CONCEPTO DE DEPRESIÓN EN CLÍNICA PSICOANALÍTICA

  1. ¿Estructura o síntoma?

Desde un punto de vista de la nosología psiquiátrica la depresión se considera una entidad clínica definida. Se conceptualiza por un conjunto de manifestaciones observables que las agrupa como una entidad clínica diagnóstica. En el psicoanálisis estructural la depresión es vista de otra forma. Se considera un síntoma que se instala en la estructura clínica inconsciente de un sujeto en particular. La depresión no es una estructura inconsciente por sí misma. Por lo tanto, podemos tener síntomas depresivos en estructuras inconscientes neuróticas de tipo histéricas, obsesivas, psicosomáticas o en las psicosis propiamente dichas. Existen una serie de estados mentales similares que tienen algunos razgos en común con el síntoma <depresión>, pero que sin embargo son diferentes unos de otros. Me refiero a la diferencia que existe entre la depresión y el duelo, el vacio, el goce y finalmente entre la depresión y el acto suicida, que son cosas diferentes.

  1. Depresión y duelo

El duelo es un estado afectivo normal producido por la pérdida de un objeto de amor o su equivalente metafórico (la libertad o los ideales). Se caracteriza por la presencia de tristeza, llanto, dolor psíquico y retraimiento. En el proceso del duelo, el Yo del sujeto tiene que hacer un doloroso trabajo de aceptar la pérdida del objeto amado. Esto significa lograr paulatinamente el retiro de la investidura libidinal (catexias) que están colocadas en el objeto perdido. A su debido tiempo, cuando el duelo sigue un curso normal, el sujeto podrá hacer investidura de catexia libidinal en un nuevo objeto de amor. Por esta vía termina el duelo y el sujeto sigue adelante con su vida. Este proceso normal de duelo se puede patologizar por diversas razones.

  1. Las pérdidas necesarias

A lo largo de la vida el sujeto tendrá que enfrentar progresivamente la separación y pérdida del objeto de amor. Asi el bebé se tendrá inevitablemente que separar del pecho alimenticio (o el biberón) para seguir su desarrollo. Se separará de la madre (o substituta) de quién está apegado/a para lograr adaptarse al pre/escolar. Y asi susesivamente a lo largo de toda su vida. La dificultad o incapacidad para aceptar y tolerar las pérdidas necesarias solo tendrán como consecuencia la detención del desarrollo y la permanencia de un estado mental infantil.

  1. El duelo patológico

Cuando la relación previa con el objeto perdido ha sido predominantemente ambivalente producida por la presencia de intensas pasiones de amor y odio, el sentimiento inconsciente de culpabilidad hacia el objeto perdido, va a dificultar o entorpecer gravemente el proceso del duelo normal. Se establecen mecanismos de autocastigo y de penitencias autoimpuestas para calmar los sentimientos inconscientes de culpabilidad. Entramos así, en lo que podemos llamar –patología del proceso del duelo (Freud, 1917). Como todos sabemos, la clínica de un duelo patológico varía según el principio del caso por caso.

Es útil aclarar que la patología del proceso del duelo se puede originar por otras razones, diferentes a la producida por los sentimientos inconscientes de culpabilidad. Me refiero a los casos en que la relación con el objeto amado (relación self/objeto) ha tenido características simbióticas o de fusión con el objeto. En esos casos el sujeto sobreviviente, siente que la pérdida del objeto de amor es intolerable. Siente que el mundo se acaba, que ya no tiene piso sobre el cual pararse. Desean morirse y desaparecer junto al objeto de amor. Cuando el objeto de intensa dependencia o de relación simbiótica ha desaparecido, el sujeto abandonado siente que sin ese objeto, sencillamente ya no le es posible vivir. La experiencia muestra que luego de un breve período, el sujeto establece bastante rápido, una nueva relación simbiótica que va a permitir la sobrevivencia.

  1. El estado depresivo

Como dije anteriormente se trata de un síntoma que se instala en la estructura neurótica o psicótica cuando se cumplen cuatro requisitos: (a) cuando previamente en la historia del sujeto existe <un predominio> del vínculo de odio con el objeto (b) Va devenir posteriormente en odio a si mismo. (c) cuando este odio al objeto va unido a la aparición azarosa de una experiencia de fracaso y (d) La pérdida de la esperanza.

