FUNCIÓN PATERNA

FUNCIÓN PATERNA

Rómulo Lander [Caracas]

Desde el punto de vista de la <psique del niño> el padre inicia su específica presencia constitutiva en esa pequeña mente, cuando parado al lado de la mesa, el niño sopla para apagar su primera velita de cumpleaños. Con un niño que ya camina, se inicia el segundo año de la vida. Es entonces cuando el padre comienza a aparecer en escena. [1]

En el primer año de vida es el padre quien ofrece y entrega el apoyo vital, logístico y amoroso, a la madre, quien en esos primeros meses es la que le da el fundamento a la personalidad del niño. Es en este periodo donde se inicia la vida psíquica y el bebe encuentra al mundo y el mundo encuentra al bebé. Todo esto ocurre dentro del vínculo objetal oral monádico llamado <periodo narcisista> o <imaginario> del desarrollo. Al final del primer año de la vida aparece el vínculo anal, dual materno que va a durar hasta el final del segundo año.

Inicialmente en el primer año se trata de una <relación de objeto> simbiótica, sin diferenciación objetal. Este <momento> llamado oral lo podríamos denominar con el número <uno>. Progresivamente al final del primer año de vida aparece los rudimentos de la discriminación <Self objeto> y se inicia la relación de <dependencia narcisista> que mantiene ciertos rasgos simbióticos. Es cuando aparece la relación <dual, diádica>, llamada <anal>. Este momento lo podríamos denominar como el número <dos> y que transcurre durante el segundo y tercer año de la vida del pequeño niño.

Acostumbro a presentar el efecto que tiene la aparición del padre en la mente del niño describiendo cuatro aspectos claramente diferenciados: (a) El nombre del Padre (b) La función del padre (c) El lugar del padre y (d) el papel de las identificaciones.

El Nombre del Padre

Una de las importantes y es una clara contribución de Jacques Lacan al psicoanálisis refiere a lo que él llamó el <nombre del padre>. Lacan decía que era la madre la que introducía la metafora paterna en la mente del niño. Es la madre quien al tener inscrito en su propia mente la figura del tercero [el padre] quién va a presentarlo como una metáfora y luego como un significante a su hijo o hija en el continúo desarrollo de la psique.

La madre deja saber al hijo de la existencia de una figura valiosa para ella que va a constituir el significante padre en la mente del niño. Esto ocurre con presencia o con ausencia física del padre en la casa. Un padre ausente o un padre muerto pueden tener presencia significante si la madre así lo permite. Inscribir el nombre del padre en la mente del niño es algo crucial. Y repito esto se logra con o sin padre físico presente. Si no se logra inscribir el nombre del padre, el niño va a organizar su mente en una forma aleatoria y con recursos de emergencia. Al quedar forcluído el nombre del padre, es decir no-inscrito, el niño luchará por seguir su desarrollo psíquico y utilizará mecanismos mentales heroicos como la aparición de las suplencias imaginarias y simbólicas, para así continuar con su desarrollo mental. [2]

Con la aparición de <las suplencias> que no son más que recursos artificiales que suplen lo faltante, estos niños logran seguir adelante, logran adaptarse a la escuela y graduarse con éxito. Si luego posteriormente en su vida las circunstancias le son adversas y pierde el uso de sus suplencias, entonces ese niño podrá presentar en el futuro una verdadera crisis psicótica de tipo esquizofrénica. Si el niño logra inscribir el nombre del padre y entrar en una relación triangular Edípica, entonces en su futuro, si por las circunstancias de la vida, presenta un episodio psicótico, este episodio no será del orden esquizofrénico, ya que este niño tiene inscrito el nombre del padre. En ese supuesto caso, solo será una psicosis histérica, funcional y pasajera. Así pues la inscripción del <nombre del padre> en la mente del niño es algo de mucha importancia, porque permite que el niño evolucione a un nivel que está más allá de la estructura psicótica.

La función del padre

La función del padre refiere a la presencia de una figura paterna que será la que rompe la dupla narcisista que la madre desarrolla normalmente con su hijo o hija. La madre y el bebé en el primer año de la vida establecen una relación de objeto tan intensa y exclusiva que ha sido denominada oral simbiótica. En esa época oral el Yo [Ego] de ambos [madre e hijo] se funden en uno solo. No aparece la discriminación sujeto-objeto. Solo existe el <Yo soy Tú> y <Tú eres Yo>. Es decir son la misma persona. No aparece el <Yo soy Yo> y el <Tú eres tú>. Esa dupla simbiótica debe romperse y es el padre quien se interpone y rescata, por un lado al niño al separarlo de su madre y por el otro, a la madre al reservarla para sí mismo. Por eso decimos que la función paterna rompe la dupla atrapadora madre-hijo. Es decir va a terminar con esa exclusividad dual narcisista.

Esto quiere decir que se corta la diada, se corta el dos y se instaura un nuevo orden triangular [Edípico]: aparece el tres. Aparece el tercero y con esto aparece un espacio para que el niño entre en el orden social. Este mecanismo psíquico de permitir la entrada del padre va a ser el fundamento de la posterior exogamia. La madre como objeto de deseo pasa a ser del padre. El niño al renunciar a ese objeto de deseo se ubica desde entonces en forma irreversible en la exogamia. Es decir su nuevo objeto de deseo tendrá que ser encontrado fuera de la familia. Esto ocurre cuando queda establecido para el niño que la irrupción paterna demuestra que ciertamente la madre: no lo es todo. En ese momento la madre deja de ser el falo para el niño. Podemos decir que la metáfora del padre libera al hijo y le da el sentido del tiempo lineal. La introducción del tiempo lineal le abre la posibilidad a la existencia del futuro. Esto lo digo por lo siguiente: sabemos que el peligro de quedarse atrapado en ese momento anterior diádico, dual, presente en la relación exclusiva con la madre, es terrible, ya que la madre lo remite una y otra vez, a lo imaginario narcisista dual. Si se mantiene la relación diádica, del dos significa que remite al niño y al futuro adulto, a un tiempo circular que lo va a retener en el instante del ahora: una y otra vez. Lo retiene en un presente, sin futuro.

Entre la relación de objeto monádica, del uno y la diádica del dos, existen una serie de acontecimientos importantes que preparan al niño y a la madre [y también al padre] para el ingreso a la nueva relación de objeto Edípica [triangular] el tres. Entre el uno y el dos, aparece la maduración progresiva neuronal, el ingreso al mundo simbólico [verbal], la nueva capacidad de locomoción, la curiosidad del niño y el descubrimiento del padre, quien ahora es el dueño de la madre. Así de lo oral, pasa a lo anal. Luego en el paso del dos al tres, es decir, de lo anal a lo Edípico, vamos a encontrar la conquista del control de los esfínteres [no más pañales], su cambio de dieta y autonomía progresiva de la alimentación [ya maneja su utensilios para comer], su progresiva capacidad de motilidad que permite explorar la casa, alejándose voluntariamente de su madre y el progresivo aumento del vocabulario. El niño se amiga con el padre y sale solo con él [en ausencia de la madre]. Así la presencia simbólica del padre [con presencia o ausencia física] es crucial para lograr este progresivo desarrollo mental. En su pequeña mente termina la relación de objeto anal, dual dos y se inicia el tres.

El lugar del padre

Refiere a las consecuencias de la aparición en la mente del niño del tercero simbólico. Con la aparición del padre en la escena se instala <la ley del padre> en la mente del niño. El significante padre va a encarnar la ley y la autoridad. Aparece lo permitido y lo prohibido. Lo bueno y lo malo. Al reservar la madre para sí mismo, el padre establece [sin decirlo] la <prohibición del incesto> y se introduce en la mente del niño el empuje a la exogamia. Cuando esto se logra y finalmente el niño renuncia a la madre como objeto exclusivo de su deseo: se dice que el Complejo de Edipo está resuelto. Si el niño mantiene el apego patológico a su madre: se dice que el Edipo no está resuelto. Cuando el Edipo se resuelve, el niño y la niña se amigan con el padre y renuncian al deseo de matarlo. Es decir renuncian al <parricidio> y esto completa la resolución del Edipo.

El papel de las identificaciones

Existe otro efecto de la aparición del padre en este momento de la vida del niño. Me refiero a las importantes identificaciones que ocurren en esa época. Vayamos paso por paso y revisemos la secuencia lógica de identificaciones desde el inicio de la vida.

El primer grupo de identificaciones:

En el periodo oral han ocurrido las identificaciones tempranas con la figura de la madre, identificaciones introyectivas y proyectivas, que da origen a la <identidad persona>. Así el niño se sabe, se reconoce a sí mismo, como persona, gracias a esas identificaciones tempranas.

El segundo grupo de identificaciones:

Luego la madre se encarga de <nominarlo> como varón o como hembra. La identificación del niño a ese significante del género sexual es decisiva para la adquisición de su <identidad sexual>. A los quince meses el niño puede responder a la pregunta de si es varón o hembra. Son los padres, especialmente la madre, quien ofrece el significante que va a marcar al hijo en su identidad sexual.

El tercer grupo de identificaciones:

Cuando aparece el padre en la escena y la figura de valor fálica gira de la madre, al padre, y además aparece el padre como objeto de deseo de la madre, la relación de objeto con la figura de la madre y con la figura del padre, van a determinar [por identificación introyectiva] su <género sexual cultural>. Si se identifica con la madre el niño o la niña va a adquirir los manerismos propios de las mujeres [según la versión de su madre]. Si lo hace con el padre el niño o la niña va a adquirir los manerismos propios de un hombre [según la versión de su padre]. Así los aspectos culturales de la identidad masculina o femenina van a ser determinados por esta identificación introyectiva que hace el niño.

El cuarto grupo de identificaciones:

Son es muy importantes. Son las que determinan, durante el Edipo, la <escogencia del objeto sexual> para excitarse sexualmente. Esto es algo fundamental en la vida sexual adulta. Si el hijo varón escoge [mecanismo mental inconsciente] a su madre como objeto de deseo sexual, entonces su sexualidad adulta se organiza por la vía heterosexual. En este caso se dice que el Edipo es positivo. Si escoge al padre, la organización sexual futura será homosexual. En ese caso el Edipo es negativo. Si la hija hembra escoge al padre, su sexualidad futura será entonces heterosexual. Si escoge a la madre, será en el futuro una organización sexual de tipo homosexual. En clínica psicoanalítica observamos que la organización sexual es algo más compleja y no simplemente <positiva o negativa>. Así encontramos que existen una gran variedad de tipos sexuales. Existen los que se identifican en su género sexual cultural con el padre, y su escogencia de objeto sexual es con el mismo padre. Entonces tenemos un homosexual con manerismos y apariencia masculina. Pero si se identifica en su género sexual cultural con la figura de la madre, tenemos un homosexual feminizado. La organización sexual del ser humano es muy compleja con infinitas variaciones de tipo bisexual, transexuales y además variados estados intersexuales.

Otras consideraciones

La personalidad y la disposición del padre a aceptar y ejercer las responsabilidades de ser el padre de la familia es algo que está sometido a muchas variaciones. Existen padres que aman a sus hijos y otros que los odian. Existen los padres infantiles, alcohólicos, violentos, irresponsables, sádicos, atormentados, paranoicos, celosos, improductivos y hasta desesperados. En Venezuela y otras partes de latinoamérica existe la figura urbana del padre abandonador. Son familias en la cuales solo existe la figura de la madre con varios hijos de diferentes padres. A veces los hijos idealizan, sin fundamento, la figura del padre con todas las desilusiones que eso conlleva. Todas estas variaciones dan origen a diversos tipos de experiencias y traumas que tendrán su efecto en el desarrollo de la personalidad del niño y de la niña.

Referencias:

[1] Melanie Klein ha descrito una intensa vida fantasmática en el niño que ocurre durante los primeros diez meses de vida del bebé. Considera que esas fantasías corresponden con fenómenos metafóricos. Son metáforas de las <angustias paranoicas, fragmentadas> y <depresivas, integradoras> del bebé. Es después de cumplir el primer año, que la psique del bebé puede organizar la figura introyectada del padre en una forma constitutiva.

[2] La teoría de la <suplencia> proviene de Jacques Lacan. Refiere a la creación automática e inconsciente de un recurso mental que va a hacer [suplir] el <nombre del padre> no-inscrito. Este recurso mental puede ser a predominio de <imágenes> o de <palabras>. Son recursos del orden del <síntoma> que aparecen en el niño.

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