Por más que su familia había tratado de buscar opciones y soluciones, este hombre nunca las había aceptado. Decían que siempre fue muy negativo y que siempre habló de que la solución era morirse. Cuando el paciente les informa que pensaba ir al análisis, los familiares se sintieron muy contentos de que alguien pudiera intentar ayudarlo. El analista que me estaba refiriendo esta viñeta me dice entonces, que él se sorprende, porque éste hombre en las tres entrevistas de evaluación que tuvo con él y en las otras sesiones de análisis que tuvo con el otro analista, nunca hablo de los deseos de morirse, ni de la intención o planes de suicidio. Nunca presentó ningún tipo de ideología suicida, ni nada que pudiera hacer sospechar de este peligro, en este paciente.

Yo planteo que este paciente presenta una escisión vertical del objeto. Demuestra tener escindida la parte suicida, que aparece nada más que cuando se relaciona con sus familiares. No sabemos que tipo de vínculos tenia con la familia (madre, padre, hermanos). No tenemos información de su estructura familiar. Pero cualquiera que haya sido esta, su relación con el objeto familia, despierta en él esa parte suicida (escindida vertical). Cuando estaba en otra situación, que no tenía que ver con el vinculo familiar, no tenía ideas suicidas, ni hablaba sobre la muerte.

Cuando el primer analista le hace la evaluación, no escucha en el material nada que le haga sospechar la presencia de un deseo, una intensión o una peligrosidad suicida. Esta parte se hallaba escindida (vertical) y no relacionada con la otra parte del vinculo objetal. Por lo tanto no lo podía traer a la sesión analítica. Se podría decir que la escisión del objeto, que incluye la escisión del Yo, es de tipo vertical, mientras que en el caso anterior que he presentado, se podría hablar de una escisión, más de tipo horizontal, con elementos reprimidos y colocados fuera de la conciencia. Esta escisión vertical correspondería mas con los mecanismos tempranos, primitivos y narcisistas. La escisión horizontal corresponderá con mecanismos más propios del eje edipico de la constitución del sujeto.

BIBLIOGRAFÍA:

FREUD,S. (1895): Estudios sobre la Histeria

FREUD,S. (1927): Fetichismo.

FREUD, S. (1939): Esquema del Psicoanálisis.

LACAN, J. (1956): La relación de objeto.

Seminario 4. Editorial Paidos, 1994.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *