DOS ASPECTOS DE LA CASTRACIÓN

DOS ASPECTOS DE LA CASTRACIÓN

Rómulo Lander [Caracas]

Es importante comenzar por aclarar la importancia que tiene en el desarrollo de la mente humana la realidad de la diferencia anatómica de los sexos: Esta teoría sobre la diferencia anatómica de los sexos refiere a la presencia visible del órgano sexual masculino [pene] que va a permitir establecer una diferencia irreductible de los sexos, en dos tipos: hombre y mujer. La ausencia del órgano sexual masculino en la mujer va a ser descubierta por el niño o niña en algún momento de su infancia. La manera en que asimile este descubrimiento va a influir mucho en su organización sexual presente y futura. De allí se da origen a una gran variedad de tipos en la organización sexual humana la cual va a tener efectos en la formación de la identidad sexual del sujeto. Aparece así la posibilidad de la diversidad sexual. Todas esas variaciones son formas alternas y normales de organizarse la sexualidad humana, sea ésta hetero, homo, trans o bisexual.

1o. La teoría del complejo de castración

La teoría del complejo de castración refiere a un conjunto de fenómenos psíquicos inconscientes, relacionados con la teoría sexual infantil de la pérdida del pene. El sujeto varón y hembra entran dentro de la dialéctica del complejo de castración después que han reconocido y aceptado la diferencia anatómica de los sexos.

(a) En el varón

Ambos sexos van a aceptar que existen seres que no portan el pene. El varón padecerá de la angustia de castración que significa no solo la posibilidad de la pérdida del amor, sino la posibilidad de la pérdida de los genitales, porque sabe que existen seres sin pene. Para la niña los efectos del complejo de castración son muy diferentes y controvertidos.

(b) En la niña

Para Freud la niña que reconoce ser portadora de un pene muy chiquito: clítoris, va a sufrir un sentimiento de incompletud y desarrolla una envidia por el pene. Freud en 1931 y 1932 plantea que para la niña el complejo de castración tiene tres salidas.

(a) La represión de su sexualidad: En este caso aparecen severos síntomas neuróticos con inhibición en las capacidades sexuales de la futura mujer.

(b) La niña no acepta la ausencia del pene: Al no aceptar la castración la niña desarrolla como consecuencia un complejo de masculinidad.

(c) La niña si acepta la ausencia del pene: Al aceptar la castración y estar conforme con sus órganos sexuales, por esta vía la niña va a desarrollar lo que se llama el carácter femenino.

El estatuto de la castración

El estatuto de la castración remite a una experiencia psíquica compleja por la cual atraviesa varias veces el infante humano desde el momento en que descubre la diferencia anatómica de los sexos. Este es un encuentro traumático con una realidad aterradora, representada por la visión de los genitales de otros niños que le revelan la verdad intolerable de la diferencia anatómica de los sexos. Anterior a este encuentro inaugural el infante de ambos sexos ha construido la ficción y creencia que le atribuye un pene a todos los seres humanos. Esta premisa del pene universal es confrontada en forma traumática cuando el niño descubre la diferencia anatómica de los sexos y experimenta por primera vez la angustia de castración.

Organización de la castración en el varón

(a) El niño varón construye la ficción de que todo el mundo tiene un pene semejante al suyo. Hay un período donde el niño se reconoce como varón por identificación con los significantes que provienen de sus padres que lo nominan, aún en desconocimiento de la diferencia anatómica entre los órganos sexuales masculinos y femeninos. Así, la condición previa para la experiencia psíquica de la angustia de castración está en la ficción de la posesión universal del pene.

(b) Llega el momento del descubrimiento visual de la zona genital femenina. Descubre que al menos un ser está desprovisto de pene. El niño no descubre la presencia de la vagina, sino la falta de pene. Freud en su texto sobre La disolución del complejo de Edipo en 1923 dice lo siguiente: ‘se le presenta alguna ocasión de contemplar la región genital de una niña y convencerse de la falta de aquel órgano del que tan orgulloso está, en un ser tan semejante a él. De este modo se hace ya posible representarse la pérdida de su propio pene y la amenaza de la castración comienza entonces a posteriori a sentir sus efectos. El niño se resiste a la fuerza de la evidencia y trata de encontrar explicaciones: será que el pene es pequeño y le va a crecer luego’.

(c) Solo cuando descubre que la madre también está carente de pene y que las mujeres no tienen pene, es cuando el niño acepta la horrible verdad de que hay seres sin pene. La percepción visible de la ausencia de pene en las mujeres y la evocación auditiva de los inevitables regaños y amenazas parentales, establecen las condiciones principales para la aparición de la angustia de castración.