(a) Sobre la lógica del odio

El odio al objeto es algo inevitable en el ser humano. Es inevitable porque la relación temprana del niño pequeño con su madre implica la doble experiencia con el pecho: de satisfacción y frustración (Klein, M. 1932, 1952). La experiencia de satisfacción va a producir la introyección de un objeto amado (objeto bueno) y la experiencia de frustración con lleva la introyección del objeto odiado (objeto malo). Esta dialéctica es inexorable inevitable. Por lo tanto si todos nosotros tenemos en mayor o menor grado un vínculo de amor/odio con el objeto, teoricamente todos tenemos la posibilidad de instalar un síntoma depresivo. Lo cual es cierto. Pero, para que se instale en forma patológica, se necesita que previamente exista un predominio del vínculo de odio, sobre el vínculo de amor. Además se necesita del desencadenante de la experiencia de fracaso.

(b) El odio a si mismo

El predominio del odio al objeto en el infante, va a provocar excesivas introyecciones identificatorias con el objeto odiado, provocando una disminución del amor o de la estima por sí mismo, o si se quiere una disminución de la autoestima en el sujeto. Cuando el odio al objeto se convierte en odio a sí mismo, se da inicio a las manifestaciones sintomáticas de un estado depresivo. Si la historia del desarrollo temprano del sujeto ha mostrado dificultades adicionales, es posible que este tipo de sujeto funcione con un predominio de mecanismos mentales primitivos con serias dificultades en la capacidad de discriminación del sujeto con el objeto (discriminación self/objeto). Esto lleva a la pérdida de la capacidad de alteridad y a la tendencia a la fusión objetal, lo cual unido a la ausencia o disminución de la autoestima, nos explica la intensidad y fijeza de algunos estados depresivos.

(c) La experiencia del fracaso

Las experiencias ulteriores de la vida, que incluyen las experiencias subjetivas de éxito y de fracaso en cualquiera de sus formas: fracaso escolar, amoroso, profesional, familiar, financiero, pérdida de la belleza, pérdida y mutilación de órganos, que introduce en la escena, la ficción de la castración imaginaria. El fracaso vivido (experiencia subjetiva) puede contribuir a desencadenar la presencia del odio que ya pre-existe en el sujeto. Por vía de la envidia y de los celos el sujeto va a odiar al objeto. En mi opinión la energía para el odio, que en último caso puede provocar la muerte del sujeto, proviene de la pulsión de vida y no de la pulsión de muerte. Por lo tanto siempre me encuentro en desacuerdo con el cliché repetido una y otra vez, de que un acto suicida no es más que la pura expresión de la pulsión de muerte.

(d) La desesperanza

La desesperanza refiere a la renuncia del sujeto de ser amado por el otro. Si el odio al otro, que debido al mecanismo del regreso de lo proyectado, termina siendo odio y desprecio a sí mismo, y este mecanismo coincide o es simultáneo con el sujeto en estado de desesperanza, que refiere como hemos visto a la renuncia de ser amado por el otro, este odio a sí mismo, va a ofrecer la energía necesaria para mantener este estado depresivo. El sujeto que renunció a ser querido por el otro y el otro como objeto odiado (objeto internalizado) mantiene esta dialéctica de desesperanza.

  1. La clínica del vacio

La experiencia analítica actual nos muestra repetidas veces la existencia de nuevas patologías. Es común escuchar el síntoma de la presencia de un vacio interior. Un algo indefinible, un vacio en el pecho acompañado de un malestar sin nombre, a veces con angustia y con la sensación de no tener un propósito en la vida. A veces estos pacientes se preguntan ¿para qué vivir? Algunos pacientes lo califican espontáneamente como un problema depresivo crónico. El estudio de este síntoma, cada vez más frecuente, nos ha llevado a interesantes descubrimientos.

El sujeto en cuestión, es capaz de establecer relaciones objetales significativas y establece transferencia con el analista, lo cual nos deja ver que no se trata de un nucleo autista neurótico (Tustin, F. 1965). Sin embargo en estos casos que presentan una clínica del vacio, encontramos que a pesar de establecer vínculos de amor y odio y tener una vida familiar y profesional activa, refieren la presencia a lo largo de toda su vida de este vacio interior y de la sensación de no tener un propósito en la vida. Lo que han hecho y tienen, lo han logrado pasivamente empujados por los ideales y propósitos de la familia. Es importante mencionar que estos analizandos no presentan una disminución de la autoestima, ni una dialéctica intensa de odio a si mismos. La esperanza aparece cuetionada. No hay una clínica depresiva verdadera.

