Clínica de la vida amorosa

El estudio de la vida amorosa es algo complicado ya que su estudio va a depender de los conceptos que cada uno de nosotros maneja. Utilizo en mi práctica psicoanalítica conceptos derivados de lo aprendido con Sigmund Freud y Jacques Lacan. Para mí está claro que es necesario distinguir la vida amorosa de la vida sexual. Son dos cosas diferentes. En este texto me dedico específicamente a la vida amorosa. Trabajo con la idea de que existen tres tipos básicos de vínculo amoroso. Propongo a pesar de toda la controversia y fuerte crítica que encuentro cada vez que presento estas ideas, que al menos para mí, existen tres tipos básicos de amor. Estos son: El <amor de pasión>, el <amor cortés> y el <amor de conveniencia>.

Amor de pasión

Las pasiones se producen cuando la psique está funcionando a predominio del eje narcisista. Esto quiere decir que la mente está funcionando con mecanismos primitivos. La relación de objeto es fusional con ausencia de la capacidad de discriminación sujeto/ objeto, es decir con ausencia de alteridad. La angustia que aparece cuando se cree que se ha perdido el objeto de amor, es de aniquilación. Y la relación con el objeto de amor es con el <falo imaginario>: ya que el objeto de amor de pasión lo es todo. Para entender un poco más la naturaleza pasional de este tipo de amor es necesario estudiar un poco la teoría del deseo y la teoría del objeto pequeña (a).

El objeto de deseo

Sabemos que el deseo es originado por la experiencia de la falta, la cual se instala debido a la pérdida inicial del objeto en los inicios de la vida. Debido a que la pérdida original ocurrió muy temprano en la vida, el objeto original perdido representará un objeto muy especial. Este objeto fue llamado por Jacques Lacan el <objeto(a)> a veces llamado la <objeto pequeña-a>.

Este Objeto-(a) será el original objeto de deseo. Es un referente de la relación temprana con el otro primordial. Es algo de naturaleza preverbal. Lacan se refiere a él: ‘‘como el objeto del cual no se tiene ninguna idea” ya que este objeto representa al <original perdido> en la infancia temprana, propio del orden imaginario. Este Objetivo(a) siempre será buscado, pero nunca encontrado. Cuando el sujeto cree <en ficción> haberlo encontrado entonces la experiencia de <un estado de pasión> se desata. Este <estado de pasión>> puede ser de <amor o de odio>.

Todo depende de la cualidad de <satisfacción o frustración> de las experiencias tempranas del sujeto con <este objeto perdido>. El amor y el odio son las pasiones <las ilusiones> sufridas por el sujeto, no por el Yo, quien en ficción cree haber encontrado el objeto perdido (a) en el campo del otro.
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Realmente este encuentro ocurre: cuando el <Objetivo (a)> ‘‘encuentra al sujeto” en el campo del otro y no a la inversa. Esto ocurre por casualidad, ya que se trata de un encuentro del <azar de la vida>. Este encuentro azaroso se muestra como una revelación. Este encuentro tiene un ‘‘agarre’’ en algún <detalle> del cuerpo del otro. Este <detalle> representa un pedazo del <Real> <arrastrado del pasado original olvidado> del sujeto que ama. El sujeto sinceramente percibe <ve, oye, huele> la ilusión de algo irresistible: el <Objetivo (a)> perdido que en sorpresa ha aparecido en el <cuerpo del otro>.

De hecho este pedazo de <Real> se origina en una proyección del amante en el cuerpo del ser amado. Es el ‘amador’ el que coloca [proyecta] y <construye su convicción> de haber encontrado ese detalle [del real perdido] en el cuerpo del otro. Pero está claro que ese cuerpo del objeto amado tiene un algo que recuerda a ese Real perdido. Por eso Lacan solía decir que El amor de pasión, “es dar lo que no se tiene”. Nosotros podemos decir que el <odio como pasión> también es de similar naturaleza.

El objeto <causa del deseo>

Pero este encuentro azaroso es un poco más complicado. Me voy a explicar. Como ya he dicho el objeto perdido (a) originará el deseo en el ser humano. Pero aquí nosotros tenemos que teorizar un poco más. Una cosa es el objeto del deseo y otra cosa es el objeto causa del deseo.