(d) El niño varón va a ingresar en el complejo de Edipo llevado por la madre quien lo introduce en la metáfora del padre, independiente de la presencia o ausencia de un padre en la casa. Al momento de iniciarse esta relación triangular, el niño ya ha vivido la primera versión del complejo de castración.

(e) El complejo de castración es inconsciente y la angustia se hace detectable a través de los síntomas que produce el niño en esa época: terrores nocturnos, síntomas psicosomáticos como asma, infecciones respiratorias y naso-faríngeas, otitis y dermatitis variadas.

(f) El complejo de castración no es un fenómeno cronológico correspondiente a la infancia. Al contrario la angustia de castración puede aparecer en distintas épocas de la vida como por ejemplo angustia ante la posibilidad del fracaso o angustia de tipo escénica.

¿Pene o falo?

Hasta ahora he utilizado en forma consistente el término pene. Esto se debe a que el Real del cuerpo tiene su importancia en la organización sexual. La diferencia anatómica de los sexos remite a un Real. Es decir a un órgano sexual visible: el pene. Mientras que el estatuto del falo remite a un significante. Si retomamos por un momento la totalidad del complejo de la castración en ambos sexos, a saber:

(a) La universalidad del pene en ambos sexos

(b) El descubrimiento de la diferencia anatómica de los sexos

(c) La amenaza de castración simbólica

Entonces podemos deducir que el punto central en torno al cual se organiza el complejo de castración en ambos sexos deja de ser el órgano anatómico sexual y pasa a ser su representación psíquica, la metáfora fálica, el significante falo. Así el niño percibe el falo como el atributo. El significante poseído por algunos y ausente en otros.

El complejo de castración en la niña

A pesar de tener dos rasgos en común con el complejo de castración del varón, el complejo de castración femenino se organiza de manera diferente.

(a) Tanto el varón como la hembra sostienen la ficción que le atribuye un pene a todos los seres humanos. La niña desconoce la presencia de su vagina pero reconoce la existencia de su clítoris al cual le otorga gran valor.

(b) Cuando la niña descubre la diferencia anatómica de los sexos, la visión del pene la obliga a admitir de modo definitivo, que ella no posee pene.

(c) Para el varón los efectos de la experiencia visual son progresivos. Para la niña son inmediatos. El varón teme ser castrado y vive la angustia de la amenaza. La niña experimenta el deseo de poseer lo que vio y que sabe no tener.

A la niña todavía le falta por descubrir que la falta de su pene no es un problema individual. Las otras mujeres y entre ellas su propia madre también está castradas: no tienen pene. Al hacer este descubrimiento la niña se aparta de la madre y en algunos casos con desprecio y odio. El varón se aparta de la madre por efecto de la angustia. La niña encuentra así la primera y única experiencia de castración que provoca odio hacia la madre. Esta experiencia revive el resentimiento anterior por el destete. En algunos casos la niña reacciona de otra manera ante la diferencia anatómica de los sexos. En estos casos no acepta la ausencia de su pene. Insiste en que ella podría poseer algún día un pene como el que ella vio en el varón. Esta decisión va a modelar el destino de su vida. Freud en 1925 dice: ‘se aferra con tenaz afirmación a su masculinidad amenazada’. El deseo inconsciente de ser un hombre pasa a constituir el objetivo de su vida.

Castración y Edipo en la niña

La niña ingresa en el Edipo ya castrada y con su envidia del pene ya instalada. Espera encontrar en el padre el falo que le falta y la complete. Aspira a un hijo de él. Este objeto incestuoso padre testimonio de un Edipo positivo, está prohibido por la ley ancestral del incesto, pero no hay la amenaza de castración que pesa sobre el varón. Por lo tanto el romance Edípico se alarga y no se disuelve el deseo Edípico sino años después con la madurez física de la hija y la aparición de la menarquia. A veces se disuelve solo después que la hija hembra ha dado a luz su primer hijo.

2º Lógica del Falo

En la conferencia presentada por Lacan en el Instituto Mark Plank de Berlín, titulada <La Significación del Falo> (Escritos 2, 1958) quedó claro que es necesario comenzar por diferenciar, en relación a la lógica del falo, dos propuestas fundamentales: (a) La teoría de la significación del falo y (b) la teoría del significante fálico.

(a) Teoría de la significación del Falo: En la lógica del falo, el pene se convierte en el referente, remite a la presencia del órgano sexual visible. Cuando por el lado de la significación se remite al órgano, se confirma la diferencia de los sexos siguiendo la dialéctica de su presencia/ausencia. Por esta vía se da espacio a la aparición del complejo de castración.

(b) Teoría del Significante fálico: Aparece el falo como metáfora. La metáfora del falo en uno de sus aspectos, refiere al órgano sexual visible. En su otro aspecto refiere al primer significante. El falo es el significante del deseo del otro. Este significante fálico es misterioso ya que ambos sexos a la vez, lo poseen y no lo poseen y cada sexo en ficción, le asigna al otro, la presencia o ausencia de estos significantes fálicos.