  1. Lógica del vacio

En el estudio de la historia infantil de estos sujetos encontramos sujetos muy inteligentes, capaces de luchar por la supervivencia, pero con una particular dificultad en la relación temprana con la madre. Madres presentes, pero frías y distantes. Más que la presencia de un objeto materno odiado, encontramos la presencia de un objeto ausente. Así la psique de estos sujetos se constituye con un hueco estructural. Un hueco que puede variar de dimensiones según haya sido la magnitud de la percepción subjetiva de la ausencia del objeto materno. Entran en la relación triangular con el padre e instalan un complejo de edipo. En algunos casos un edipo positivo y en otros un edipo negativo. Así encuentro casos de mujeres casadas y con hijos, que disfrutan hasta cierto punto su vida erótica heterosexual, pero que anhelan el amor de una mujer (la madre ausente). Igualmente a veces encuentro una clínica del vacio en mujeres bulimicas. Los hombres con una clínica de vacio muchas veces buscan llenar el hueco constitutivo con actividades compulsivas como la seducción y el donjuanismo, o el juego y el alcohol. Todos estos síntomas <que tienen la intensión> de aliviar el vacio interior, serán intentos fallidos, porque la sensación del vacio corresponde con un hueco estructural, que puede ser aliviado con un artificio de la vida: el síntoma. Pero, el hueco en sí, no puede ser curado. Es parte constitutiva del sujeto. Hay que aprender a vivir con eso.

  1. Lógica del sufrimiento

La teoría del goce es introducida en psicoanálisis por Jaques Lacan en la década del sesenta en su famoso seminario de la Etica (Lacan, J. 1960). Esta innovación representa una contribución muy importante al psicoanálisis, ya que nos va a permitir avanzar en el estudio del sufrimiento psíquico. Recordemos que Sigmund Freud ya había introducido en 1905 y luego en 1924 amplió su teoría del masoquismo humano (Freud, S. 1905, 1924). Allí Freud distinguió tres tipos de masoquismos: el masoquismo sexual, el moral y el femenino. En esta teoría, el masoquismo es producto de un conflicto inconsciente de culpabilidad, del cual naturalmente el sujeto no tiene consciencia. Este conflicto de culpabilidad inconsciente, empuja irremediablemente al sujeto a buscar formas de sufrir (expiación inconsciente). La paradoja nos muestra como este sufrimiento representa a la vez un alivio para el sujeto. Es necesario precisar que en esta clínica del masoquismo no encontramos ninguno de los elementos de la lógica depresiva. No existe un desencadenante de fracaso, ni existe un predominio de vínculo de odio con el objeto, ni una autoestima disminuida, ni la desesperanza. Al contrario el masoquista muchas veces muestra su gran autoestima, su posición de afirmación en la vida y su capacidad de tolerar (disfrutar) el dolor y el sufrimiento. Esta claro que son dos tipos de clínicas diferentes. La lógica masoquista es una cosa y la depresiva es otra.

  1. Clínica del Goce

Pero resulta que en la clínica psicoanalítica actual existen sujetos que no pueden escapar de la necesidad de sufrir (Lacan, J. 1960, Lander, R. 1996). Es más, para mantener su equilibrio psíquico, necesitan sufrir. Al estudiar estos casos encontramos que no corresponden al masoquismo clásico freudiano. No encontramos indicios de sentimientos inconscientes de culpabilidad. Sin embargo la permanente búsqueda de sufrimiento se mantiene presente. Lacan introduce su teoría del goce como un fenómeno estructural del cual ningún ser humano puede escapar. Siguiendo a Freud, Lacan plantea que es un algo implícito en la lógica de la pulsión. Se ubica en un más allá del principio del placer freudiano (Freud, S. 1920). Toda persona tendría un montante de goce en su vida cotidiana. Este goce, está más allá del placer, es decir se plantea como una forma especial de regodeo en el sufrimiento. A esto se le llama goce. Cuando el montante de goce es elevado, el analizando se nos presenta con una clínica similar a la depresiva: una situación de vida que inevitablemente le conduce al sufrimiento, una incapacidad de resolver la situación (porque en el fondo no desea resolverla), la paradoja nos muestra un deseo de no seguir viviendo de esa forma (ya que se encuentra atrapado), una cierta desesperanza a veces con llanto (otras veces no) y una ausencia de la alegría de vivir. La historia de infancia revela la presencia de serias dificultades en los primeros años de viva. Así encontramos historia de abandonos, carencias y pérdidas graves. Historia de guerra, muerte, pobreza. Separaciones traumáticas de los padres con abandono afectivo. Drogadicciones y patología mental grave de los padres. Este panorama patológico de la temprana infancia, introduce un montante cotidiano de sufrimiento que queda inscrito en la estructuración de la personalidad. Otros sujetos tienen en su historia un monto de sufrimiento menor. Lo importante es que este goce (sufrimiento) es necesario para el equilibrio psíquico de estos sujetos. Por lo tanto no puede ser <curado>. Muchos de estos analizandos durante el proceso analítico aumentan el conocimiento que tienen de si mismos. Abren nuevas oportunidades para vivir mejor, rescatan mucha de la capacidad de placer ubicada en su vida sexual, pero no logran deshacerse de su necesidad de sufrir. Su necesidad de goce es parte de su ser, necesaria para su equilibrio psíquico. Es útil aclarar que estos analizandos no presentan una dinámica de odio al objeto, ni a sí mismos. No presentan una disminución de la autoestima. Asi pués el estado de goce, no es un estado depresivo per se, ni un estado masoquista.