El Objeto (a) no aparece por adelante, en el frente del sujeto, convocado por su deseo a voluntad. Por el contrario, se ubica por detrás del sujeto, sin voluntad, ya que sorprende al sujeto causando el deseo. Según esta lógica, será el objeto perdido (a) en ficción, quien encontrará al sujeto. El sujeto no puede exitosamente ir en busca del objeto (a). El objeto (a) se impone realmente sobre el sujeto por casualidad, por razones del azar. Es claro que el <deseo del sujeto> como ser humano, como un hablante ser, consiste en el ‘‘deseo del deseo del otro ’’. Después de todo es este otro quien ha dejado una marca de su ausencia la falta, deja un referente en la constitución temprana del sujeto.

Ese referente es el <objeto (a)>. La turbación proviene porque el sujeto no tiene alternativa posible sino buscar por el resto de su vida a ese objeto perdido (a). Él o ella lo buscarán siempre por adelante. El objeto de deseo erróneamente se coloca por delante, en el frente visual, así el sujeto va a encontrar un semblante de objeto (a), algo como una apariencia, como un señuelo. De esta manera el Objeto(a) será el objeto de deseo, que es encontrado erróneamente por delante del sujeto.

Pero hay otra historia. Lo que ocurre es lo siguiente: Es el objeto perdido (a) el que encuentra al sujeto. Cuando esto sucede, el objeto (a) aparece desde atrás, como el objeto causa de deseo. Este encuentro azaroso del objeto (a) con el sujeto, desatará, produce inevitablemente un estado de pasión. Estos fenómenos ilusorios de pasión pueden tener la cualidad de Amor u Odio, esto dependerá de la cualidad de satisfacción o frustración en las relaciones tempranas con el objeto (a).

Algo más sobre el Amor

El objeto de amor al cual me he referido más arriba refiere específicamente al amor de pasión. Como ya dije se trata del encuentro del sujeto que ama con su pequeña(a) perdida y luego en ficción encontrada. Este encuentro, producto del azar de la vida desata un vínculo de pasión. Este amor de pasión se vive con convicción. Se ama y se cree ser amado. Pero la convicción de ser amado por el otro, será siempre puesta en duda. No existe forma de que el sujeto pueda tener certeza en forma definitiva que es ciertamente amado o amada por el otro.

Surgen así los tormentos del amor. De allí surge la imagen eterna y muy antigua del amador desojando la margarita y diciendo: ‘me quiere/no me quiere/me quiere/no me quiere’ hasta el fin de los días. Estas dudas inevitables empujan al amador a tratar de encontrar alguna prueba de amor de que en definitiva pruebe que el otro: lo ama o la ama.

En mi práctica clínica me ha tocado escuchar infinitud de pruebas que cada quien se inventa, para encontrar paz y tranquilidad, en la búsqueda de esa necesaria convicción de ser amado o amada. Así he oído por ejemplo decir: como pruebas de amor: que si el hombre o la mujer tiene orgasmo simultáneo con su pareja, esa es la prueba definitiva de ser amado. O por ejemplo: Si cuando está ausente, me llama por teléfono, esa es la prueba definitiva de que si me ama. O cuando dicen si él desea tener un hijo conmigo, es porque me ama. Si piensa en mí, es porque me ama. Si quiere vivir junto a mí, es porque me ama. Si me protege, es porque me ama. A la verdad, el que pide y obtiene su prueba de amor, se paga y se da el vuelto, a sí mismo. La verdad es que si la prueba ofrece una respuesta afirmativa, entonces el sujeto se sabe amado y obtiene paz y tranquilidad por unos días.

El amor de pasión presenta al sujeto problemas difíciles en el diario vivir. Por la siguiente razón: La pasión de amor empuja a ambos miembros de la pareja a formar una unidad. De ser inicialmente dos personas distintas, progresivamente se convierten en <un solo ser>. No es raro oír a aquellos seres que se aman, decir: <Yo soy tu, Tu eres yo> <Yo soy tuyo, tu eres mía>, <tu y yo somos la misma cosa>.

De allí el viejísimo aforismo Socrático de ‘la media naranja, en donde ambas mitades, pasan la vida, en búsqueda de la otra mitad. Cuando la encuentran se unen y forman una sola naranja. Ese es el peligro. Porque al ocurrir ese fenómeno psíquico de hacer ‘‘uno con el otro’’ se ha perdido la otredad es decir, la alteridad. La consecuencia es la pérdida o desaparición del amor de pasión, ya que el objeto (a) perdido debe habitar el cuerpo de otro y no el cuerpo de uno mismo. La vida conyugal muchas veces con la convivencia y el compartir diariamente la cama y las costumbres, empujan a formar una unidad [a ser uno] con el otro. Por eso el aforismo popular dice: ‘el matrimonio [o la convivencia] es la tumba del amor’. Este aforismo se refiere específicamente al amor de pasión y al problema de la pérdida de la otredad.

¿Cuánto dura el amor?

En mi experiencia este <amor de pasión> no dura toda la vida. La visualizo como una curva parabólica en la cual desde que se inicia, es inexorable que al final de la curva, <la pasión> va a desaparecer. Es decir, en ese momento el sujeto deja de ver el [objeto (a)] en el cuerpo del otro.

En ese momento el <amor de pasión> ha desaparecido. Diría que se ha transformado en otra cosa. En el mejor de los casos se ha transformado en el ‘amor cortés’’. Y en otros casos se transforma en “el desamor’’ que no es otra cosa que la ausencia del amor de pasión. Muchas veces me han preguntado: ¿Y cuanto dura el amor de pasión? Si nos guiamos por la sabiduría de Marilyn Monroe, contestaría que siete años [por aquello de la comezón del séptimo]. Otras personas me han dicho que les ha durado 12 años. Otras 21 y otras solo cuatro años. Es decir la respuesta depende del <caso por caso>. Así pues es algo del orden individual, subjetivo.

Dos veces en la vida

Otros me han preguntado si es posible <enamorarse de pasión dos veces distintas de la misma persona>. Eso equivale a decir que uno es ‘‘encontrado’’ dos veces por la misma <Pequeña> que porta el cuerpo del otro. Eso no me ha tocado verlo nunca. Podría decir que ‘‘no es posible bañarse dos veces en el mismo río ’’. No es posible sufrir una ‘pasión de amor’ dos veces con la misma persona. Pero es posible encontrar un ‘amor cortes’ dos veces con la misma persona. Eso sí. Y también es posible un <amor cortés> después de un <amor de pasión>.

El amor y la muerte

Existe una relación inevitable entre el <amor de pasión> y la <realidad de la muerte >. En mi práctica clínica he encontrado tres formas de relación: El <morir de amor>, el <amor a muerte> y el <amor que mata>. Tal parece que aquel viejo aforismo que dice: ‘nadie se muere de amor’ está completamente equivocado ya que el ‘amor de pasión’ puede llegar a ser un asunto mortal.

(a) Morir de amor

Lo ubico en el caso de los ‘‘amores de pasión ’’ <no correspondidos> o en el caso de la <pérdida del objeto de amor de pasión> el cual es generalmente una pérdida traumática. Recordemos los esposos que se han unido en un ‘vínculo de pasión’ a veces por muchos años y uno de ellos muere. Es observación repetida por diferentes personas, que el <otro sobreviviente> muere poco tiempo después. El común dice: ‘murió de amor’.

En la novela francesa llevada al cine titulada ‘Relaciones Peligro-sas’ la Señora de Tourvel ‘muere de amor’ cuando su ‘objeto de pasión’ el Vizconde de Valmont, le repite una y otra vez que ‘no la ama’ y que ‘eso está en su naturaleza’. La Presidenta Señora de Tourvel no soporta esa pérdida de su ‘objeto de pasión’ y muere de inanición. Ella ha muerto de amor.

Es oportuno alertar a <la jóvenes de corta edad> que tienen una estructura psíquica histérica y que no soportan la pérdida de su objeto de ‘‘amor de pasión’’ y que <se cuiden de proceder> en un ‘‘relampagueo enloquecido’’ a quitarse la vida. Se tiran de un edificio, se toman una dosis mortal de sedantes o se tiran al metro. Esos jóvenes que están en el inicio de la vida, hombres y mujeres por igual, al <no soportar> la pérdida del objeto de pasión: <mueren de amor>. Si solo pudieran soportar la perdida ‘‘por unas horas’’ y que tengan la buena suerte de <encontrar a alguien> que les acompañe en silencio y les sostenga la ‘‘angustia de perdida’’ de ese objeto amoroso <sin el cual creen ilusioriamente > que no pueden vivir, salvarían su propia vida. Esa es una ilusión de <no poder vivir si él o ella> es falsa, ya que después de ese momento, desaparece el ‘‘relampagueo enloquecedor’’ y el dolor de ser abandonadas o abandonados <se les hace soportable >. Ya desde ese momento <no son suicidas>. Sin embargo a pesar de ser tan simple, la cantidad de jóvenes que no sobrepasan las primeras horas y ‘‘mueren de amor’’ al suicidarse en ese momento de pasión, es abrumadora.

(b) Amor a muerte

Refiere a los amantes de pasión que se juran sinceramente el <<amor a muerte>.. Esto hace referencia al ‘‘amor con todo’’. Refiere a los amantes que desafían al mundo y a sus prejuicios, por razones de su ‘‘amor a muerte’. Los ejemplos del romanticismo y de la modernidad abundan en la literatura, el cine, la opera y en la clínica. Así conocemos el caso emblemático de <Romeo y Julieta> aquellos adolescentes que se ‘amaban a muerte’. Amor en el cual su ‘amor de pasión’ va a desafiar los valores de ambas familias y por un enredo equivoco de venenos, ambos encuentran la muerte. Igual ocurre con <Abelardo y Eloísa>.

En el cine español [1980] aparece un film titulado ‘El Nido’ donde se narra un ‘amor de pasión’ entre una adolescente y un hombre mayor ya retirado en la montaña. Entre ellos surge un ‘amor de pasión’ que lo lleva a ‘morir de amor’ por <su objeto amado>. Es una versión moderna ‘del amor con todo’ de lo que se ha llamado ‘el amor hasta la muerte’.

(c) Amor que mata

Refiere a los <amores de pasión> que son contrariados. Son los amantes que saben de la <imposibilidad de estar juntos> y que a pesar de todo continúan con su inaceptable e imparable proyecto de amor. Son como la mariposa que no puede evitar acercase a la llama de la vela que precisamente la matará. Aquí encontramos a los <amores imposibles> ejemplificados en filmes que muestran la imposibilidad del amor entre judíos y musulmanes. <Amores imposibles> que mu-chas veces llevan a los amantes a encontrar la muerte.

“Un simple ejemplo de un amor de pasión”

…‘Por cierto asunto relacionado con el trabajo, nos citamos y comimos juntos. Después fuimos a tomar algo. Ya sabes que apenas bebo, así que el sumo de naranjas, que me tomé, no contenía ni una gota de alcohol. De lo que sucedió, el alcohol no tuvo pues ninguna culpa. Nos vimos como siempre y hablamos como siempre. Pero cuando en un determinado momento nos rozamos accidentalmente, me entraron de repente unas irrefrenables ganas de hacer el amor con él. Al tocarnos adiviné de manera instintiva que él me deseaba. Y que él sabía que yo lo deseaba a él. Fue algo irracional, una especie de descarga eléctrica paralizadora, que saltó entre nosotros. Sentí como el cielo se derrumbaba sobre mí. Mis mejillas empezaron a arder, el corazón me palpitó con fuerza, sentí una pesada presión en el bajo vientre. Casi me resultaba difícil permanecer sentada en el taburete. Al principio no sabía que me estaba sucediendo. Pero pronto comprendí que era un sentimiento de amor y un fuerte deseo sexual. Era tan acuciante, que casi se me entrecortaba la respiración. Sin que ninguno de los dos lo propusiera, entramos en un hotel cercano e hicimos el amor como si nos devoráramos el uno al otro.

Quizás hiera tus sentimientos que te describa todo con pelos y señales. Pero a la larga creo que será mejor que te lo cuente de manera sincera y detallada. Por eso aunque te duela te pido que sigas leyendo.

No sé si esto tiene relación alguna con el amor. Lo único que yo quería era tener relaciones sexuales con él. Sentirlo dentro de mí. Por primera vez en mi vida deseaba a un hombre hasta el punto de faltarme el aliento. Antes había leído en los libros la expresión ‘un deseo irrefrenable’, pero jamás había sabido de qué se trataba con exactitud.

¿Por qué me ocurre esto a mí, así de repente? ¿Por qué me sucedió con alguien que no eras tú? No lo sé. Lo que sí sé, es que en aquel momento, no pude frenarme. Ni siquiera lo intenté. Entiéndelo, por favor. Ni se me pasó por la cabeza que te estuviera traicionando. Y en la cama de aquel hotel hice el amor con aquel hombre como una posesa. Te lo digo de todo corazón: nunca me había sentido mejor en toda mi vida. No, no era algo tan simple como sentirse bien. Me estaba revolcando en un barro cálido. Mi mente absorbía el placer, hinchándose hasta el punto de estallar. Y estallaba. Un autentico milagro. Una de las cosas más maravillosas que me han sucedido en la vida’.

El amor cortés

Refiere a un vínculo de amor <más tranquilo>. Es un vínculo con un objeto con el cual se tiene un sentimiento de amor <de mucho cariño> pero del cual se está discriminado. No existe el ‘‘Yo soy tu’’, ni el ‘Tú eres Yo’’. Existe más bien: el ‘Yo soy yo, y el ‘Tú eres tú’’. Existe la capacidad de alteridad con el otro.

Ese otro discriminado es el depositario de un vínculo amoroso de cariño [algo valioso]. Además de ese vínculo amoroso suave, generalmente existen además, bienes e hijos compartidos. Existen buenos recuerdos, compatibilidad en el carácter y en los intereses. Puede existir buena ‘‘compatibilidad sexual’’ al compartir sin problemas o límites morales el ‘‘fantasma sexual’’ que cada uno de ellos tiene. Este ‘‘amor cortés’’ es menos conflictivo ya que no está basado en ‘‘ideales’’ inalcanzables y existe más tolerancia del uno para el otro y ‘el objeto’’ sigue siendo ‘‘un amor objeto de amor’’.

El amor de convivencia

Es quizás el más viejo tipo de amor que existe. Desde antes de Cristo existen testimonios escritos por los historiadores Romanos y en los papiros de la antigua India, en los cuales el vínculo más apreciado y valioso entre los cónyuges era el ‘‘amor de convivencia’’.

Muchas veces la pareja era ‘arreglada a convivencia’’ por los intereses de los padres o de la ciudad o por la misma persona. Muchas veces estas parejas ‘‘arregladas’’ por personas ajenas a los cónyuges resultaban muy buenas y los cónyuges estaban muy satisfechos del arreglo. Otras veces no eran tan afortunadas. En esa época, el ‘‘amor de pasión’’ era visto como algo ‘‘plebeyo’’. Era solo algo propio de las <clases incultas e ignorantes > y un tipo de amor propio de los esclavos. Los ‘patricios’ es decir, las clases más cultas, educadas y poderosas, se guiaban por la regla de ‘‘la convivencia’’.

Es solo muchos años después al final de la edad media y durante el renacimiento que aparece la figura del ‘trovador’’ quien inicia la poesía y el canto al ‘‘amor de pasión’’. Es entonces cuando aparece una transformación de ‘‘los ideales sociales’’ en relación a los vínculos de amor. El ‘‘amor de pasión’’ comienza a ser convertido en una aspiración y en un ideal. Los cuentos de Hadas contados a los niños perpetúan estos ideales. La niña aspira a encontrar su ‘‘príncipe azul’ y a ser amada intensamente ‘‘hasta que la muerte los separe” .

Hoy en día, el ‘amor de convivencia’’ existe y tiene cierta validez. Los novios encuentran razones válidas, como por ejemplo lograr una posición económica favorable o un buen acoplamiento sexual o un adecuado compartir los intereses mutuos o una buena compatibilidad en el carácter. Todas razones suficientes para aceptar el matrimonio a ‘‘convivencia mutua’’. En estos casos existe <una relación de amor> pero no es de naturaleza pasional.

La figura social de la ‘‘machmaker” o llamada en español ‘‘la celestina’ es la que <fabrica buenas parejas>. Son parejas compatibles que desarrollan una buena relación de amor de conveniencia, algo muy valioso y sincero. Hoy en día la figura digital de ‘‘los buscadores de pareja’’ hace el mismo trabajo de ‘‘fabricar parejas’’ que antes no se conocían. La maquina los pone en contacto, se encuentran, se conocen y puede que el ‘maching’ funcione tal como ha ocurrido muchas veces.

Según las cifras que me ha tocado revisar estos matrimonios ‘‘de convivencia’’ son más duraderos que los matrimonios establecidos por el ‘amor de pasión’’. Es decir son más estables. Esto lo encuentro bastante comprensible ya que están basados en una aceptación mutua en la cual ambos cónyuges conocen <los defectos y las cualidades> del otro. Recordemos que en el amor de pasión ‘‘el objeto de amor’’ es perfecto. Es un objeto que no tiene defectos ya que es‘‘idealizado’’. Solo tiene cualidades. Esa idealización es la matriz de la ‘‘ilusión de amor’’. Muchas veces al terminar la ficción <cuando cesa la pasión> los defectos del cónyuge se hacen conocidos y en algunos casos afortunados estos defectos son tolerados y son aceptables. En estos casos la ‘compatibilidad sexual’, la posibilidad de mantener un ‘vínculo de cariño al otro’, el ‘compartir la crianza de los hijos’ y disfrutar de los ‘bienes conyugales’ permiten el paso de una ‘‘relación amorosa de pasión’’, a una ‘‘relación amorosa cortés’ con el mismo cónyuge, sin producirse ninguna separación o divorcio.

Un ejemplo de simple erotismo en el amor

…‘El río sigue su curso y a comenzado a nevar. En la orilla opuesta resplandecen las hogueras a la luz del crepúsculo. No contaba con que Anna Sergeyevna volviera a su lado en la cama. Ella lo hace con tan pocas explicaciones como antes. Como su hija Matryona se encuentra en la habitación contigua, su furor al hacer el amor, le sorprende por su intrepidez. Sus jadeos y sus gritos solamente los sofoca a medias. No son, ni han sido nunca sonidos de algún placer animal, sino son el medio que emplea para entrar en un trance erótico. Al principio su intensidad pasa por encima de él como un ciclón. Hay un largo trecho durante el cual pierde de nuevo el sentido y no sabe quién es él o quien es ella.

Hacen el amor como si sobre ellos colgara una sentencia de muerte. Hay momentos en que no sabe quién es quién. Quién es el hombre, quién es la mujer. Momentos en que son como esqueletos como ensambladuras de huesos, apretados el uno contra el otro, la boca contra la boca, el ojo contra el ojo, entrelazadas las costillas, enredados los huesos de las piernas.

Nunca ha conocido a una mujer que se entregue tan sin reservas a lo erótico. No obstante cuando Anna Sergeyevna alcanza el frenesí, el comienza a alejarse. Hay en ella algo que parece ir cambiando. Las sensaciones que en la primera noche juntos tenían lugar en las profundidades de su cuerpo, ahora parecen emigrar hacia la superficie. De hecho se está poniendo eléctrica como tantas otras mujeres que él ha conocido. Ella ha insistido en dejar encendida la vela en la mesilla. A medida que se acerca al clímax, sus ojos oscuros lo miran a la cara, con más y más atención, incluso cuando le tiemblan los párpados y comienza a estremecerse. Después, ella yace con él, en la estrecha cama, apoyada la cabeza sobre su pecho, con una pierna montada graciosamente sobre la suya’.

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