Lógica del falo

Por la vía de la lógica del falo, ambos sexos entran en la trampa de la apariencia y el engaño, padeciendo de la ilusión de tener, lo que en el fondo no tienen. Esta proposición de la lógica fálica se complica, ya que el hombre es el que detenta el órgano de significación fálica. La mujer, al no detentarlo (razones anatómicas), se va a organizar y a quedar marcada por la incompletud, es decir por la <lógica del no-todo>. Esta lógica va a contribuir a la organización del carácter femenino (o la esencia de lo femenino).

Ser el falo del Otro

Tanto el hombre como la mujer, para gozar con el cuerpo del otro (goce fálico o también llamado goce de órgano) tienen que transformar al otro, en sentido metafórico, en su falo. La mujer le da y le quita el falo al hombre. Ambos sexos van a quedar marcados por la angustia de la diferencia de los sexos. Ambos se saben no portadores del falo, desean el falo del otro. La paradoja está en que es el otro el que le otorga el falo. En el fondo remite a la angustia de castración. Jaques Lacan en sus Escritos 1 [1958] dirá que lo real del goce sexual está en el falo, es decir en aquello que no se tiene y que se encontrará en ficción, en el campo del otro. Dice: ‘que el falo sea un significante es algo que impone, que sea en el lugar del otro, donde el sujeto tenga acceso a él. Pero como ese significante, no está allí, sino velado y como razón del deseo del otro, es ese deseo del otro, como tal, lo que al sujeto se le impone reconocer’.

La relación entre los sexos

El falo es el significante destinado a designar en su conjunto los efectos del órgano. Así, el falo no es ni bueno, ni malo, ni externo, ni interno. El falo es un significante. Los efectos de su presencia producen una desviación de las necesidades del hombre. El hombre por el hecho de que habla, somete su deseo a la demanda. Las necesidades sexuales presentadas como demanda, van a retornar siempre parcialmente insatisfechas. Las relaciones sexuales en la pareja humana están atrapadas en este campo cerrado del deseo sexual. La dificultad surge en dos aspectos. Primero, la siempre insatisfecha demanda sexual plena y segunda, la duda sistemática del amor del otro por efecto de la falta en ser. El otro siempre se va a encontrar en tela de juicio, por la demanda inevitable de la prueba de amor. Como sabemos está prueba de amor caerá siempre en lo imposible. La respuesta satisfactoria a esta prueba, solo puede surgir en el lugar del sujeto que la formula. Por lo tanto el interrogado siempre dará una respuesta insatisfactoria. La falta en ser, constitutiva del sujeto humano, pone de manifiesto que el sujeto y su otro no podrán, ni pueden satisfacerse plenamente nunca. Como esta relación no puede llenar la falta en ser, y siendo el falo un significante deseado (para llenar esa falta), es por eso que se impone, que solo sea en el lugar del otro donde el sujeto tenga acceso ilusorio a ese falo tan deseado. Por eso Lacan dice, que el falo es el significante del deseo del otro. Es así inevitable que en ambos sexos el órgano de la significación pase a tomar un valor de fetiche.

El falo y la máscara de la apariencia

Ambos sexos tienen y no tienen el falo como significante. Como este significante aparece en el lugar del otro, es inevitable que ambos sexos entren en el juego de las apariencias. Este juego de apariencias y engaños fálicos entre los sexos, se enriquece y complejiza en la progresiva articulación social. Surgen ideales fálicos asignados arbitrariamente al ropaje y compartimiento de cada uno de los sexos. El hombre y la mujer no pueden escapar de esta dialéctica, solo hasta el momento en que todos los significantes cesan. Me refiero al momento de la copula sexual. En ese breve momento del coito se suspenden los significantes y por ende las mascaras. Los múltiples significantes fálicos reciben su vigencia en la necesidad que tiene el sujeto de pertenencia y de ser deseado/a por el otro. La máscara o también llamada apariencia significante, coincide en el hombre con la tenencia del órgano de significación. La máscara en la mujer, sus significantes fálicos por los cuales desea ser deseada no corresponde con la tenencia del órgano de significación. La mujer es no-toda. La mujer encuentra la significación de su propio deseo, en el cuerpo de aquel a quién se dirige su demanda de amor. De nuevo el órgano fálico adquiere el valor de fetiche. Lacan plantea que en el juego del sexo, la mujer va a rechazar la parte esencial de su feminidad (ser no-toda), en su lugar mostrará su máscara y sus significantes fálicos. <Es por lo que no és, que la mujer logra ser deseada> Escritos 1, Pág. 292.

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