Depresión y acto suicida

El suicidio es un acto, pero no todo acto suicida surge de un sujeto con clínica depresiva. La lógica del acto suicida nos permite diferenciar al menos dos tipos fundamentales de acto suicida. (a) el acto suicida como síntoma (b) el acto suicida radical. No voy a presentar en este trabajo la lógica del acto suicida. Solo voy a hacer ciertos enunciados que pueden ser profundizados en mi trabajo titulado <Lógica del acto suicida>.

Abordaré el estudio del acto suicida desde dos vértices diferentes. Primero el acto suicida que se origina en un acting out del sujeto. Me refiero específicamente al <acto suicida como síntoma>. Segundo, el acto suicida originado en un pasaje al acto. Aquí me refiero al <suicidio radical>. La ética y la estética de ambos actos estarán determinadas por la dinámica del odio y la del sacrificio y los ideales. Fundamento la diferencia de estos dos actos suicidas en los conceptos psicoanalíticos del <acting out> y del <pasaje al acto>.

(a) El suicidio como síntoma

Provoca una muerte equivocada. Se trata de una muerte que no ha debido ocurrir. El sujeto potencialmente suicida, en medio de un serio conflicto neurótico o psicótico puede poner en escena su violencia suicida <sin saber> con claridad el motivo por el cual busca la muerte. Es una escena donde alguien resulta muerto sin saber las razones de su propia muerte.

(b) Acto suicida radical y heroico

Lo llamo así porque en este acto suicida existe una buena razón para morir. No se encuentra la clínica de la desesperanza, ni el vínculo dramático de odio al otro y a sí mismo. El deseo de ser el deseo del otro está intacto. El deseo de ser amado está satisfecho. No hay desesperanza, ni desvalorización personal. Incluso puede existir una intensa catexia objetal libidinal con vínculo de amor al objeto. Sin embargo el sujeto tiene un claro deseo de morir y una lógica de la muerte.

Bibliografía

FREUD, S. (1905): Tres ensayos para una teoria sexual.

Obras Completas. Amorrortu, vol.VII.

FREUD, S. (1917): Duelo y Melancolía.

Obras Completas. Amorrortu, vol.XIV

FREUD, S. (1920): Mas Allá del Principio del Placer.

Obras completas. Amorrortu Editores. Vol. XVIII. Buenos Aires

FREUD, S. (1924): El problema económico del masoquismo.

Obras Completas. Amorrortu, vol.IXX.

KLEIN, M. (1932): Psicoanálisis de Niños.

Obras completas. Paidos. Buenos Aires, 1977.

KLEIN, M. (1952): Algunas conclusiones teóricas sobre la vida emocional del

lactante. Obras completas. Paidos. Buenos Aires, 1977.

LACAN, J. (1949) Estadio del Espejo.

Escritos Vol.1. Siglo XXI Editores, 1971.

LACAN, J. (1960): La Etica del psicoanálisis .

Seminario 7: Editorial Paidos. Buenos Aires.

LANDER, R. (1996): Sufrimiento y Goce: ¿Síntoma o estructura?

Revista Trópicos. Año 5, Vol: 1 y 2. Sociedad psicoanalítica de Caracas. 1966

LANDER, R. (1997): Lógica del acto suicida.

Conferencia dictada en UCV. Copia mimeografiada. Caracas, 1997.

TUSTIN, F. (1965): Estados Autistas.

En El autismo neurótico. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1970

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *