EN LA PISCINA CON HEGEL

Georg Wilhelm Friedrich Hegel 1770 1831 German philosopher19th century lithograph by Em Baerentzen Co From the book Figaro Journal of Literature Art and Music by Georg Garstensen Published 1841

EN LA PISCINA CON HEGEL

Romulo Lander [Caracas] 2008

Antes de bajar a la piscina en este agradable día soleado estaba leyendo un librito viejo y desgastado, bastante roto, que compré anoche al salir del cine en una librería de libros viejos y usados. Este es uno de los pocos libros que se encuentran referidos a la obra de Hegel. Hegel es un filósofo alemán de finales del siglo 18 y comienzos del siglo 19 [1820]. Hegel es un pensador absolutamente hermético e incomprensible. Hace varios años me atrajo su lectura y hasta me parecía que yo le entendía. Me entusiasmaba poder entender esos textos herméticos. Este librito que compré anoche, de unas setenta páginas fue escrito por un filósofo vietnamita de Saigón en el año de 1918, allá a comienzos del siglo veinte.

Sus ideas escritas en este pequeño libro me resultaron muy confusas, escritas de manera casi incoherente, pero las encontré estimulantes a mi pensamiento. Yo ya había leído bastante de Hegel y de Lacan, así que ya tenía mi versión personal de los conceptos hegelianos, los referidos a la dialéctica del <amo y el esclavo>, de <la negación del sí-mismo> y de <la lucha de puro prestigio> que son los temas de este libro.

En un comienzo hace muchos años cuando leí por primera vez estas ideas, pensé que eran ideas originales de Jacques Lacan. Lacan es un Psicoanalista francés muy querido y apreciado por mí. Esas ideas cuando las leí por primera vez me parecieron extraordinarias. Luego descubrí que esas ideas eran originales de Hegel. Había sido Hegel el que había producido tal maravilla. Creer que era Lacan el autor original de todo este asunto, solo refiere a mi propia ignorancia. En la orilla de la piscina cómodamente en la tumbona y ya con mis bronceadores colocados y tomando el sol caribeño, ordené mis viejas ideas y lo que recién había leído en el manoseado librito de Tran-Duc-Thao, el confuso filósofo vietnamita. Pensé para mí mismo las siguientes ideas, las cuales escribí de inmediato en un sencillo cuaderno Alpes. Un cuaderno de notas que siempre llevó conmigo en mis excursiones al Cerro del Avila y también a la playa o a la piscina. Por aquello de anotar las ideas que se me ocurren cuando estoy descuidado.

Allí escribí: …El <deseo del hombre> no designa nada más que la relación posible del hombre con su objeto original perdido. Me refiero a ese objeto perdido, allá en las primeras semanas y meses de vida. A eso Tran-Duc-Thao lo llama <la naturaleza>. Esta dialéctica entre el hombre y la naturaleza [el objeto perdido], se resuelve cuando el hombre se niega a si-mismo. Esta negación de si-mismo es lo que lo hace humano, ya que al negarse a si-mismo es cuando puede surgir y en efecto así surge <el deseo del deseo del otro>. Este deseo del deseo del otro no es otra cosa que el deseo de reconocimiento. Este deseo de reconocimiento lo va a llevar a arriesgar voluntariamente su vida en una lucha de <puro prestigio>. Esta lucha es para demostrarse a sí mismo, que existe <como un ser diferente>. Diferente de una simple existencia animal, surge así un ser digno de ser reconocido. En esta lucha del puro prestigio el vencido debe permanecer vivo, para así reconocer a su vencedor. El uno se va a transformar en la metáfora del amo y el otro en la del esclavo. Es oportuno aclarar aquí, que según mi visión de este complejo asunto, ambas figuras habitan la mente de un mismo sujeto. Es decir estamos hablando de que un aspecto de su ser <es el amo> y otro aspecto de su mismo ser <es el esclavo>.

Como ya dije, <el amo o el esclavo> adquiere la existencia propiamente humana negando en sí-mismo su existencia animal, mediante la lucha de puro prestigio. Esta lucha [en metáfora] es de vida o muerte. Es decir es una lucha donde se arriesga mucho. Y a mi entender, ocurre antes de los quince años de edad. Como consecuencia de esta lucha, el vencido, es decir el esclavo, es reducido a una simple <cosa>. Por otro lado la característica humana del amo es breve, puesto que lleva una existencia ociosa. El esclavo sometido al estudio y al trabajo, fabrica con su trabajo las condiciones de una liberación efectiva. Pero el hombre no es verdaderamente humano sino cuando ha arriesgado su vida [su existencia conocida] para afirmar <su propio sentido>. A lo largo de la vida, la lucha por el trabajo y la lucha por el reconocimiento son las que marcan el destino progresivo del hombre.

La liberación resulta ser ilusoria cuando el esclavo no ha arriesgado su vida en una lucha por el reconocimiento. El cristianismo y las otras religiones, no logran como buenamente se proponen, la <igualdad entre los hombres>, sino que ilusoriamente los colocan a todos, en una servidumbre común a un solo amo, que desgraciadamente les ofrece demasiada tranquilidad. El esclavo liberándose del amo terrenal, se ha esclavizado al amo divino. Una nueva esclavitud que se origina en el mismo problema: el miedo a la muerte.

Por eso el joven debe atreverse en su lucha por el puro prestigio a desafiar la muerte. Una lucha que simbólicamente es a muerte y otras veces no, ya que es muy real. En ciertas culturas aborígenes el <rito de pasaje> a la adultez, se fundamenta en un desafío que ocurre en la profundidad de la selva. Allí el joven desafía con coraje a la muerte. Al regresar de ese ritual de pasaje, el joven ha entrado de verdad en la adultez. Ha desafiado a la muerte. Y ha sobrevivido. La liberación verdadera vendría según Hegel, en negar la existencia de Dios, negar la vida eterna y aceptar la idea de la muerte, como el final de todas las cosas. Aceptar el reconocimiento que existe entre los hombres y mujeres que se han <jugado la vida> en la lucha por el puro prestigio les abre la posibilidad a una existencia en plenitud y vuelve inútil la idea de esperar por una vida eterna, ubicada en un supuesto más allá.

Estas ideas, planteadas de otra manera, también las he encontrado, en los textos de Miguel de Unamuno, Pio Baroja, Thomas Mann, Nikos Kazantzakis, John Irving y recientemente en Haruki Murakami. En lo personal las encuentro absolutamente válidas. El sol ya se ha retirado de la piscina. Es la hora de recoger las cosas y regresar al apartamento.

Caracas, Mayo del 2008.

 

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